Cine / Drama - Crítica

"La Comunidad" y "El Inquilino": Paranoia y persecución

por Sol Santoro sols@imaginacionatrapada.com.ar

(“La comunidad”, España, 2000) Director: Álex de la Iglesia. Productor: Andrés Vicente Gómez. Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia. Productor asociado: Marco Gómez. Director de producción: Juanma Pagazaurtundia. Director de fotografía: Kiko de la Rica. Dirección artística: José Luis Arrizabalaga y "Biafra". Vestuario: Paco Delgado. Maquillaje: José Quetglás. Peluquería: Mercedes Guillot. Sonido directo: Antonio Rodríguez. Montaje: Alejandro Lázaro. Ayudante de dirección: Telmo Esnal. Efectos digitales: Félix Berges-Daiquiri. Música: Roque Baños.

(Le Locataire, Francia – Estados Unidos, 1976) Director: Roman Polanski Guión: Gérard Brach y Roman Polanski. Intérpretes: Isabelle Adjani, Melvyn Douglas, Roman Polanski y Shelley Winters. Productor: Andrew Braunsberg. Música: Philippe Sarde. Fotografía: Sven Nykvist. Montaje: Françoise Bonnot. Duración: 125 Minutos.

La Comunidad” y “El inquilino” parecen ser diferentes versiones de la vida dentro de un edificio. Tanto en una como en otra hay un personaje que llega a un consorcio conformado, con sus reglas, tratos y códigos. De una manera u otra estos códigos entran en crisis, el ingreso de estos personajes nuevos genera un cambio.

Asociación Libre:

--- "Acción Mutante": Jano - por Sol Santoro

--- “Los Crímenes de Oxford”: Construcción, reconstrucción, deconstrucción - por Sol Santoro

Sin embargo, como puede anticiparse por los títulos mismos, en el filme protagonizado por Carmen Maura hay un retrato de un grupo de personas, de una comunidad que tiene un pacto que los une hacia un objetivo y, al verlo frustrado, acciona sobre el responsable de ello. En cambio, en la película protagonizada y dirigida por Roman Polanski, si bien pareciera presentarse esta misma clave, se va cambiando el rumbo hasta poner la lupa sobre un solo personaje, dejando de apuntar al grupo para apuntar hacia una individualidad.

En ambos filmes, el ritmo va creciendo de manera vertiginosa, a medida que avanza temporalmente la intensidad se agudiza hasta lo irrisorio y lo drástico, hasta que alguien o varios mueren. Pareciera que aquello que perturba a los personajes pudiera resolverse sólo en lo más extremo.

En la película dirigida por Alex de la Iglesia hay un claro punto de inflexión. Los vecinos que acosan a Julia guardan (o pretenden guardar) las formas, no la increpan directamente ni le exponen sus claros objetivos hasta un determinado momento. Domínguez (Enrique Villén) la persigue hasta el ascensor y se dirige a ella sin tapujos; por primera vez Julia habla con alguien de la comunidad acerca del dinero encontrado (motor del conflicto a lo largo del relato) y de los objetivos del grupo de inquilinos de ese extraño edificio. La urgencia y la desesperación están acentuadas por la idea de encierro que propone ese pequeño espacio en movimiento, un movimiento que ellos no controlan y que tampoco es lo suficientemente ligero como para escapar.

En una situación confusa, entre opresiva y absurda, con pinceladas de humor negro, Domínguez es partido al medio por el viejo y ruidoso elevador. Y, a partir de ese “quiebre”, se termina de desenmascarar el terror vecinal, la persecución se hace explícita y hay una lucha feroz por la valija llena de dinero.

Si cabía alguna posibilidad de que todo fuese una ilusión de Julia (como ocurre también en el film de Polanski), esta se diluye por completo a partir de aquí. Un grupo de vecinos unidos por un pacto de lo más perverso la persigue por los techos de la ciudad, donde su única salvación está concentrada en un hombre que en su casa se viste de Darth Vader y la espía desde la ventana de enfrente.

En esta carrera se van eliminando entre ellos; en el fondo, nadie quiere compartir el botín. Ante la mínima posibilidad sacan del juego a quienes son en verdad sus competidores. La comunidad (contraposición de “El Inquilino”, idea de lo colectivo estable y permanente en contraste con lo individual aislado y temporal) no es más que una ilusión desmembrada por la codicia.

En el caso de “El Inquilino”, el develamiento del personaje es algo más paulatino. El espectador ve con los ojos del mismo y juzga a los vecinos desde ese punto de vista. Luego, hay un corrimiento que permite percibir una falta de correspondencia entre la percepción de Trelkovsky y la realidad (un recurso reiterado en Polanski). En este caso cambia el foco del problema, el origen.

A diferencia de lo que sucede en “La comunidad”, en el filme de Polanski hay un giro sobre el personaje principal. No hay, como en el primer caso, una confirmación o una explicitación de los deseos del grupo de vecinos, sino que hay un cambio de perspectiva. Todos los supuestos se ponen en duda al descubrir que la percepción de Trelkovsky está perturbada por su patología (una realidad que no puede ser constatada al ponerse la credibilidad del propio punto de vista en tela de juicio).

El despliegue de movimientos ligados a una creciente ruptura de su psiquis, si bien no deja de tener cierto anclaje en la realidad, tiene un determinante componente subjetivo. Asistimos al desdoblamiento mismo del personaje y su perturbación abre un abanico de escenas vinculadas más a su desequilibrio paranoico que al mundo real.

No obstante, Polanski juega en un borde sutil cargado de suspenso extremo, entre la realidad y el delirio, colocando al espectador por momentos en un lado tanto como en el otro en este juego tormentoso de fantasía, locura y muerte.

En las dos películas, Julia y Trelkovsky continúan, de alguna forma, una historia de un personaje que les es ajeno y que, por diversas razones, ha muerto (hay un reemplazo de la identidad de un otro que ya no está, de un rol que alguien debe cumplir y que los protagonistas vienen, aparentemente, a llenar). Sin embargo, esto se da de maneras absolutamente contrapuestas.

En el caso de Julia, la continuidad está dada por 300 millones de pesetas. Estas habían sido ganadas en un juego de azar por el difunto inquilino y ahora ella las había encontrado antes que el resto de los vecinos, que venían planeando la acción hace rato. Para el personaje de Carmen Maura será un objetivo principal no repetir la historia (morir en el intento de hacerse con el botín), ella quiere ese dinero y quiere salir de allí, aún seducida por las comodidades del piso comprende que para quedarse con el dinero debe alejarse de “la comunidad”. Julia no quiere parecerse (al personaje que reemplaza), quiere cambiar la historia, separarse.

Para el personaje de Roman Polanski esto es diferente. En este caso, hay una completa identificación con la persona que ha fallecido. Trelkovsky precisa desesperadamente asirse de aquella identidad que no le pertenece. Hay una necesidad de capturar la identidad como para lograr una construcción de su fallada subjetividad. Él está incompleto, y se rearma a partir de pedazos sueltos (en una reproducción de la psicosis que Polanski utilizara antes en, por ejemplo, “Repulsión”).

Hay una escisión, una subjetividad escindida, en la que esta necesidad por tomar de otro se da incluso a pesar de saber que el otro está muerto. Arma su cuerpo a partir de un cuerpo “roto”.

En este desdoblamiento que vive el personaje aparece de manera escalofriante la figura siniestra del doble. Trelkovsky mira por la ventana y se ve a si mismo, mirándose. Va más allá de una sociedad intrusiva. Deja de ser, como en el caso de “La comunidad” un otro el que pone el ojo sobre una persona.

Este ojo exterior que juzga o espía puede estar o no realmente ahí. Es él quien se mira a si mismo, se ve, es él quien se vigila. La esquizofrenia paranoide del personaje ha ido in crescendo y develándose a lo largo de todo el filme y llega a su punto más alto y explicito en esa escena; el espectador entiende que de lo que se trata es su mirada, su punto de vista, más allá de la buena o mala intención del consorcio.

Mientras Julia va descubriendo a quienes la rodean y cuáles son las intenciones de sus vecinos en “La Comunidad”, en el caso de Trelkovsky hay un movimiento a la inversa, los vecinos y sus acciones pierden importancia, es el propio protagonista lo que se va desentrañando, develando, releyendo.

www.imaginacionatrapada.com.ar
6/2/2009

     
     

¡IMPORTANTE!: Este artículo que está/s leyendo, los listados a continuación y los que se encuentran en este link, pertenecen a la sección de Cine de Imaginación Atrapada discontinuada el 15 de mayo de 2009 . Las notas publicadas luego de esa fecha se encuentran en la nueva sección. Para ir a la nueva sección, clickear aquí o en el menú superior en Cine

Artículos recientes:

“Slumdog Millionaire”: Los caminos del destino - por Sol Santoro

“Waltz with Bashir”: La representación como recuperación de la memoria... - por Diego Braude

"La Comunidad" y "El Inquilino": Paranoia y persecución - por Sol Santoro

"Fast Food Nation": Somos lo que comemos - por Sol Santoro

“Regresados”: Más acá la inundación - por Diego Braude

"La cámara oscura": Mirame de nuevo - por Sol Santoro

"Lars y una chica real": Lo otro como escudo - por Sol Santoro

“The Fall”: El relato como supervivencia - por Diego Braude

Más Cine...

 

  Buscador de Notas (no incluye productos del E-Shop):

E-Mail:

 
   
   
 
 
 

Sobre el sitio ------- ------- Contacto

© Imaginación Atrapada 2005 - Prohibida la reproducción de los contenidos sin autorización previa o cita de autor y procedencia del material