Cine / Drama / Julian Schnabel - Crítica

La escafandra y la mariposa - Julian Schnabel

“La escafandra y la mariposa”: Prisión y Libertad

por Sol Santoro sols@imaginacionatrapada.com.ar

(“Le scaphandre et le papillon”, 2007, Francia) Dirección: Julian Schnabel. Guión: Ronald Harwood Intérpretes: Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Marie Josée Croze, Anne Consigny, Patrick Chesnais. Fotografía: Janusz Kaminski Música: Paul Cantelon. Montaje: Juliette Welfing. Duración: 112 minutos.

Un hombre un día, sin previo aviso, sin posibilidad alguna de decidir, quedó literalmente atrapado dentro de su cuerpo.

El filme retrata la historia real de Jean-Dominique Baubi, famoso editor de la revista francesa Elle, hombre de negocios, exitoso.

Una tarde como cualquier otra, va a buscar a su hijo a la casa de su ex esposa, atraviesan un campo con un auto lujoso, y de pronto Jean-Dominique sufre una embolia masiva, sin explicaciones e irreversible. Las responsabilidades de editor, las corridas y una vida de lujo parecieron quedar obsoletas en relación a un cuerpo que quedaba casi inerte.

Jean-Dominique se despertó y su cuerpo no le respondía. Sus capacidades mentales seguían intactas, pero el único músculo que seguía funcionando era el de su ojo izquierdo. ¿Cómo comprender la desesperación de un hombre que no puede demostrarla? El protagonista  padecía de síndrome de cautiverio, o locked-in, producto de la embolia que había sufrido.

El único contacto entre su psiquis o su alma, o como quisiéramos llamar aquello del hombre que no es cuerpo, y el mundo exterior era su ojo, o, más bien, su parpado. Todo el caudal de significantes que otrora emitían su voz y su cuerpo, ahora tendría que ser captado o expresado por un solo músculo. ¿puede hacerse cargo esa pequeña parte de tal densidad expresiva?. Bronca, interrogantes, dudas, sonrisas y displaceres, todo a través de esa sutil rendija.

En el hospital de Berk-Sur-Mer en el cual es atendido, dos jóvenes se encargan de enseñarle un nuevo código. Aprende a deletrear las palabras, la acompañante terapéutica le lee un abecedario armado en función del uso más corriente de las letras y Baubi marcaría con su ojo cuando parar, debía adquirir una nueva forma de verbalidad. Claro que es  un código mucho más lento, y que además requiere de un otro como soporte.

Habiendo aprendido esta nueva forma de contacto con el exterior, Baubi le dicta a una asistente un libro completo, cuenta su perspectiva particular de los hechos. En base a esa libro se haría más tarde la adaptación para la realización del filme.

¿Cómo rodar semejante testimonio? Julian Schnabel decide utilizar como recurso formal para gran parte de filme la cámara subjetiva, ubicada en el ojo de Jean-Dominique. El espectador despierta con el personaje, lo acompaña en el descubrimiento de que nadie escucha lo que está pensando porque no lo puede decir. Desde las butacas asistimos a los pensamientos cautivos del personaje interpretado por Mathieu Amalric. No veremos su rostro por un rato largo, mientras él tampoco pueda descubrirse.

Jean-Dominique se ve obligado a adaptarse para hacerse entender. Ahora bien, el entorno en el cual se movía en su vieja vida parece no querer, o no poder, hacerse cargo del cambio. Su padre, amparado en su dificultad para moverse, se limita a llamarlo por teléfono, Baubi lo escucha y dicta sus respuestas a una asistente. Su mujer confiesa que prefiere no verlo así. Tanto uno como el otro, prefieren recordarlo con el cuerpo vivo, como lo conocieron, trabajando y rodeado de éxito. Ellos no son capaces de ver lo que consideran un fracaso. Porque en el fondo saben que fue algo totalmente arbitrario que le pasó a uno, pero podría haber sido cualquiera. El miedo a la muerte, al dolor, la incertidumbre y el protagonismo del cuerpo.

En Baubi se ven enfrentadas y evidenciadas las nociones dialécticas de cuerpo y alma. Por un lado su parte física, encerrada, como dentro de una escafandra, como un traje que lo deja inmóvil. Por otra parte, sus mariposas, los recuerdos y la capacidad de imaginar, lo que le queda para darse cuenta de que está vivo. Aún más, puede pensarse que contar lo que sentía lo mantenía activo, la capacidad de transmitir y de construir.

Habiendo finalizado de exteriorizar sus sensaciones, Baubi falleció poco tiempo después de terminar el libro.

www.imaginacionatrapada.com.ar
1/9/2008

     
     

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