Cine / Documental / Biográfico - Crítica

La vereda de la sombra - Gustavo Alonso

“La vereda de la sombra”: El mito de los héroes

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

(2004) Guión y Dirección: Gustavo Alonso Producción Ejecutiva: David Blaustein, Zafra Difusión S.A. Dirección de Fotografía y Cámara: Emiliano Fabris Música Original: Fernando Samalea Sonido: Carlos Olmedo Investigación: Laura Itchart y Gustavo Alonso Jefe de Producción: Virginia Croatto Asistente de Dirección: María Marino Asistente de Producción: Jorgelina Cano. Duración: 94 minutos

Tomás Abraham, el filósofo, define la muerte de Fabián Polosecki como trágica y que, por ende, dicho final eleva su figura. Polo, en ese sentido, aparece como una estrella fugaz, que brilló fuerte y luego desapareció. Su muerte evita que sea posible saber qué hubiera pasado con él. El personaje literario que inventó para “El Otro Lado” y “El Visitante”, es complementado por aquel misterioso que se arrojó bajo las vías del tren.

“La vereda de la sombra”, dirigida por Gustavo Alonso, lo recupera, y lo hace de la misma manera en que él y todo el grupo que fue responsable por “El Otro Lado” creaban esa cruza de ficción y realidad (entrevistas reales enmarcadas por un halo de ficción dado por el relato de Polo). El film se presenta como documental, es decir, recuperar la humanidad de Polosecki, buscando desentrañar el misterio de su temprana desaparición. Pero, igualmente, colabora a construir un mito, uno que está a mitad de camino entre la fantasía y el Polo de carne y hueso.

Gustavo Alonso combina las entrevistas a quienes fueron sus amigos y colegas (Enrique Sdrech, Carlos Polimeni, Ricardo Ragendorfer, Pablo de Santis, Marcelo Birmajer, Verónica Laszlo, entre otros), con la utilización de imágenes de archivo de “El Otro Lado” y con imágenes de crudos no utilizados (una suerte de espiar detrás de cámara). De tanto en tanto, la figura de Polo frente a la máquina de escribir es intervenida por los realizadores con sobreimpresiones o inserts, como proponiendo una especie de diálogo imaginario y a la distancia virtual.

¿Quién fue Fabián Polosecki, Polo, Polito? ¿El apasionado militante de juventud, el periodista, el creativo, el inventado escritor de historietas que entrevistaba seres increíbles? “La vereda de la sombra” no estoy seguro de que realmente quiera develar todo esto. Las entrevistas se entremezclan con las imágenes... los crudos se cruzan con el material editado. La mirada de los realizadores toma múltiples puntos de vista, apareciendo en tiempos que parecen improbables en ubicaciones inverosímiles. El Polo real, complejo e incompleto se vuelve inexpugnable. Como en “Rashomon”, de Akira Kurosawa, la verdad de Polo se fue con él, y lo que queda es la construcción del mito.

La obra de Polo, la que pasó por ATC entre el año 93 y el 95 y que fue el producto de un trabajo colectivo enorme con un esfuerzo tremendo, parece preanunciar permanentemente el futuro. Un programa sobre trenes que va de historias pintorescas a oscuras anécdotas en que un maquinista cuenta su experiencia con los suicidas que se tiran debajo del tren. Otro (que no figura en el documental y que recientemente se emitió en las reposiciones que el canal Ciudad Abierta pone en pantalla todos los días a las 18hs), en el cual una bruja le vaticina a Polo tiempos muy difíciles si no corrige determinados rumbos. El universo de “El Otro Lado” habla también del pasado de Polo y sus amigos: la noche, los cafés de la calle Corrientes, los afectos, la recuperación de lo mágico y del relato intimista frente a un mundo puro número.

El programa, en su momento, parecía haber desaparecido porque el propio mundo que buscaba estaba desapareciendo, o cambiando; se había cumplido un ciclo. La desaparición de Polo, entonces, plantea más preguntas que simplemente la condición psicológica del héroe trágico en cuestión, y se vuelve una cuestión hasta literaria y filosófica. Sin embargo, “La vereda de la sombra” no es un homenaje ni una denuncia... quizás, en cambio, pueda considerarse una carta a Polo, una carta en la cual se lo recupera (como persona) y se lo reinventa (como personaje, como héroe trágico) a un tiempo... como hacía el escritor de historietas de jean, campera de cuero y borceguíes que caminaba por Buenos Aires en busca de historias que alimentaran su imaginación, cuyo alter ego, a partir de 1997, se llamó Fabián Polosecki y que era interpretado por un muchacho al que sus amigos conocían desde siempre como Polo.

www.imaginacionatrapada.com.ar
18/11/2005

     
     

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