Cine Hacia Atrás/ Thriller / Francis Ford Coppola - Crítica

"La Conversación": La conversación, de espías y voces polisémicas
por Sol Santoro
sols@imaginacionatrapada.com.ar
(“The conversation”, EEUU, 1974). Dirección: Francis Ford Coppola Elenco: Harrison Ford, Gene Hackman, Michael Higgins, Frederic Forrest, John Cazale, Teri Garr, Allen Garfield, Cindy Williams, Elizabeth MacRae, Robert Shields, Phoebe Alexander. Guión: Francis Ford Coppola. Diseño de Producción: Dean Tavoularis Fotografía: Bill Butler. Música: David Shire. Productor: Francis Ford Coppola, Fred Roos. Productor asociado: Mona Skager. Vestuario: Aggie Guerard Rodgers. Duración: 113 minutos
¿Cuál es el instante en el que ciertas tecnologías dejan de ser simplemente útiles para pasar a ser peligrosas? ¿Cuál es el límite entra la comunicación y la incomunicación?
Coppola realizó este filme declarando haberse basado en dos obras anteriores, la película “Blow Up” de Michelangelo Antonioni (1966) y la novela “El lobo estepario”, escrita en 1927 por Hermann Hesse.
Hasta allí, lo que declara el director. Sin embargo, la película se inserta históricamente poco tiempo después del escándalo político del caso Watergate. Espías del bando Nixon habían sido descubiertos intentando realizar escuchas al partido demócrata que, en ese momento, se perfilaba como el opositor más fuerte de quien sería reelecto tiempo después. El hecho de saber que uno mismo podría estar siendo escuchado genera paranoia y temor, y el film se estrena cuando esta realidad estaba aún en boca de todos.
Harry Caul, consagrado experto en vigilancia, solitario y cauteloso. Debe escuchar a un hombre y una mujer que caminan en círculos por una plaza. Al principio, parece no haber nada de extraño o de curioso en esa conversación. Sin embargo, el film avanza a partir de la resignificación de los fragmentos escuchados, que se van ampliando a medida que el protagonista va trabajando sobre estos.
A lo largo de la película, esas mismas conversaciones son resemantizadas una y otra vez. Las palabras son las mismas, pero cada vez dicen más.
Y a la par de ello, el recorrido del personaje que va desde la indiferencia hacia sus “víctimas” hasta la reflexión sobre las consecuencias de su trabajo, haciéndose consciente de la carga moral que ello le proporciona.
Caul es un gran técnico, lleva en su haber grandes proezas en el mundillo detectivesco e incluso construye su propio equipo de trabajo. Sin embargo, siente que no tiene por qué relacionarse con los fines o las consecuencias de su labor. La palabra no tiene peso para él hasta que, en cierto momento, comprende que de ello puede depender la vida o la muerte de los individuos que espía.
Es decir que, aquello que él escuchaba como un mero sonido que intenta purificar mediante sus habilidades profesionales, va adquiriendo un peso, un sentido, una densidad moral; y esto se da a medida que el personaje es capaz de escuchar realmente aquello que está grabado en esa cinta.
La idea de revelar la intimidad, de esa mirada que vigila lo que se propone ser personal, de desnudar a otro, resulta algo siniestro; el especialista interpretado por Gene Hackman conoce bien esto y su relación con todo lo exterior implica siempre una mediación. Protege su cuerpo con un piloto impermeable, mira a través de lentes, anula la posibilidad de contacto, ni siquiera su novia puede hallarlo si así lo desea, él le oculta que tiene teléfono y cuando se ven es en el departamento de ella, a donde él entra sigilosa e imprevistamente.
Si bien es cierto que, a lo largo del film, el contenido de las palabras es cada vez más complejo, no implica por ello que se acerque a lo verdadero ni a un sentido único. Harry asiste a la multiplicación de los significados sobre los mismos significantes. Varían a lo largo de la película y, en verdad, nunca hallan la certeza. Harry interpreta, cree entender la situación de maneras diversas y, curiosamente, no llega a dar con el verdadero significado de las palabras hasta que los hechos lo hacen evidente.
Entonces, el film se propone un recorrido que ahonda y profundiza en dos sentidos diferentes; por un lado, la conversación de la pareja en el parque y por otro, el propio sentido moral de Harry. En relación a esto, pueden pensarse las primeras imágenes de la película como un guiño que resume o anticipa este aspecto. En un plano abierto y lejano, observamos la plaza, la cámara se acerca lentamente y comenzamos a distinguir cada vez mejor a todos los personajes.
En este comienzo observamos la aparición de dos sujetos, el mimo y el vagabundo; ellos son individuos solitarios, como aislados en un punto de la realidad, al igual que Harry.
A través del protagonista puede leerse una reflexión acerca de la anulación de una vida privada, como un imposible. Caul se dedica a meterse en lo más íntimo de personas que le son desconocidas, a hurgar en la privacidad ajena. Ahora bien, lo cierto es que poco sabemos de él ¿existe en su vida esa idea de privacidad?, ¿cómo vive Harry? ¿Qué le pertenece y qué le es propio?, el nivel de paranoia con que vive no le permite vincularse con nada que tenga que ver con él mismo. Su saxo es el único elemento que puede pensarse como personal.
Esto es llevado al extremo máximo en la escena final, Harry se siente como un espía espiado y no puede soportarlo. Destruye su espacio en busca de esos mismos dispositivos que él mismo ha utilizado tantas veces.
La irrupción en la vida del otro, la imposibilidad de estar a salvo, la fuerza y el peso de la palabra, y el descubrimiento progresivo de la significación. Harry Caul oye una y otra vez el mismo dialogo, y sin embargo escucha cada vez más, interpreta a partir de ello, no hay significados fijos, y en el fondo lo que comprende es eso que sucede cuando el vigilar al otro anula la privacidad.
www.imaginacionatrapada.com.ar
25/03/2008 |