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“Ratatouille”: Saber cocinar
una buena receta también es un arte
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 2007) Dirección:
Brad Bird. Elenco original: Patton Oswalt (Remy),
Ian Holm (Skinner), Lou Romano (Linguini), Brian Dennehy (Django),
Peter O'Toole (Anton Ego), Brad Garrett (Auguste Gusteau), Janeane
Garofalo (Colette), Will Arnett (Horst), Julius Callahan (Lalo/François),
James Remar (Larousse). Guión: Brad Bird;
basado en un argumento de Jan Pinkava, Jim Capobianco y Brad Bird.
Producción: Brad Lewis. Música:
Michael Giacchino. Montaje: Darren Holmes. Duración:
110 min.
Lingüini - ¿Sabes cocinar?
Remy - (asiente encogiendo los hombros)
Lingüini - No seas modesto, eres una rata
"Ratatouille"
Ratatouille: La Ratatouille (se
pronuncia [ratatúi]) es una especialidad regional francesa
originaria de la ciudad de Niza y en general de la región
de Provenza. Se trata de un plato vegetariano resultante de freir
en aceite de oliva una serie de verduras (se pueden freir todas
juntas o verdura por verdura). La receta varía al gusto del
cocinero e incluye generalmente tomates, pimientos, cebollas, calabacín
y berenjenas en proporciones variables. Se sirve sólo, acompañado
de pan, arroz o patatas o muy frecuentemente como guarnición
de algún plato de carne o pescado. Si bien algunos restaurantes
y cocineros emplean la palabra ratatouille con mayor o menor éxito
en su ortografía ésta puede sustituirse en español
por pisto ya que son recetas equivalentes. (Tomado de Wikipedia.
Links con recetas al fondo de la nota)
Ratatouille es, entonces, un plato popular,
no asociado naturalmente a la alta cocina o a lo refinado. Como
los guisos, es una comida asociada a la fonda o lo casero, a lo
que se come “en casa”.
“Cualquiera puede cocinar”, reza
el libro que lleva al chef Auguste Gusteau al éxito y a la
ruina. Al éxito, porque se convierte en un best-seller y
en una celebridad. A la ruina, porque lo enemista con el crítico
de cocina Antón Ego (en la versión original, con la
voz de Peter O´Toole), quien considera que la propuesta de
Gusteau es una afrenta para los paladares refinados.
Remy es una rata con buen gusto, dotado de
un olfato privilegiado que le permite distinguir olores y sabores.
Muy similar al protagonista de “Perfume”, de la novela
de Peter Susskind y su correspondiente película dirigida
por Tom Tykwer, el asesino serial que percibía todos los
olores y estaba obsesionado con poder capturar la esencia de las
cosas. Pero Remy dista de ser un asesino, más bien todo lo
contrario. Es una rata horrorizada por las costumbres culinarias
de su familia. La curiosidad lo lleva a pasar más tiempo
en terreno humano, y eso lo conduce a tomar contacto con el libro
y el programa de televisión de Gusteau, aprendiendo a combinar
recetas para elaborar platos.
Pero el evento traumático que aleja
al héroe de su rutina finalmente ocurre (sigue siendo una
película Disney, con lo cual hay dos puntos que es esperable
encontrar: la crisis de la familia como pauta de crecimiento y el
“diferente” como héroe y protagonista). Por un
lado, la muerte de Gusteau, posterior a la ruina económica
y el descrédito, que influyen en el ánimo de Remy.
Por otro, un experimento de este último que sale decididamente
mal y termina con un exilio masivo y forzado.
Ya desde ese inicio, Brad Bird juega con la
parodia sobre los hábitos alimenticios de la gente, así
como aprovecha para sacudir un par de golpes a la crítica
culinaria (cinematográfica) en su aspecto más pomposo
y snob. En un film que el tema es la comida, que se inicie con una
distinción entre alta cocina – comida popular –
comida basura no parece gratuito. Que se utilice en el mundo real
a la rata Remy como ícono de merchandising para alguna cadena
de comida rápida no deja, en ese sentido, de ser irónico.
Remy
llega a París, donde va a parar al restaurante del fallecido
Gusteau, donde se transformará en el genio culinario más
extraño que la Ciudad Luz haya conocido, ya que, como es
de imaginar, una rata, animalito famoso por propagar pestes, no
es lo primero que uno quisiera tener al frente de la cocina del
lugar donde come.
Peripecias, algo de comedia romántica,
otro poco de fábula, la película avanza. En el medio,
una insistencia con respecto a la idea de “sociedad civilizada”
que puede resultar un poco molesta, pero que también tiene
su reverso paródico. Mientras que Remy quisiera que los suyos
se comportaran más humanamente, y ve el “robar comida”
como algo poco honorable, no puede ver que los humanos no sólo
se hacen lo mismo, sino cosas mucho peores.
Dilemas
de identidad de una rata que no quiere ser “rata”, pero
que tampoco puede ser “humano”. Rata que hace terapia
con un fantasma de Gusteau, descubre que es quien es únicamente
cuando persigue su Deseo.
Dilemas sobre lo refinado y lo popular, donde
se busca una suerte de “podemos convivir todos en paz”,
porque se entiende que lo popular y lo refinado no tienen por qué
ser antagónicos ni símbolos de lo “superior”
y lo “inferior”. Sólo queda la “buena comida”
y la “comida chatarra”.
Brad Bird, quien ya se hiciera cargo de “Los
Increíbles”, trabaja acá también el universo
de sus personajes. No es simplemente ubicarlos y rodearlos de gags
y parodias, sino realmente construir personajes y sus mundos, desde
lo creativo-técnico (conceptos visuales de personajes y entorno,
paleta cromática, movimientos, dirección de arte,
fotografía, animación), como desde el argumento, la
trama y los diálogos. La gama de colores, en ese aspecto,
anuncia ya desde el inicio el desenlace con sus tonalidades cálidas.
Lo inesperado del final aparece en la frase emblemática del
comienzo, pero traicionando la expectativa usual y dándole
un giro distinto a la fábula. El humor como resultado de
las situaciones y no como meros gags aislados, y tanto para niños
como para adultos (una marca registrada de Pixar).
Un poco como lo que ocurre con la distinción
entre comida chatarra y popular: el cine de entretenimiento, dentro
del cual se inscribe “Ratatouille”, no significa tomar
al espectador, no importa su edad, por idiota.
www.imaginacionatrapada.com.ar
6/7/2007
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