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“Vuelo Nocturno”: Wes Craven
y sus miedos
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Wes Craven.
Guión: Carl Ellsworth; basado en un arguemnto
de Carl Ellsworth y Dan Foos. Elenco: Rachel McAdams
(Lisa Reisert), Cillian Murphy (Jackson Rippner), Brian Cox (Joe
Reisert), Amber Mead (Sarah), Brittany Oaks (Rebecca), Kyle Gallner
(Kevin), Laura Johnson, Monica McSwain, Angela Paton. Producción:
Chris Bender y Marianne Maddalena. Música:
Marco Beltrami. Fotografía: Robert Yeoman.
Montaje: Patrick Lussier y Stuart Levy. Diseño
de producción: Bruce Alan Miller. Vestuario:
Mary Claire Hannan. Duración: 85 min.
Wes Craven es sinónimo de terror genérico.
El padre de Freddy Krueger siempre se las ingenia para retornar.
Su mundo, ironías del cine, siempre se mueve sobre las pesadillas
de la gente, desde “Las pesadillas de Freddy”, pasando
por productos sin pena ni gloria como “Wishmaster”,
éxitos de taquilla basados en burlarse de un género
aparentemente agotado en la secuela “Scream”, y nuevamente
en “Vuelo Nocturno” (“Red Eye”, su título
original en inglés, que refiere al último vuelo nocturno
de cada jornada).
En “Vuelo Nocturno”, Craven elabora
una trama sencilla y la mantiene con algo de trampa. Lisa Reisert
es la gerenta de un hotel top, pero se haya fuera, en Dallas (se
hace incluso un guiño: la billetera de su padre, Joe Reisert,
tiene las iniciales JR, que recuerdan al legendario villano de la
serie “Dallas” que pareció durar siglos), por
la muerte de su abuela. En el vuelo de regreso, se topará
con un misterioso Jackson Rippner (sí, sí, suena parecido
a Jack the Ripper), que le comenta que debe colaborar en el asesinato
de un prominente político que está por hospedarse
en su hotel, o de lo contrario su padre sufrirá las consecuencias.
La inseguridad es la pesadilla de turno, la
sensación de impotencia frente al violento, al prepotente.
No es casualidad que Craven haya elegido una avión para colocar
a su personaje. El avión no es secuestrado, sino la propia
Lisa, atrapada durante las horas que dure el vuelo, por su demonio
personal (perturbador Cillian Murphy). Con toques de humor negro
y suspenso basado en el encierro y la hora límite para que
Lisa realice la llamada, Craven mantiene tenso al espectador durante
los 85 minutos del film.
“Vuelo Nocturno”, salvo por su
trillado final, es un ejercicio de estilo. Para mantener el dramatismo,
Craven opta por evitar los efectos especiales y concentrarse en
los rostros y en la capacidad dramática de sus actores (hay
abundancia de primeros y primerísimos primeros planos, sobre
todo de Lisa y Jackson, con un montaje ágil que nunca decae
en su ritmo y que logra un equilibrio entre lo que muestra y lo
que oculta). La cámara se niega a abrir el plano, y el encierro
y la asfixia provienen entonces también del propio encuadre.
Lo siniestro, por definición, es aquello que nos es familiar,
incluso puede ser hasta cercano o amigable a nosotros, pero que
de repente se vuelve extrañado, ajeno, antagonista. Y Craven
basa su filmografía en la desestabilización del mundo
de sus personajes.
El final es previsible, pero en “Vuelo
Nocturno” la gracia precisamente está en el trayecto
y no en su arribo.
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9/09/2005 |