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“Guardianes de la noche”:
Sombras, nada más
Carla
Masmun daysleepercm@yahoo.com.ar
("Nochnoy dozor"/"Night
Watch", Rusia/2004). Dirección: Timur
Bekmambetov. Guión: Timur Bekmambetov
y Laeta Kalogridis, basado en la novela de Sergei Lukyanenko.
Fotografía: Sergei Trofimov. Música:
Yuri Poteyenko. Edición: Dmitri Kiselyov.
Diseño de producción: Mukhtar Mirzakeyev
y Valeri Viktorov. Intérpretes: Konstantin
Khabensky, Vladimir Menshov, Valeri Zolotukhin, Mariya Poroshina
y Galina Tyunina. Duración: 114 minutos.
Con el film ruso “Guardianes
de la noche” nos acercamos a un cine de superproducción
de procedencia atípica en las pantallas argentinas. “Guardianes
de la Noche” es la primera parte de una trilogía
basada en las novelas de ciencia ficción de Sergei Lukyanenko
y se presenta como un pastiche que abreva del video clip musical,
de los juegos de video y de otras varias fuentes.
La historia no ofrece muchas
innovaciones y narra el conflicto entre las fuerzas de la Luz
y las fuerzas de la Oscuridad. Los guardianes de la noche mantienen
el orden protegiendo a los hombres de la fuerzas de la oscuridad.
Pero una profecía anuncia la llegada de un “Otro”
que desatará la guerra entre los dos bandos.
La narración adopta
un ritmo frenético donde la aceleración de las acciones
supone un suspenso creciente que nunca se logra acabadamente.
De un prólogo ubicado en el tiempo mítico del primer
enfrentamiento entre los guerreros de la luz y los guerreros de
la oscuridad, un salto temporal lleva al espectador hasta el año
1992 en Moscú, ciudad donde comienza la acción.
Con una historia previsible y una narración que se acelera
en el vacío argumental y en el gusto por la velocidad,
los aciertos en el film se encuentran en la resolución
de la imagen.
“Guardianes de la noche”
alcanza espectacularidad formal cuando se apoya en una puesta
en escena cuidada hasta en los mínimos detalles y en la
fotografía de Sergei Trofimov. La combinación y
el uso de colores saturados, en especial del color rojo, multiplican
los posibles sentidos.
Las objeciones en este punto
tienen que ver con el abuso del CGI (Imágenes generadas
por computadora). En ocasiones el CGI permite lograr una mayor
espectacularidad, como en la transformación de los guerreros
de la luz o en el prólogo, pero usar esta técnica
para seguir la trayectoria de un remache desde el cielo hasta
la cocina de un personaje es un exceso que muestra el regodeo
técnico con poca vinculación con el desarrollo de
la trama. En el mejor de los casos puede ser visto como una cita
un poco gastada de otros films o videos musicales. Y por cierto,
el film dialoga con la serie de “The Matrix”, “Drácula”
y especialmente la saga de “Star Wars”, entre otras
películas.
De su carácter de pastiche
da muestra la mezcla de imágenes de videojuegos, las citas
a otras películas, la incorporación del cine de
animación en una única secuencia, la alusión
al mito. Ahora bien, mientras el pastiche hace dialogar textos
de diversa procedencia logrando re-crear a partir de elementos
de otras obras, el resultado final de este film hace pensar más
en una simple acumulación de técnicas y elementos
que no llegan a amalgamarse, dado que no se logra la unidad que
la obra necesitaba.
Podríamos decir que esto se relaciona con el carácter
fragmentario de una obra pensada como el primer capítulo
de una serie, pero si se la compara con films igualmente comerciales
como “Kill Bill”, aún teniendo en cuenta la
posición de autor de Tarantino, se hace difícil
sostener esta hipótesis al comprobar que en este caso Vol.
1 y 2 tienen efectividad tanto juntas como por separado.
Sólo resta entonces,
esperar las secuelas para poder establecer si, vista a la distancia
y con la trilogía completa, el espectador pierde esa sensación
de vacío y mediocridad que deja este primer film.