Cine / Thriller
Político - Crítica

“Syriana”: Pasada la medianoche
en el jardín del Bien y del Mal
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 2005) Director: Stephen
Gaghan Guionista: Stephen Gaghan Elenco:
George Clooney, Matt Damon, Jeffrey Wright, Chris Cooper, William
Hurt y Mazhar Munir Director de fotografía:
Robert Elswit Montaje: Tim Squyres Música:
Alexandre Desplat Duración: 126 minutos
Trailer: http://wwws.la.warnerbros.com/syriana/
Así como en “Munich”,
en “Syriana”, de Stephen Gaghan (“Traffic”),
la visión sobre el mundo que habitamos es, cuando menos,
pesimista. No necesariamente porque no tenga solución, sino
porque quienes tienen la capacidad directa de influir sobre su dirección
esencialmente no están interesados en evitar que nuestras
vidas se vayan por el drenaje a una cloaca sin fondo.
“Syriana” es un film esencialmente
discursivo. Un montaje prolijo y un trabajo fotográfico dramático
le dan un envoltorio visualmente atractivo (muy similar, precisamente,
al de “Traffic”). Pero la película se apoya sobre
todo en una trama de intriga y espionaje que transita principalmente
a través del texto. Múltiples personajes se cruzan
y vuelven a cruzarse en un relato polifónico, en el cual
perder una línea de diálogo no es aconsejable. Gaghan
trabaja todas las explicaciones de forma obsesiva, cuando no didáctica;
parecería resultarle necesario dejar en claro el entretejido
siniestro sobre el que caminan los protagonistas.
En la narración, el “hombre común”
no aparece más que sugerido; el centro de atención
es la economía y todas las decisiones que la rodean. En su
propia burbuja, economistas, príncipes árabes, empresarios
y centrales de inteligencia deciden sobre los destinos del resto
de los mortales como si fuera un juego de TEG. Quizás la
mejor línea que nos defina a todos los que estamos “fuera”
de ese círculo selecto y enfermizo es la de “Bob”,
el agente de la CIA interpretado por George Clooney, quien en determinado
momento confiesa “Nunca me hice preguntas, simplemente hacía
lo que me pedían y lo hacía bien”. Aceptamos
el mundo que se nos entrega sin hacer las preguntas correctas, y
creemos la versión que se nos entrega de que no es posible
cambiarlo.
Entre las líneas narrativas construidas
por el film encontramos la de un economista en ascenso (Matt Damon),
cuyo rol podría ser más ambiguo de lo que parece a
simple vista, una lucha de poder entre príncipes árabes
(Arabia Saudita es un país clave en el conflicto petrolero)
aspirantes al poder, otra lucha, en este caso por los recursos energéticos,
protagonizada por gigantes petroleros norteamericanos, un agente
– un peón – engañado y entregado a los
leones, un joven paquistaní que deviene en terrorista (probablemente
el segmento narrativa más superficial del film). Cada una,
lógicamente, no funciona de forma individual, sino que cada
una es una voz de un coro angustiante y sin final.
La selección de planos que utiliza
el director está construida a favor de acentuar, en diferentes
momentos del film, aspectos puntuales sobre los que Gaghan busca
hacer hincapié. Si bien en apariencia este criterio no cambia
en demasiado el resultado, lo cierto es que privilegiando estos
temporales puntos de vista específicos, el director muestra
una visión más lineal, efectista y simplista, no complementando
sino, al contrario, por momentos obstaculizando el rico y complejo
discurso de los diálogos.
Ignorancia, desconocimiento, desinformación,
corrupción, tranzas, todo es explicitado y descripto a lo
largo del film. Sin embargo, de todas maneras, la habilidad de Gaghan
radica en dejar deslizar suficiente ambigüedades y preguntas
sin responder como para que el film consiga la atención del
espectador. Así como en “Munich”, e incluso más
acentuado, no hay personajes queribles o con los cuales el espectador
pueda identificarse. Todos están, de una manera u otra, sucios…
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17/2/2006 |