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“Sin City": Frank Miller trae
sus pecadores a la pantalla
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Robert
Rodriguez y Frank Miller. Guión: Frank Miller;
basado en sus cómics. Intérpretes:
Bruce Willis (Hartigan), Jessica Alba (Nancy), Rosario Dawson (Gail),
Benicio Del Toro (Jackie Boy), Brittany Murphy (Shellie), Clive
Owen (Dwight), Mickey Rourke (Marv), Elijah Wood (Kevin), Michael
Clarke Duncan (Manute), Michael Madsen (Bob), Josh Hartnett (El
Hombre), Carla Gugino (Lucille), Jaime King (Goldie), Frank Miller
(Cura), Nick Stahl (Roarke Jr/Bastardo amarillo), Devon Aoki (Miho),
Alexis Bledel (Becky), Rutger Hauer (Cardenal Roark). Producción:
Robert Rodriguez, Frank Miller y Elizabeth Avellan.
Música: Robert Rodriguez, John Debney y
Graeme Revell. Fotografía: Robert Rodriguez.
Montaje: Robert Rodriguez. Director invitado:
Quentin Tarantino Duración: 126 min.
“Sin City” no iba a pasar jamás a la pantalla
grande. Frank Miller, su creador, se negaba a vender los derechos
a los estudios, temiendo que su serie de historias corriera destinos
inciertos. Y, de todos los posibles, fue Robert Rodríguez
quien convenció a Miller de ceder a su niño. Es más,
el propio autor codirigió el film junto a Rodríguez
y al director invitado Quentin Tarantino. Con ellos, se alineó
un elenco variopinto de estrellas y en vías de.
Anécdotas al margen, “Sin City”
es un producto único en tanto es el más completo y
preciso pasaje de un cómic a la pantalla. No es una adaptación,
sino literalmente un traslado de las imágenes y palabras
al formato cinematográfico. Los paneles del cómic
original fueron tomados como storyboards a ser reproducidos en el
set con precisión matemática no sólo por los
técnicos, sino también por los actores. El film está
realizado en un blanco y negro de altísimo contraste con
toques de color aquí y allá, como su referente de
papel.
El mundo de “Sin City” es un mundo
perdido, habitado por monstruos de carne y hueso, donde inexplicablemente
persisten algunos elementos de resistencia. Inútil, destinada
a la derrota, y quizás por ello más atractiva, la
lucha del que sabe que va a perder y sin embargo no cesa en su intento.
El mundo que construyen Rodríguez,
Miller y cía. es una ficción, sus perspectivas dobladas,
forzadas, góticas y de los años ´30. La enorme
presencia digital está al servicio de esta construcción,
de poder crear la idea de este universo cerrado (porque, además,
nadie sale de Sin City), basándose en en el realismo irreal
del comic.
Los episodios se entrelazan, narrativa y cronológicamente,
dando la sensación de que este lugar ha sido y siempre será
así, que no hay quiebre sino una corrupción regular
y constante que se fagocita a los débiles. Lo que se oculta
a la mirada en “Sin City” no es la violencia sino su
opuesto. Quienes logran descubrir su humanidad en medio de tanta
porquería son precisamente aquellos que logran, aunque sea
por un momento, diferenciarse del resto de los animales salvajes
que habitan la ciudad.
Se ha acusado al film/comic de misógino,
por su retrato y trato de los personajes femeninos, pero en realidad
en Sin City no hay distinciones. La barrera de lo masculino y lo
femenino se encuentra borrada en tanto la dureza es la que debe
prevalecer. La mujer es capaz de la misma crueldad que el hombre.
Fuera de eso, son los elementos del film noir los que se encuentran
cuando la sexualidad femenina se ofrece como redentora de la bestialidad
masculina.
Un elenco sin fisuras, que se transforma en
los personajes (sobre todo los casos de Benicio del Toro y de Mickey
Rourke), acompañan una resolución impecable desde
el montaje y la producción técnica. Tanta perfección
estética, tanto respeto al cómic, curiosamente, le
quita sin embargo en este caso quizás un poco de “originalidad”,
un poco de calor. Quizás una de las pocas objeciones que
se le puedan hacer, ya que otras seguramente respondan más
bien a una cuestión de gusto o de afinidad o no al género.
La violencia de “Sin City” aparece
en abundancia pero, al igual que en “Kill Bill” (Tarantino,
2003), aumenta lo propio del género al tiempo que lo convierte
en un elemento estético.
Nos vemos atraídos al mundo de “Sin
City” porque vivimos en un mundo que, con más luces
y colores, nos propone la misma violencia. La oscuridad nos atrae
(¿como forma de exorcizar la propia o la que nos rodea?),
pero también, al no encontrar más caballeros de armadura
brillante, aquellos héroes que sabiéndose vencidos
siguen levantándose por ese último ideal al que se
aferran con alma y vida.
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29/07/2005 |