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/ King Kong / Peter Jackson - Crítica

“King Kong”: Método
en la desmesura
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(2005), color, presentada en versiones original
en inglés y doblada al español. Dirección:
Peter Jackson. Elenco: Naomi Watts, Jack Black,
Adrien Brody, Thomas Kretschmann, Colin Hanks, Andy Serkis. Guión:
Fran Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson, basada sobre una historia
de Merian C. Cooper y Edgar Wallace. Fotografía:
Andrew Lesnie. Música: James Newton Howard.
Edición: Jamie Selkirk y Jabez Olssen. Web:
http://www.kingkong.uip.es/
Duración: 188 minutos
Peter Jackson, evidentemente, tiene afición
por los proyectos monstruosos, gigantescos. El director neocelandés
parece sentirse en su salsa al embarcarse en aventuras cinematográficas
de tamaño similar a las travesías épicas que
narra. De su clase B “Bad Taste”, pasando por “Criaturas
Celestiales” y “Muertos de miedo”, Jackson llegó
a capitanear la exitosa trilogía de “El Señor
de los Anillos”. El éxito de público y de crítica
de esta última, lo convirtieron en el último niño
(niñote) mimado de Hollywood, con luz verde para encarar
proyectos de alto presupuesto como esta nueva versión de
“King Kong”.
Jackson es un asumido cinéfilo, quien
gusta de “dialogar” con el cine que lo antecede, sin
por eso adoptar una postura ingenua (de simple “homenaje”).
En una época que ha visto resucitar para el cine occidental
el atractivo por los monstruos, “King Kong” se enmarca
dentro de la tradición hollywoodense que en su momento diera
nacimiento a “Drácula” (con Bela Lugosi) o “Frankenstein”
(con Boris Karloff). El miedo al Otro, a lo desconocido, tomaban
en “King Kong” la forma de aquello primitivo, lejano,
lo salvaje allende los mares esperando ser encontrado y que una
vez desatado era capaz de invadir y destruir a su descrubridor.
¿Acaso no es paradigmática la imagen del gorila gigantesco
agarrado a lo alto del Empire State? Salida de la década
del ´30 (década de crisis mundiales), la película
original podía estar remitiendo a varios miedos o situaciones
del momento (la “marea roja” del comunismo stalinista,
la Gran Depresión, etc).
El director optó por regresar a ese
original. En las primeras tomas, el film muestra una New York sucia,
pobre, la de la Gran Depresión. Ante la opulencia de algunos,
la mayoría sufre por una moneda o directamente pasa hambre.
No hay nada de “bonito” en esos primeros planos. El
monstruo se cierne de manera invisible sobre las cabezas de los
comunes, y no es el gorila oculto en Skull Island, sino el más
cercano de la pobreza, la enfermedad, la desesperanza.
Finalmente, Jackson llega a dos de sus protagonistas:
la bella y soñadora Ann (Naomi Watts), y el pícaro
cineasta Carl Denham (Jack Black). Si bien luego se agregará
el escritor Jack Driscoll y eventualmente el mono, es a partir de
los polos que representan Ann y Denham que se mueve el film. La
ambición, la pureza, los sueños, la fantasía
y el elemento bestial aparece como las clavas con las cuales Jackson
hará malabres. El último, fiel a la mística
de “King Kong” es el que pone el valor de lo bestial
como relativo: ¿quién es realmente la bestia?
El director se toma su tiempo para elaborar
a los personajes, previo a pasar a la acción. Con herramientas
del Hollywood clásico (el tratamiento de primeros planos
sobre todo para Ann, los diálogos que van anunciando las
próximas situaciones), Jackson hace avanzar el film intercalando
otros elementos que hablan de hacia dónde dirige el director
su mirada. La referencia insistente sobre “Corazón
de la Oscuridad”, el mítico libro de Joseph Conrad
que infructuosamente Orson Welles quisiera convertir en película
y que finalmente viera la luz en la forma de “Apocalypse Now”,
de Coppola, es una clara muestra de ello. El libro de Conrad era
etnocéntrico y xenofóbico en su visión oscura
del Otro, en la exotización del mundo que le era ajeno, pero
simultáneamente hablaba del mundo oscuro del protagonista
de su historia. Coppola, tomando casi anecdóticamente la
Guerra de Vietnam, armó una historia concentrándose
en ese elemento introspectivo. El protagonista, que navega en una
barca rumbo a lo desconocido, se va sumergiendo en su propia densidad.
En “Corazón...”/ “Apocalypse...”,
la misión es asesinar a un colega que ha perdido el rumbo,
se ha quedado inmerso en la selva y se ha convertido en un peligro
para sus amos originales. En “King Kong”, es la búsqueda
del monstruo. Es, en realidad, una jornada hacia el interior de
los personajes, no hacia un exterior particular. Si bien Jackson
muestra la historia de amor al estilo Bella y Bestia con Ann y Kong,
angel y monstruo son las dos caras de la misma moneda. La capacidad
de creación y de belleza del ser humano encuentran su rival
en su igual capacidad de destrucción y vileza (Carl Denham
es esa imagen: soñador, emprendedor, deviene en egoísta
y destructivamente ambicioso, todo rodeado de un constante espíritu
negador de la realidad). No es inocente en un mundo como el de hoy.
Lo curioso es que Jackson empaqueta este elemento
sutil de una espectacularidad gigantesca. El film, de esta manera,
responde al propio espíritu que la empuja hacia delante.
El presupuesto es inmenso, descomunal, grosero (pasa los 200 millones
de dolares). El aspecto técnico del film está cuidado
al detalle, con citas a otros films, efectos visuales llamativos
y ostentosos por momentos. Acción, aventura, romance, diálogos
pícaros. “King Kong” es el producto pochoclero
perfecto y, sin embargo, Jackson logra colar su firma, con esos
pequeños elementos que van doblando el punto de vista del
film y, que si uno mira, podrá ver más allá
de la superficie pulida de la mera superproducción.
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20/12/2005 |