Cine / Drama / Thriller - Crítica

“Michael Clayton”: El Punto Final a la Obediencia Debida en tono de género
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 2007) Dirección y guión: Tony Gilroy. Elenco: George Clooney (Michael Clayton), Tom Wilkinson (Arthur Edens), Tilda Swinton (Karen Crowder), Sydney Pollack (Marty Bach), Michael O'Keefe (Barry Grissom), Robert Prescott (Sr. Verne). Producción: Jennifer Fox, Kerry Orent, Sydney Pollack y Steve Samuels. Producción ejecutiva: George Clooney, James A. Holt, Anthony Minghella y Steven Soderbergh. Música: James Newton Howard. Fotografía: Robert Elswit. Montaje: John Gilroy. Diseño de producción: Kevin Thompson. Vestuario: Sarah Edwards. Duración: 120 minutos
Producida, entre otros, por Steven Soderbergh y el propio George Clooney, “Michael Clayton” se inserta en la línea de films como “Syriana” (2005, Stephen Gaghan) o “Buenas noche y buena suerte” (2005, dirigida por el propio Clooney). Más atrás en el tiempo, aparecen películas como “Síndrome de China” (1979, de James Bridges y con Michael Douglas, Jane Fonda y Jack Lemmon), “A Civil Action” (1998, de Steven Zaillian, con John Travolta), “El Informante” (1999, de Michael Mann, con Russel Crowe y Al Pacino), por nombrar sólo algunos títulos. Tipos dentro del sistema a quienes, por un motivo u otro, su lado moral no les deja seguir mirando para otro lado y deben actuar frente a la estructura que hasta ese momento protegían.
Tony Gilroy, el guionista de la saga “Bourne…”, debuta acá finalmente como director. La mención de su trabajo como guionista no es casual. Partiendo de un género que maneja con soltura, como es el thriller (en este caso del tipo legal corporativo), desarrolla la historia de un ex fiscal de distrito devenido leguleyo mercenario mediador para una muy importante firma privada. Su trabajo es allanar el camino cuando este se torna complicado. Todo se complica cuando un colega y amigo, bipolar él, deja de tomar sus pastillas y tiene un brote maníaco en medio del juicio más importante que maneja el estudio: los habitantes de un pueblo alejado hace tiempo han iniciado una acción civil contra una compañía de transgénicos por considerarlos responsables de una suerte de epidemia de cáncer en la población. El abogado en cuestión no soporta más la culpa de saberse protector de los culpables y el stress lo lleva al brote. Si bien es esa reacción desmesurada la que llama la atención sobre él, lo cierto es que Clayton y la firma se enteran que Edens (el personaje en conflicto) venía ya desde hacía un tiempo preparando todo para un fuerte contraataque. Clayton tiene sus propios problemas económicos, así que intenta no prestar demasiada atención a las palabras de su amigo, hasta que, finalmente y casi por casualidad, lo hace.
El film, que en gran parte está narrado como un gran flashback de un presente que luego retorna, se apoya en el suspenso de saber que el protagonista habrá de llegar a un punto de quiebre; la pregunta es cuando y cómo. Todos los personajes lo interpelan permanentemente sobre su identidad estructural dentro del juego. Desde hace años que Clayton viene haciendo todo por pasar desapercibido, por no parecer un participante activo. Hasta que, simplemente, ya no puede hacerlo más. Si bien los rubros técnicos están muy cuidados, el centro de Gilroy es el guión. El en esta ocasión realizador desarrolla cada uno de los personajes con detalle y precisión quirúrgicas, elaborando un universo donde los roles de estos protagonistas puedan extenderse en la imaginación del espectador. Si bien el film puede volverse, en ese sentido, por momentos un ejercicio de estilo, también puede decirse que, cinematográficamente, opera como una novela en cuanto a la construcción de personajes (tanto desde los diálogos como desde las imágenes, en particular con respecto a la ejecutiva de la compañía de transgénicos, interpretada por Tilda Swinton). La excepción a esto son algunos planos o escenas, aislados, más abiertos e incluso poéticos, que oscilan entre la obviedad y la sutileza (la línea a veces es muy fina), pero que, por instantes, permiten darle un aspecto más carnal a la forma.
El final es algo demasiado amigable con el espectador, sobre todo en comparación con el estilo del resto del relato. De todos modos, lo que más afecta la resolución es su ambición de denuncia, al clausurar el relato con una serie de frases efectivas desde lo genérico (muy de film noir), pero inofensivas en cuanto apuntan a la identificación del espectador con el protagonista héroe, buscando un efecto más de tipo tranquilizador (en contraste con el desequilibrio reinante en el resto de la narración). La última imagen, sí, retoma el espíritu de ciertos segmentos más abiertos pero, habiendo pasado por la secuencia anterior, es ya de un efecto algo menos potente.
www.imaginacionatrapada.com.ar
12/10/2007 |