Cine / Ciencia
Ficción / Thriller - Crítica

“Regresiones de un hombre muerto”:
Ecos del futuro en estados alterados
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("The Jacket", EEUU y Alemania,
2005) Dirección: John Maybury. Elenco: Adrien
Brody (Jack Starks), Keira Knightley (Jackie Price), Kris Kristofferson
(Dr. Becker), Jennifer Jason Leigh (Dra. Lorenson), Daniel Craig
(Mackenzie), Kelly Lynch (Jean), Brad Renfro (Desconocido), Laura
Marano (Jackie [joven]). Guión: Massy Tadjedin;
basado en un argumento de Tom Bleecker y Marc Rocco. Producción:
Peter Guber, George Clooney y Steven Soderbergh. Música:
Brian Eno. Fotografía: Peter Deming. Montaje:
Emma Hickox. Diseño de producción:
Alan MacDonald. Vestuario: Doug Hall. Duración:
103 min.
Jack Starks murió en la Guerra del
Golfo en 1991. En medio del infierno, quiso ayudar, como si el no
fuera parte del problema.
“La primera vez que morí,
tenía 27 años”
Pero la bala letal no terminó de dar
en el blanco, y Jack fue dado de baja, con un serio trauma que lo
dejó con problemas para generar o mantener nuevos recuerdos,
sobre todo si implican situaciones violentas.
Ahora Jack camina por un desierto blanco,
como esa especie de presente vacío en que ha quedado él.
Del desierto y el calor, de la oscuridad, al blanco cegador y el
frío. Encuentra a una niña y su madre al borde de
la ruta, su camioneta ha dejado de funcionar. La madre está
completamente ebria o drogada, casi inconsciente, la niña
dice llamarse Jackie. En medio de la nada, en unos breves segundos
de charla mientras Jack arregla el desperfecto de la camioneta,
la niña Jackie le da fragmentos de aquella pureza e inocencia
primigenia que el soldado Jack creía perdidas.
Elipsis (hay algo en el medio, pero no lo
vamos a decir)
Jack
en un juicio. Alguien ha muerto. Él es el acusado, pero no
recuerda, los hechos se encuentran detrás de una niebla espesa
en su memoria. Jack es un veterano de guerra, traumado, no puede
ser considerado responsable de sus actos. Jack al manicomio. Jack
parte involuntaria de un experimento conductista. Visiones…
hacia atrás, hacia delante… y otra vez al presente…
¿qué pasaría si no fueran alucinaciones producto
de las drogas que le inroducen? El manicomio es el lugar donde van
aquellos que quedan fuera de lo que denominamos “normalidad”
psico-física. Pero también es el lugar donde las hipótesis
descabelladas se vuelven posibles. Es el verosímil de la
“casa de locos” que tanto nos asusta a quienes estamos
afuera.
El cuerpo como centro del sueño
Desde el inicio, Maybury ataca al espectador
con planos cerrados, la muerte, o esa muerte potencial que no termina
de concretarse, como algo claustrofóbico. No es una muerte
pacífica, sino una pesadilla que encierra a su protagonista
y lo constriñe a través de diferentes uniformes. La
cámara se cierra, no deja escapatoria. El montaje acelerado
en el que se suceden imágenes del cuerpo, del rostro, de
los ojos que miran hacia un “ningún lugar” buscando
“qué”.
No hay diferencia entre el frente de batalla
y el manicomio, ni siquiera con ese corto intermedio en el blanco
desierto de algún lugar de Estados Unidos. Todos están
descontextualizados, universos cerrados que únicamente dialogan
entre sí y no hacia fuera, que pueden ser tanto escenarios
como locaciones en la geografía mental de Jack Starks donde
vida y muerte están en permanente conflicto.
El
título en inglés, “The Jacket”, hace alusión
al chaleco de fuerza que se le coloca al protagonista cada vez que
se lo hace pasar por el experimento, pero también es una
constricción presente a lo largo del film. Jack en uniforme
está limitado por unas directivas que considera absurdas
y que lo insertan en una situación imposibles, tan imposible
como las del experimento conductista de los médicos del manicomio.
El vestuario de los enfermeros, lleno de colores, no difiere demasiado
del pijamas de los internos, así como el uniforme camuflado
no difiere del terreno que se ha convertido en un aquelarre de reglas
y lógica destruidas.
Ese cuerpo que se niega a morir es inspeccionado
por Maybury. El cuerpo como envase del espíritu de Jack,
y este espacio (el del espíritu) como aquel que impulsa al
cuerpo a nuevos límites.
Para el soldado Starks que ha presenciado
lo terrible hacia fuera y que ha muerto, el mundo no tiene un lugar
para él. El ambiente al que dice no pertenecer, el del manicomio,
es precisamente el que le da contención (cruel y violenta,
sin embargo).
La búsqueda de Jack es la escapatoria
del manicomio, pero sobre todo el volver a encontrarse a sí
mismo. El vagabundeo sin rumbo por las tierras nevadas del comienzo
no son otra cosa que un equivalente en espacios abiertos.
Maybury opone los planos abiertos a los cerrados,
dejando a su personaje en un desbalance permanente, donde los planos
normales, medios, estables, no son la norma sino la excepción.
La luz y el texto
Los créditos del inicio muestran una
tipografía que permanentemente se sobreimpone a sí
misma. Letras encima de letras, a veces iguales, a veces distintas,
como un segundo texto buscando emerger por arriba del primero pero
que no lo consigue. El film entero sigue la misma línea,
donde textos se superponen a otros textos, y Jack se superpone consigo
mismo en más de una ocasión.
El ambiente sombrío de esa noche de
guerra inicial no consigue un contraste. Todos los ambientes son
decadentes o desolados. Lo que abunda, por encima de todo, es la
sensación de soledad; todos los personajes están indefectiblemente
solos. Cada uno elige huir de esa soledad a su manera…
Abundan
los tonos fríos, cuando no cianóticos, extrañados…
la calidez es algo que existe a cuentagotas entre los personajes.
Como mucho se les permite una temperatura de color normal, sobria.
Jack está solo y rodeado de soledades.
Esa intención inicial de ayuda, la
que terminara con una bala en su cabeza, habrá de repetirse
con empecinamiento. El film va en contra de esa intención,
castigando a su personaje por su imposibilidad de aceptar su aislamiento.
Las sombras, la penumbra, el ahogo, los planos
cerrados, los cuerpos apelmazados.
Visiones y realidad no se separan, son indistinguibles…
¿qué son las visiones? ¿son un deseo de cómo
debería ser la realidad? ¿son reales?
El film tiene, si se quiere, un defecto, que
es que la aceptación de la situación (de viaje en
el tiempo) por algunos personajes resulta acelerada, algo forzada.
Es posible pensar que más desarrollo en ese sentido ralentara
el relato, o que fuera un requerimiento de producción. Lo
cierto es que por momentos el cuidado con que transcurre toda la
narración choca con estas “licencias poéticas”.
De todas maneras, Maybury va elaborando una
trama claustrofóbica, donde resulta hasta necesario creerle
a Jack. Es “necesario” creer en la escapatoria, porque
la realidad no lo permite, cercándolo (literal y metafóricamente)
en este limbo al que ha ido a parar. En las visiones, respira, en
el presente, se ahoga.
La
aparición del personaje femenino (el de Keira Knightley)
aligera la carga de Jack. Ella, que apareciera en el inicio, en
medio de ese desierto blanco como una niña a la que el protagonista
ayuda, que representara de forma sutil la inocencia que Jack quisiera
rescatar. En esas visiones futuras, Jackie es una mujer, pasa a
ser el objeto de redención de Jack. Ayudarla en el presente/pasado
es redimirla y redimirse, rescatar la inocencia y una forma de esperanza…
(a partir de acá se mencionan
elementos del final de la película, así que leer sólo
en caso de que no molesten esos detalles)
El relato laberíntico repentinamente
se vuelve lineal hacia el final. La meta de Jack, que avizora su
“segunda muerte” (recordar la frase inicial “La
primera vez que morí”), es lograr extraer la suficiente
cantidad de datos de ese futuro para reparar lo que pueda ser reparado
en su presente/pasado. Pero es una falsa linealidad. A medida que
avanza la narración, Jack recibe datos en el futuro de lo
que ha ocurrido, que él reproduce en su presente, convirtiéndolos
inmediatamente en pasado (pasado que vuelve en las visiones futuras).
Todo esto convence a Jack de la inevitabilidad de los hechos, incluida
su muerte, no obstante lo cual persiste en su intención de
accionar sobre su presente para cambiar aquel futuro.
El artificio lumínico y de montaje
anterior deja lugar a la narración transparente. Narración
que, sin embargo, dista de serlo.
El final, en el que se produce la muerte de
Jack, esa muerte inevitable, lo muestra una vez más volviendo
al futuro para constatar los cambios. La Jackie solitaria y desesperanzada
ha dejado lugar a una joven médica, y Jack sonríe
feliz en medio de un deja vu casi idílico. El sacrificio
da sus frutos y todos felices en un “happy ending” que
restaura el orden perdido incluso desde antes del comienzo del film.
Sin embargo, todo era inevitable y todas las
acciones de Jack ya se habían convertido en pasado. No sólo
aparece el cuestionamiento de “¿Hasta qué punto
no es todo una gran alucinación?” sino, también,
“¿Hasta qué punto esta última visión
no es una expresión de deseos del moribundo?”.
En el mundo de Jack, es hasta cierto punto
él mismo el que elabora las reglas, el que elige qué
olvidar y qué recordar. Cada uno huye hacia donde puede y
como puede.
En el mundo de Jack, la huída posible
es hacia el relato cinematográfico de final feliz. Al menos
ahí se pueden cambiar las reglas.
Parientes narrativos
A lo largo del film se pueden detectar influencias
y/u homenajes varios:
- “Jacob´s Ladder”:
En el film de Adrian Lyne, un soldado que regresa de Vietnam sufre
de alucinaciones, no pudiendo distinguir en que plano realmente
está ocurriendo su vida.
- “La Jetee”:
El ya mítico mediometraje de Chris Marker, en el cual se
inspirara la “12 Monos” de Terry Gilliam. Holocausto
mundial, la humanidad ha debido trasladarse debajo de la superficie
para poder sobrevivir. Los científicos desarrollan un método
experimental que permite viajar en el tiempo mente mediante. El
protagonista es inducido con las drogas experimentales a realizar
estos viajes y encontrar la solución para poder regresar
a la superficie. El protagonista es perseguido por un sueño
recurrente desde el inicio que habrá de regresar en estos
viajes al pasado, cerrando la circularidad del relato.
- “Atrapado sin salida”:
Jack Nicholson en el film que lo estableciera como actor estrella
protagoniza, dirigido por Milos Forman, a un criminal que se hace
el loco para evitar la carcel. En el manicomio (retratado de forma
bastante similar en “Regresiones…”) va en contra
de las reglas y es permanentemente castigado para ser “normalizado”.
Aquel que no encaja en el sistema debe ser destruido; el sistema
dicta cuál es la realidad y qué y quién debe
quedar fuera.
- “12 Monos”,
el film ya mencionado combinaba también el ambiente del manicomio
con el de “La Jetee”, y la idea de que el protagonista
podía o no estar alucinando.
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8/9/2006 |