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Sweeney Todd. El barbero demoníaco de la calle Fleet - Tim Burton

“Sweeney Todd. El barbero demoníaco de la calle Fleet”: El mundo cruel de Burton

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

("Sweeney Todd. The Demon Barber of Fleet Street", EEUU, 2007) Dirección: Tim Burton. Elenco: Johnny Depp (Benjamin Barker/Sweeney Todd), Helena Bonham Carter (Sra. Lovett), Alan Rickman (juez Turpin), Timothy Spall (Beadle), Sacha Baron Cohen (Pirelli), Jamie Campbell Bower (Anthony), Laura Michele Kelly (Lucy), Jayne Wisener (Johanna), Edward Sanders (Toby). Guión: John Logan; basado en el musical de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler. Producción: Richard D. Zanuck, Walter F. Parkes, Laurie MacDonald y John Logan. Música: Stephen Sondheim. Fotografía: Dariusz Wolski. Montaje: Chris Lebenzon. Diseño de producción: Dante Ferretti. Vestuario: Colleen Atwood. Duración: 116 min.

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Desde que allá por mediados del siglo XIX George Pitt escribió sobre un barbero asesino serial, supuestamente basado en hechos reales, “Sweeney Todd” ha pasado por numerosas adaptaciones. La última es la dirigida por Tim Burton, basada en un musical de Stephen Sondheim de fines de la década del ´70, que, a su vez, se inspiraba en una obra de teatro de 1973 de Christopher Bond.

Antes que la versión de Burton, la BBC había entregado un telefilm en 2006, con una interpretación más psicológica (una suerte de estudio sobre el asesino serial), donde, simultáneamente, se integraban otros aspectos de la leyenda, convirtiéndolo en una suerte de gran intertexto.

En “Sweeney Todd”, de Burton-Sondheim, Todd es Benjamín Barker, un barbero que ha sido falsamente acusado de un crimen y que vuelve tras quince años de prisión. El juez Turpin, el “malo” de la película, es quien ha enviado a Todd bien lejos, tras lo cual ha violado a su mujer (la cual, posteriormente, se ha envenenado) y se ha quedado con su hija. Todd retorna para buscar venganza.

El ambiente oscuro le sirve a Burton para ejercitar su estilo. El Londres que ve Todd no es el del progreso tecnológico, sino el de la pobreza (material y moral), de la peste. De hecho, si bien el relato original ubica a Todd a inicios del siglo XIX, Burton parecería instalarlo a fines del mismo siglo, al hacer referencia a la peste. Esta, como lo era en “Drácula” (donde su protagonista monstruoso actúa como suerte de metáfora), es lo que viene a castigar la mugre espiritual de la ciudad.

El Londres de Burton está teñido de palidez. Las ropas, los rostros, son como máscaras mortuorias. Para contrastar, el rubio de los cabellos de Johanna, la hija apropiada (que hasta se asemeja a la muñeca de porcelana que tuviera cuando niña), y el rojo predominante, que hace referencia a la sangre que vierte Todd con su hoja vengadora.

Peinado al estilo del Joven Manos de Tijera, Todd es el reverso de aquel inocente personaje – perseguido y humillado, pero que conseguía preservarse, alejado del mundo -, y el mundo es aquel que ha perdido la inocencia que en “Charlie y la fábrica de chocolates” se restauraba en el final. “Sweeney Todd” es una visión de un humor muy negro, de una atmósfera profundamente oscura. Es la densidad estilizada.

Burton se mueve tranquilo sobre el musical, porque ya lo ha utilizado para sus films de animación. De todos modos, el timing acá es irregular (incluso pese a haber eliminado varias canciones), con canciones más largas de lo que quizás deberían y secuencias que, pese a su calidad estética, producen más una interrupción que lo que agregan a la trama. En ese sentido, el pastiche que suele utilizar Burton acá se ve llevado a un extremo barroco. El montaje termina convirtiéndose en uno de cuadros vivientes más que de elementos narrativos encabalgados.

El final es ambiguo, y depende de cómo se lo tome, puede entenderse como pesimista u optimista. Quizás eso diferencie a “Sweeney Todd” de sus antencesoras, en tanto Burton permite que sus personajes lleguen a lugares de crueldad adulta (en otros films, la crueldad presente era más de tipo “infantil”, como la que tienen los niños hacia lo diferente o lo que no entienden), que sus predecesores no habían llegado. La única forma en que esto se sublima, curiosamente, es al convertirse en un producto estético y de ficción, al convertirse en una narración, en un cuento de horror.

www.imaginacionatrapada.com.ar
18/02/2008

     
     

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