Cine / Drama / Comedia / Romántica - Crítica

“El hombre que nunca estuvo”: El hombre entre la fatalidad y la culpa
por Sol Santoro
sols@imaginacionatrapada.com.ar
("The man who wasn´t there", EEUU, 2001) Dirección: Joel Coen. Elenco: Billy Bob Thornton (Ed Crane), Frances McDormand (Doris Crane), Michael Badalucco (Frank Raffo), James Gandolfini (Big Dave), Katherine Borowitz (Ann Nirdlinger), Jon Polito (Creiton Tolliver), Scarlett Johansson (Birdy Abundas), Richard Jenkins (Walter Abundas), Tony Shalhoub (Freddy Riedenschneider), Adam Alexi-Malle (Jacques Carcanogues), Peter Schrum (William von Svenson). Guión: Joel Coen & Ethan Coen. Producción: Ethan Coen. Música: Carter Burwell. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Tricia Cooke y Roderick Jaynes (Joel Coen & Ethan Coen). Diseño de producción: Dennis Gassner. Vestuario: Mary Zophres. Duración: 116 min.
Ed Crane es, en principio, un hombre como cualquier otro. Trabaja en una barbería sin haberlo elegido especialmente, se casó con una mujer a la cual prácticamente no conocía y que maneja todo lo respectivo a la pareja, y se presenta como sumergido en un trascurrir que no le pertenece.
Es un personaje que vive de una manera monótona, como si nada lo rozara. Impermeable. Inmutable.
Un ser pasivo, al menos en lo aparente. Sin embargo, en el momento en que decide ser parte de las decisiones en su vida, una caótica lluvia de coincidencias y hechos extrañamente conectados entre si le caen encima.
Cierto día entra a la barbería Creighton Tolliver, un hombre “de negocios”, ingresa al local de manera impulsiva y con una incontrolable verborragia, esta característica actúa como contrapunto con respecto a Crane, quien solo escucha y asiente.
Los hermanos Coen presentan a partir de esta situación una serie de hechos interconectados que transportan a Ed hacia un final inesperado. Recorriendo un camino que va desde el interés del personaje por el negocio del lavado en seco, hasta la ejecución del mismo en la silla eléctrica por un crimen que no cometió.
En principio quien sitúa al espectador en tiempo y espacio es el mismo Ed Crane quien finaliza su relato minutos antes de ser ejecutado. De alguna forma es el propio Crane quien garantiza que aquello que se muestra ha sido de ese modo y en ese orden temporal.
En este filme puede hablarse de Focalización interna fija, es decir que todo relato esta articulado en función de Crane. El saber del espectador esta filtrado por el saber del barbero, este narra lo sucedido desde su punto de vista.
No obstante es interesante aclarar que, si bien lo que el espectador ve esta filtrado por el conocimiento y el relato de Ed Crane, no accede a la banda de imagen a partir de lo que el protagonista vio, sino que se lo ve a él realizando las acciones que narra desde la cárcel. Por lo tanto, si bien en aquello que es mostrado se advierte la subjetividad del personaje, no está remitiendo ni al cuerpo ni al ojo de Ed Crane.
Crane no es totalmente dueño o responsable de su relato, así como tampoco lo es respecto a las acciones que se suceden en la película.
Por otra parte, no puede dejar de tenerse en cuenta la utilización del blanco y negro en lugar del color. Este recurso funcionaría en principio como un guiño o un tributo a los policiales negros de la década del ´40 (el filme recrea esa época), y a las novelas negras de James Cain (autor de El cartero llama dos veces), lo cual daría un marco general al filme. Pero, por otro lado, puesto en relación con la vida gris que lleva Ed Crane y el compás inmutable de su voz, funciona también como un indicio del avance del relato con un ritmo inalterablemente contínuo y de la mirada de Crane sobre su mundo.
Esto último se afirma también en la elección de los realizadores de exhibir los hechos del relato con un orden lineal casi en su totalidad, exceptuando una breve analepsis en el momento en que Ed pierde la conciencia debido a un accidente automovilístico, y en una especia de sueño o recuerdo en el que aparece Doris, quien en ese momento ya había muerto.
Por último, si bien la relación entre relato e historia está dada a partir de la condensación, en casi dos horas de relato, de sucesos que tuvieron lugar en un tiempo de la historia mucho más amplio, a través de recursos como el rallenti y la narración rítmicamente inalterable del protagonista pareciera que el filme acompañara la lentitud o la monotonía del personaje. Entonces, mientras algunos recursos condensan el relato, otros apuntan a expandirlo.
Hasta aquí resulta claro que los diferentes elementos acompañan el parsimonioso ritmo de Crane, sin embargo el relato se halla dinamizado desde lo visual. Esto contribuye al desarrollo de la intriga capturando y manteniendo atento al espectador. Los hermanos Coen construyen un personaje monótono en un relato dinámico.
Es fundamental el trabajo en la fotografía, realizado por Roger Deakins, quien logra un desarrollo impactante en relación a la amplia gama que puede verse del blanco y negro, así como la utilización del contraste entre ambos. El día esta elaborado con mucha luz y grises, como las escenas de la barbería; mientras que la noche esta definida por fuertes contrastes, a partir de lugares oscuros, como la oficina de David Brewster, en la cual es asesinado.
A partir de lo analizado es interesante reflexionar acerca de la relación entre causalidad y fatalidad. Subyace en todo el filme una idea ambigua de la culpabilidad.
Pareciera que todos los engaños y crímenes de la película quedaran impunes por si mismos, pero extrañamente “ajusticiados” por la trampa o asesinato posterior. Ninguno de los personajes puede realmente escapar a su propia fatalidad. Doris es infiel y es llevada a la cárcel por el asesinato de su propio amante, David. Este, a su vez, es el responsable de la muerte de Tolliver, por el cual condenan a la pena de muerte a Crane, quien no es juzgado por el asesinato de David.
De esta manera, cada cual, como en círculos entrecruzados se encuentran apuntados por esta dupla de justicia e injusticia que moviliza el filme.
Pero hay algo que une inexorablemente a Ed, Doris, David y Creighton. Los 4 tienen el mismo objetivo, todos quieren expandirse económicamente, hay un móvil común que, en principio, es el dinero como forma de alcanzar un triunfo. La ambición de todos es el éxito. Ser exitoso para trascender, para lograr pertenecer al mundo que los rodea.
En esa carrera a ciegas, con el paso del tiempo como gran enemigo, luchan por llegar a ese podio, sin importar cómo. Así es como se desata la perversa cadena de asesinatos, engaños y suicidios que presenta el filme.
La lectura de "El hombre que nunca estuvo" puede variar notablemente ya que puede pensarse a Ed Crane a partir de una amplia gama que va desde un hombre al cual los hechos le pasan por encima dejándolo inmovilizado y al margen de su propia vida, hasta alguien que es castigado por no hacerse cargo de su existencia.
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7/01/2008 |