Cine / Festival
Internacional de Cine Indpendiente de Buenos Aires - Crítica

8º BAFICI - “Soledad al fin
del mundo”: Soledad, inmensidad, libertad, ser pequeño
y grande a un tiempo
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Argentina / Italia, 2005) Dirección,
guión y fotografía: Fernando Zuber, Carlos
Casas Edición: Felipe Guerrero Música:
Sebastián Escofet Productor Ejecutivo: Renzo
di Renzo Protagonistas: Pedro Segundo Hidalgo,
Alfredo Manquin, Jorge Stylarek. Filme documental. Duración:
52' / Video / Color. Funciones BAFICI: Martes 18,
21:45, Hoyts 11 - Jueves 20, 16:45, Hoyts 7 - Viernes 21, 16:45,
Hoyts 7
Tierra del Fuego, para muchos un símbolo
del fin del mundo. Las montañas miran impertérritas
desde su eterna paciencia. La nieve viene y se va. Lejos del crecimiento
demográfico de Ushuaia, Tierra del Fuego, como gran parte
del sur de Argentina, mantiene largas extensiones de tierra deshabitadas,
o casi. Algunos, vaya uno a saber por qué, eligen internarse
en esas tierras alejadas y hacer o rehacer su vida. En medio de
la nada, el elemento humano. En esa humanidad, la sensación
de libertad y soledad parecen aternarse.
Fernando Zuber y Carlos Casas arman este documental
en busca de esa respuesta, o quizás esa búsqueda es
simplemente la que impulsa a preguntar. Y a veces, con la pregunta
es más que suficiente, como en este caso.
Un largo, suave y lento paneo en un atardecer
(o un amanecer). Las montañas, la nieve, un aserradero. La
cámara transcurre mientras corren los primeros créditos
y sigue. Plano emblemático por su trabajo del tiempo, un
tiempo diferente, cronología alterada de la que vive en la
ciudad. En ese simple y poético fluir de la cámara,
ese paneo sin interrupciones ni saltos, esos silencios mezclados
con el viento que nunca se detiene, definen el film entero.
Tres historias, tres hombres. ¿Por
qué están ahí? ¿De dónde vienen?
¿Van a algún lado? En la primera historia la cámara
se mueve curiosa, como buscando descubrir en las arrugas talladas
de un viejo trabajador el relato de los años. Su voz farfulla
una narración de otros tiempos y ahí queda. Habla
de fútbol y familiares que no ve, como fantasmas en la distancia.
La segunda historia es la de otro hombre, en su rutina diaria, en
su intimidad constante con un cuaderno (es analfabeto y está
aprendiendo a leer y escribir, añora saber). No hay prejuicio,
sólo humanidad. Historias, relatos, pequeñas confesiones.
Es posible que la cámara los incomode o los intimide un poco,
pero la lente tampoco busca invadir, forzar. Es ese transcurrir,
ese tiempo alterno, no hay apuro, si hay algo que sobra en la soledad
es tiempo.
El tercer hombre es más histriónico,
tiene más palabras en su narración, otra narración.
Él es pescador. El paisaje, entonces, es otro, es el mar,
el mar del sur. Calma y furia en ese océano, "el mar
es generoso, te quita y te da". Los espejos de agua pueden
ser continuados por un temporal. La soledad. Un tren que parte.
Una llegada. La sensación de libertad. La pequeñez
frente a la inmensidad, otro tipo de humildad en ese sentimiento.
El paisaje que mira, el mar que observa, va
y viene, las figuras humanas en el medio. Una suave música
se mezcla siempre con los sonidos, con el viento que no cesa - compañía
constante -.Un plano largo se despide. No hay principio, no hay
final, es otro tiempo. Los cerros, la extensión, antes que
nosotros, después que nosotros, la eterna paciencia...
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/4/2006
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