Cine / Thriller
/ Drama - Crítica

"Los Edukadores": Más
allá de lo evidente
por Jorge de Elizalde
jorgedeelizaldecine@yahoo.com.ar
Título original: Die
Fetten Jahre Sind Vorbei Dirección: Hans
Weingartner Guión: Hans Weingartner y Katharina
Held Fotografía: Matthias Schellenberg y
Daniela Knapp Música: Andreas Wodraschke
Sonido: Stefan Soldau Diseño de
producción: Christian M. Goldbeck
Vestuario y maquillaje: Silvia Pernegger Producida
por Hans Weingartner y Antonin Svoboda Elenco:
Daniel Brühl, Julia Jentsc, Stipe Erceg, Burghart Klaussner,
Peer Martiny, Petra Zieser, Laura Schmidt, Sebastián Butz,
Oliver Broker, Knut Berger, Hanns Zischler, Claudio Caiolo, Bernhard
Bettermann, Sylvia Haider, Claudia Jakobshagen. Duración:126
min.
Podemos resumir de manera simplista la línea
argumental de este film como un grupo de jóvenes, Peter (Stipe
Erceg) y Jan (Daniel Brühl), a los que se suma “la mujer
en cuestión”, Jule (Julia Jentsch), que, guiado por
una idea utópica, se dedica a cometer actos de vandalismo
en las mansiones deshabitadas de la gente adinerada, sin cometer
robos, dejando mensajes como “sus días de abundancia
están contados - Los Edukadores”, en un intento por
generar terror. Hasta que las cosas se complican.
La película comienza con toda una secuencia
en donde básicamente vemos como el director categóricamente
señala por un lado a “la gente adinerada y explotadora,
consumista y desalmada“ y por el otro a “los jóvenes
revolucionarios que luchan por un mundo mejor y más justo”.
En un principio uno cree que se encuentra ante un producto más
de la rebeldía “made in MTV”, una propuesta chata,
llena de sentencias fosilizadas y carente de ambigüedades movilizadoras,
guiada por una vulgar crítica a la burguesía adinerada
y el capitalismo, sin ninguna invitación a la reflexión.
Pero todo este planteo inicial cumple una función muy específica
a lo largo del film: Hans Weingartner se propone desmenuzar estos
estereotipos y, tomando personajes de ambos “bandos”,
enfrentarlos en un diálogo, poniendo en evidencia una trama
un tanto más compleja que el simple panfleto ideológico.
Y creo que es justamente con esto con lo que Weingartner construye
su película, manejando con maestría el devenir de
los personajes y sus discursos.
Quizás en ese sentido el desenlace
de la película no esté a la altura de la propuesta
que atraviesa la trama troncal, pero la habilidad con que el director
manipula el protagonismo de los distintos personajes es el punto
fuerte de este film alemán, registrado en digital, con una
puesta en escena un tanto despareja, pero que tiene la clara intención
de acompañar los vaivenes del relato. El “zoom óptico”,
recurso caduco si los hay, es utilizado con mucho acierto de manera
muy limitada logrando una efectividad reveladora. El director toma
los lugares comunes característicos del “cine-panfleto”
(que pretende denunciar y convencer a su espectador) y los expone
de manera conciente y enfrentándolos para mostrar sus contradicciones
internas. Weingartner se mueve siempre al límite de la estupidez
habitual en ese tipo de cine para luego dejarnos ver que su objetivo
no es convencer al espectador, sino establecer un diálogo
con él (más allá de que esto se logre sólo
de manera limitada)
“Una persona que no es idealista antes
de los 30 años no tiene alma; una persona que es idealista
después de los 30 años no tiene cerebro” es
la frase, enunciada por Hardenberg (Burghart Klaussner), el burgués
secuestrado, que resume el conflicto general de esta historia.
Hay un foco muy interesante desde el cual
abordar el film que es el tratamiento del espacio habitado y el
tiempo compartido. Básicamente encontramos los siguientes
espacios: la mansión, el departamento de los jóvenes,
la ciudad y la montaña. A partir de estos elementos Weingartner
logra ilustrar y sugerir una posible razón para la fractura
instalada entre los jóvenes “revolucionarios”
y el empresario “desalmado”. Por un lado tenemos las
mansiones de superficies relucientes, un espacio limitado, privado,
protegido de la ebullición urbana cotidiana, una isla arquitectónica
hecha de mármol. Es el hábitat del burgués,
su estilo de vida y uno de los elementos condicionantes de su comportamiento.
Y es el territorio invadido por los Edukadores, el cual se dedican
justamente a desordenar, a desestabilizar. El departamento de los
jóvenes, por el contrario, es un lugar en constante desorden,
que marca una clara diferencia en su estilo de vida. La ciudad acelerada
es el espacio perfecto para fracturar las relaciones entre sus habitantes,
o en todo caso administrar dicha relación de acuerdo a un
orden previsto. El encuentro de los habitantes en dichos espacios
no puede ser mas que conflictivo ya que hay un orden estipulado
que restringe la espontaneidad aparente de su habitabilidad y genera
un fuerte resentimiento por contraste Ya en el centro de la ciudad
donde los manifestantes se enfrentan con la policía, ya en
el restaurante donde trabaja Jule, quien debe responder a los caprichos
de sus comensales y a las demandas de su jefe presionado por mantener
el nivel de dicho lugar, en la mansión de Hardenberg en donde
se produce el choque inicial entre los Edukadores y la burguesía
que combaten, o en la habitación de Jule, de la que fue echada
y debe ser dejada en orden para recobrar el depósito (y en
donde comienza el conflicto amoroso, quizás la línea
argumental más débil en su tratamiento narrativo),
se pone en evidencia una contractura cotidiana que sólo puede
devenir en la ignorancia sistemática de la relación
con el “otro”.
Weingartner coloca a sus personajes en la
montaña, alejados de sus espacios habituales. Es allí,
y a partir del tiempo que comparten juntos, en donde nace la comprensión
mutua, en donde los prejuicios comienzan a desmantelarse. Es el
lugar en donde se conocen, en donde deben dedicarse tiempo mutuamente.
Y es un lugar en donde la distancia es real y no aparente o forzada
(como en el caso de la mansión en la ciudad). Sin embargo
la sospecha de que Hardenberg simplemente está simulando
su comprensión hacia los jóvenes está instalada
muy hábilmente por parte del director para desestabilizar
nuestra mirada y generar una incógnita que se devela al final
(vean la película). Es decir, lo que se está poniendo
en cuestión es el uso de los tiempos y las distancias en
los espacios urbanos más desarrollados (las metrópolis
y sus centros comerciales) preguntándose por los “límites”,
por la función de los “límites”. El enfrentamiento
generacional, espacial e ideológico está exhibido
claramente pero con la intención de desdibujar sus fronteras,
fusionar ambos lados y exponer sus virtudes y defectos.
“Los Edukadores”, si bien inconstante,
es un comienzo auspicioso para Weingartner (si bien es su segundo
film – el primero fue “White Noise”, 2002). Habrá
que seguir el rumbo que sigue su carrera y corroborar si efectivamente
estamos ante un nuevo autor alemán.
www.imaginacionatrapada.com.ar
2/09/2005 |