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/ Woody Allen - Crítica

“Match Point”: Dostoievski
según Woody Allen
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Match Point", Reino Unido, 2005)
Dirección y guión: Woody Allen. Elenco:
Jonathan Rhys Meyers (Chris Wilton), Matthew Goode (Tom Hewett),
Emily Mortimer (Chloe Hewett Wilton), Scarlett Johansson (Nola Rice),
Brian Cox (Alec Hewett), Penelope Wilton (Eleanor Hewett), James
Nesbitt (Detective Banner), Alexander Armstrong (Sr. Townsend),
John Fortune (John), Ewen Bremner (Inspector Dowd). Producción:
Letty Aronson, Gareth Wiley y Lucy Darwin. Fotografía:
Remi Adefarasin. Montaje: Alisa Lepselter. Diseño
de producción: Jim Clay. Vestuario:
Jill Taylor. Duración: 123 min.
Fiodor Dostoievski tenía una obsesión
por la conciencia humana. Sus novelas son tortuosos y minuciosos
estudios sobre personajes sometidos, o que se someten, a situaciones
penosas con tal de poder comprobar y estudiar sus propios puntos
de vista o hipótesis.
Pese a que su filmografía está
conformada en su gran mayoría por comedias o películas
donde el humor es una herramienta fundamental, Woody Allen incursionó
ya anteriormente en el drama con “Interiores” y con
“Crímenes y Pecados”. “Match Point”
es particularmente heredera de las preguntas que se hacía
la segunda. Los conflictos de los personajes principales son prácticamente
idénticos, con la diferencia de que en “Crímenes
y Pecados” el protagonista era un hombre maduro, un profesional
reconocido con una familia establecida, que se enfrenta a la posibilidad
de perderlo todo. En “Match Point”, el protagonista
es un joven que se encuentra con la fortuna, que tiene todo por
delante.
Al revés de en el resto de sus films,
esta vez Allen se apoya en un elenco joven. No es la madurez de
la edad mirando hacia atrás, reflexionando sobre lo vivido,
sino las perspectivas sobre las vidas en pleno proceso de construcción.
Dostoievski, en “Crimen y Castigo”
pone a su protagonista, Raskolnikov, un universitario brillante,
en la situación de angustia existencial frente a la posibilidad
de una falta de Justicia. Raskolnikov comete un crimen atroz, sólo
para probar que puede salir indemne y de esa manera comprobar la
falibilidad de todo un sistema de creencias en el que se apoya la
sociedad. ¿Qué pasa si sólo somos seres humanos
que implantamos un código de convivencia tan difícil
de mantener, tan fácil de romper? ¿Qué pasa
si no hay otra posibilidad de castigo que la de los hombres? Todo
es apariencia tapando un horrible vacío. El problema de Raskolnikov
es que no puede escapar a su propia conciencia: su castigo proviene
del conocimiento de sus acciones, aun incluso si los demás
no lo descubren.
Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers) y Nola
Rice (Scarlett Johanson) provienen de un mundo sin privilegios,
de historias familiares no muy felices. Ambos se abren paso como
pueden.Chris a través del tennis, Nola intenta infructuosamente
convertirse en actriz. Ambos conocen a dos hermanos de una familia
groseramente adinerada. Todo parece resolverse.
El elemento trágico por excelencia
es el de la inevitabilidad del destino. Allen lo transforma en un
concepto más odioso: el de la simple suerte. El camino feliz
y plagado de angustias entre dos personajes no se basa en sus propias
acciones, no depende por entero de ellos, ni siquiera de un destino
que se pueda aceptar; es un mero accidente. Un paso dado en una
dirección en vez de otra, un segundo más al abrir
una puerta, un beso dado más temprano, otro dado demasiado
tarde. En vez de orden, el universo es caos.
La diferencia entre una comedia y una tragedia,
en Woody Allen, también recorre una línea fina. Ya
en su película anterior, “Melinda & Melinda”,
el director neoyorquino se planteaba sobre los dos géneros.
En “Hanna y sus hermanas”, un triángulo amoroso
muy similar al de “Match Point” era mirado con ojos
tiernos, pero ahora algunas vueltas de tuerca vuelven el mismo affair
en otra cosa. Es la indefención ante lo impredecible.
Los diálogos operan de manera teatral,
con repeticiones, espejos y otros diálogos que ocultan todo
su significado en la aparente insignificancia. Durante gran parte
del film, incluso, el tiempo parece estirarse y el rumbo incierto.
Estos personajes deambulan en lo que a primera vista es un simple
drama burgués al estilo de “Closer”, alimentándose
profusamente de sus propias miserias. En cambio, es el director
mostrando a sus personajes como dentro de un laboratorio, en el
cual los va ubicando como en un ajedrez imaginario, en las posiciones
que deberán enfrentar.
De fondo, como un leit motif, suenan en determinados
momentos fragmentos operísticos de "La Traviata",
"Macbeth", "Othello", y otros; es el elemento
del amor condenado, del romance prohibido y de destino terrible.
Pero, a diferencia del espíritu clásico trágico
de la ópera, en el film de Allen es otro destino el que espera
para el protagonista a la vuelta de la esquina.
Todo ese acontecer aparentemente sin dirección
más que su propia retroalimentación, sin embargo,
encuentra su punto de inflexión en las acciones del último
cuarto de película. La tragedia, la ópera, Dostoievski
y el propio Woody Allen (el más oscuro, el más cínico)
se encuentran en un embudo conceptual.
Si se le pueden reprochar algunas cosas a
“Match Point” es por momentos un exagerado acartonamiento
en los diálogos, el esquematismo innecesario de algunos personajes
(asi como instantes donde se filtra unas dosis de humor que en el
tono del film aparecen como desubicadas), y cierto retrato estereotipado
e irónico de los ingleses que puede confundirse con snobismo
(de hecho, la crítica inglesa trató bastante mal a
la película).
Fuera de eso, es interesante ver el lado oscuro
de Woody Allen, sin los tics o los clichés de sí mismo.
En “Match Point”, el director no tiene alterego hipocondríaco,
sino que permite que el guión, la película, vayan
tomando forma por sí mismos.
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10/3/2006 |