Cine Hacia Atrás/ Drama / Martín Rejtman - Análisis

Rapado - Martín Rejtman

"Rapado": Poético Artificio

por Laura Lattanzi mlauralattanzi@yahoo.com.ar

(Argentina/Holanda, 1991) Dirección: Martín Rejtman. Guión: Martín Rejtman sobre cuentos de Martín Rejtman. Elenco: Ezequiel Cavia, Damián Dreizik, Mirta Busnelli, Horacio Peña, Lucas Marty, Cecilia Biagini, Toti Glusman, Pichón Baldinú, Verónica Llinás, Gonzalo Córdoba. Producción: Alejandro Agresti, Kees Kasander y Martín Rejtman. Música: Paul Michael van Brugge. Fotografía: José Luis García. Montaje: Garry Lane. Sonido directo: Gabriel Coll y Rodolfo Gareis . Vestuario: Ana Torrejón y Pupi Caramelo. Duración: 75 minutos.

“Y entonces me iluminó de repente este pensamiento sencillo y santo: que yo no tenía que ser ni maduro ni inmaduro, sino así como soy.., que debía manifestarme y expresarme en mi forma propia y soberbiamente soberana, sin tener en cuenta nada que no fuera mi propia realidad interna. ¡Ah, crear la forma propia! ¡Expresarse! […] cuando de repente suena el timbre”

Witold Gombrowicz, Ferdydurke.

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Hoy en día se habla de una poética de Rejtman, o de un estilo propio, que ya damos por sentado. Este hecho no es menor, cuando a su vez observamos que muchos creen ver en las películas de Rejtman un cine que nos habla del vacío, del aburrimiento, del desinterés o de la absurda nada; llena de tiempos muertos. Así los personajes de Rejtman son caracterizados por la decadencia, la carencia de sentido, el desinterés y la falta de pasión. Sin embargo ¿realmente en eso consiste la poética de Rejtman?

“Rapado” es vista como la película precursora del denominado Nuevo Cine Argentino (su fecha de realización es de 1991, si bien su estreno se produjo recién en 1995). Por lo tanto se observa desde aquí una clara contraposición al cine argentino de los `80 al que el NCA parece acusar de retóricas gastadas, de pedagogías baratas y de constituir modelos identitarios sin fisuras. Pero tampoco esto es suficiente para hablar de una poética propia ¿Qué es por lo tanto lo que parece distinguir, lo particular de las películas de Rejtman?

Podríamos pensar que se trata de ese particular ritmo; un ritmo propio visual, sonoro, narrativo; y que como tal es percibido; y por lo tanto un mundo de por sí. Rejtman ha logrado constituir una poética propia que nos desafía a un nuevo intercambio con nosotros los espectadores y sus films. Este ritmo propio parece estar caracterizado sobre todo por un riguroso estilo: austero, medido, cuantificado y que incluso parece querer develarnos su carácter de artificialidad.

La artificialidad y austeridad se marca en todo el universo del film; en los diálogos, relatos, planos, objetos significantes; reforzando a su vez una idea de sutileza y de distanciamiento. En el cine de Rejtman no hay pretensiones de grandes aventuras, no hay héroes, ni tragedias; los personajes más bien parecen vagabundear, deslizarse en el tiempo. Sin embargo este no es un tiempo muerto, sino mas bien un tiempo puntual, estricto, donde no suceden acontecimientos sino hechos concretos. A su vez estos hechos concretos se suceden en el propio devenir del film, sin hacer referencia a un exterior, o un fuera de campo oculto y que espera ser develado. No hay sorpresas, no hay ocultos; no hay acontecimientos anteriores que se superponen, sino que todo sucede en el mismo universo y devenir temporal del film; pero si hay decisiones azarosas de los personajes. El film ““Rapado”” comienza con el robo de la moto del protagonista. En ese momento, él decide cortarse el pelo, raparse y esa será su marca en el cuerpo durante todo el film. “Silvia Prieto”, años después, comienza con la voz en off de su protagonista que nos anuncia: “Al cumplir veintisiete años decidí que mi vida iba a cambiar […] Nada iba a volver a ser como antes”

Es notoria, en cuanto a la artificialidad, la forma en que aparecen y se escuchan las mercancías, los objetos; los cuales parecen tener vida propia: circulan al igual que los cuerpos de los personajes, con ellos o incluso de forma autónoma. Son las cosas mismas las que muchas veces logran circular, significar y distinguirse. En “Rapado” los cigarrillos son diferentes: hay Malboro y Parissien, y no pueden ser sustituidos; la moto del primo de Damián es única e identificada por su dueño a simple vista, además de que puede ser identificada por el número de motor. Incluso muchas veces las mercancías no logran volverse equivalentes con el uso del dinero: hay billetes falsos y formas de transacción alternativas a la compra. Los objetos son así seriados, circulan, pero también se imponen, marcan; en un mundo de cálculos, de tiempos (donde siempre los personajes en “Rapado” se preguntan o confirman horas, y recordemos también que el reloj es el objeto que se olvida Lucio luego de sus encuentros fugaces, ¿amorosos? en dos oportunidades). Ahora bien esto se observa también en las películas que le seguirán a “Rapado” (sobretodo en “Silvia Prieto”), sin embargo encontramos en “Rapado” un tipo de economía relacional, casi existencial, entre los personajes que parece querer marcar con más fuerza. Economía que en este caso refiere tanto al estilo “austero” del director, como a las mismas transacciones que crean y configuran relaciones en sus películas.

Es en el mundo en el que se sitúa “Rapado”, el de la adolescencia signada por la ambigüedad, por el vagabundear y transitar constante de personajes que buscan más bien una huida, donde la resignificación y el anclaje con los objetos parece ser más fuerte por parte de los personajes. Las mercancías son algo más, no es que sean humanizadas, sino que son resignificadas. El objeto perseguido, buscado, querido y hasta adorado; que aparece y reaparece constantemente, es la moto.

“Rapado” es una película de jóvenes que rodean los veinte años, lo que parece inusual en el cine argentino de la época. Rejtman nos muestra espacios y figuras que transitan los jóvenes: los videojuegos, motos, zapatillas, discos, vidrieras, patinetas; por ellos deambulan y transitan pero no en forma apática; sino mas bien como búsquedas, resistencias, superaciones (como el record en los videojuegos); recordemos además que Lucio decide raparse luego de que le roban la moto; aunque todas las acciones están marcadas más por el azar que por la aventura.

Si bien en el mundo de la adolescencia los padres ya parecen estar descuajados y reina una cierta ambigüedad e indecisión; y, como dice la canción del cassette en la moto robada “Estaba en la calle sin trabajo y sin amor nadie decía nada bueno, nada malo, nada de mí”; los personajes buscan y sienten una intensidad: de recuperar y viajar en moto; de tener amores, aunque sean fugaces. Aunque todo es transitorio y esta en movimiento, los personajes buscan y de alguna forma lograrán una experiencia (aunque quede trunca). Por que es en la adolescencia, donde los sujetos se afirman en su indefinición, cuando todavía queda posibilidad de hacer suyas experiencias: de reapropiarse de motos y llevar la ruta a su habitación (como sucede en la escena en que Lucio enciende la moto robada en su habitación), y así hacerse del camino, aunque ora artificial, estanco. Si bien la moto es otro medio de transporte, tiene un significado especial (como el remís en “Los guantes mágicos”); no es la mera circulación, el constante aburrimiento; sino la resignificación posible de los denominados no lugares en la postmodernidad, o el capitalismo tardío de la década de los 90.

Si las películas de Rejtman se caracterizan por una acumulación; en “Rapado” es posible formar una experiencia con ello. Al tratarse de un mundo de adolescentes resiste una ingenuidad, una huida posible, una experiencia vital en el cúmulo de experiencias que parecían vanas. Damián conoce a una chica en la calle que le pide dinero y el finalmente se le acerca con un beso; Lucio se quedará a dormir en la casa del chico que conoció en los videojuegos, donde volverá a olvidarse su reloj.

De esta forma el carácter artificial que desde aquí se enuncia no es para denunciar, sino que logra hacer una poética misma de la artificialidad en el mundo de la industria cultural intensificada. Pero no de forma pesimista o en la que parece que nos dominan las mercancías, sino mas bien para proponernos una resignificación, o al menos el intento de esta. Pero, que a su vez, debemos hacer nosotros también espectadores, ya que esta nueva interacción que plantea el cine de Rejtman, con su particular poética, nos propone, quizás un distanciamiento, una extrañeza (por su particular estilo), en una primer instancia; para que luego podamos reapropiarnos nosotros también del sentido como espectadores activos, aunque este también quede trunco.

www.imaginacionatrapada.com.ar
13/7/2007

     
     

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