Cine / Terror
- Crítica

“La llave Maestra”: Creo,
luego soy
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("The Skeleton Key", 2005)
Dirección: Iain Softley. Guión:
Ehren Kruger. Elenco: Kate Hudson (Caroline Ellis),
Gena Rowlands (Violet Devereaux), John Hurt (Ben Devereaux), Peter
Sarsgaard (Luke), Joy Bryant (Jill), Maxine Barnett (Mama Cynthia),
Fahnlohnee Harris (Hallie), Marion Zinser (Mujer en pantano), Trula
Marcus (Enfermera Trula), Tonya Staten (Enfermera Audrey). Producción:
Daniel Bobker, Iain Softley, Michael Shamberg y Stacey Sher. Música:
Edward Shearmur. Fotografía: Dan Mindel.
Montaje: Joe Hutshing. Diseño de
producción: John Beard. Vestuario:
Louise Frogley. Duración: 104 min.
Así como en su momento “Spiderman”
tenía algo de raro e histórico en su trailer (probablemente
una de las últimas superproducciones hechas con New York
como motivo – el amigable Hombre Araña se columpiaba
sobre las Torres Gemelas, cosa que debió editarse), “La
llave maestra” (“The Skeleton Key”, que significa
precisamente "llave maestra"), lo tiene por suceder en
New Orleáns. Pero ese dato al margen, y salvo por su final,
el film, dentro del género terror, es un regreso al viejo
y querido film de horror psicológico (film de horror donde
se privilegia el suspenso, lo sugerido, por sobre el monstruo como
efecto en sí).
En un mundo donde el miedo es parte de la
alimentación diaria, aparece como
lógico que florezcan las diferentes formas de pesadilla
a nuestro alrededor. Del miedo al otro (“Vuelo
Nocturno”, de Wes Craven), pasamos al miedo a lo Otro.
El sur de los Estados Unidos es el lugar del pasado, primitivo (es
constantemente objeto de burla o estereotipificación por
parte de Hollywood). Pero es también el lugar identificado
como una fuente cultural donde se cruza la mitología cristiana
(diferentes formas de evangelismo) con diferentes ramas de cultura
afro (vudú, judu y demás), llegada de las diferentes
inmigraciones de esclavos y convertida en tradición con el
paso del tiempo. New Orleáns es, en ese sentido, una suerte
de polo místico en la cinematografía hollywoodense
(Alan Parker la usó para su “Corazón Satánico”,
y alguna “Candyman” supo también pasar por ahí).
“La llave maestra” tiene como
protagonista a Kate Hudson como Caroline Ellis, la enfermera que
entra a trabajar en la vieja casa de los Deveraux, a las órdenes
de Violet (Gena Rowlands) para cuidar a su apopléjico esposo
Ben (John Hurt). Como es de esperarse, a poco de entrar, Caroline
notará que las cosas están bastante raras y habrán
lógicamente de ponerse peor.
La historia se mueve con estilo literario,
elaborando las situaciones y los personajes con pequeños
detalles, sin dejar de todos modos de recurrir por momentos a diferentes
golpes de efecto para desestabilizar al espectador. La tensión
está generada a partir de la acumulación de situaciones
y detalles sueltos que pueden disparar la historia en una serie
de posibles direcciones. Pero, en este caso, el film juega con un
elemento particular: la fé. La película pone en evidencia
su propio recurso de forma explícita: nada funciona si no
se cree en ello, pero si se lo hace, uno se convierte en parte de
la historia (la esencia misma del cine). El autor del guión
es Ehren Kruger, responsable de "The Ring", "The
Ring 2", y "Brothers Grimm" (último film de
Terry Gilliam que gira alrededor de diversos cuentos
de hadas, pero que en principio no se estrenará en los
cines de Argentina); el terror, lo fantástico, los mitos
y, principalmente, su relación interactiva entre estos y
sus interlocutores evidentemente forman parte de su línea
narrativa.
Al margen de ciertos elementos que hacen a
una película de estudio (tomas que se concentran sobre el
cuerpo de Hudson pensadas para el ojo masculino, los sustos de rigor
producto de juegos clásicos de cámara, música
y montaje), “La llave maestra” es el producto de una
fotografía creadora de atmósferas y una cuidada dirección
de arte. Desde la imagen, el universo de los Deveraux parece existir
paralelo al resto del mundo; es el mundo donde habita la magia ancestral.
El entorno parece una y otra vez tragarse a los personajes (como
esa casa misteriosa, habitada por desaparecidos antepasados), en
claroscuros estratégicamente ubicados, o a partir de grises
verdosos extrañados y que bañan la piel de los protagonistas,
quitándole toda calidez a la imagen. Por otra parte, así
como la selva del Bayou (el pantano que caracteriza la zona) parece
omnipresente, con ramas que caen, árboles deformes y jardines
salvajes, así como un río sin origen ni fin, la casa
está viva, plagada de recuerdos y cicatrices que hacen a
su historia; como buena casa vieja, sus crujidos son los susurros
de sus propios relatos.
“La llave maestra” no busca el
estilismo y la elegancia narrativa de “Los otros” (2001,
Alejandro Amenabar), en tanto los conflictos psicológicos
de los personajes se quedan esencialmente en la superficie como
justificadores de varias de las acciones y el final cae en una resolución
de tipo “fórmula genérica”. Pero, asimismo,
su búsqueda estética como forma de ampliación
del film, su elenco y algunos detalles argumentales y temáticos
(el elemento de la creencia como otorgadora de poder) le evitan
caer en el simple film de estudio.
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16/09/2005 |