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“Tatuado”: Buscando la identidad
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(2004) Dirección:
Eduardo Raspo. Guión: Enrique Cortés
y Eduardo Raspo. Elenco: Nahuel Pérez Biscayart
(Paco), Luis Ziembrowsky (Álvaro), Jimena Anganuzzi (Tero),
Antonio Hugo (Gaucho), Horacio Roca (Vicente), Catalina Speroni
(Carla), Óscar Alegre (Cosme), Diana Lanas, Gonzalo Urtizberéa
(Tumulto), Mónica Gazpio. Producción ejecutiva: Marcelo
Schapces. Música: Daniel Melero. Fotografía:
Marcelo Iacarino.
Montaje: Mario Pavez. Dirección
artística: Paula Panini. Vestuario:
Griselda Vidal. Duración: 90 min.
La madre de Paco los abandonó a él
y a su padre a los tres años y medio de su nacimiento. Lo
único que le quede de ella es un tatuaje de una mangosta
en la muñeca izquierda. Su padre ha encontrado una nueva
pareja, Viviana, con quien acaba de tener una hija. La inestabilidad
de la adolescencia, la incomunicación con el padre (en parte
producto de ese pasado no resuelto) y la nueva hermana, terminan
por hacer eclosión en Paco, quien deposita todas sus esperanzas
de aligerar su angustia en encontrar las piezas faltantes del rompecabezas
de su vida. Cuando Paco escapa y su padre Álvaro debe ir
a buscarlo, éste se encuentra no sólo con la determinación
de su hijo de completar su búsqueda, sino con la novia rebelde
que acompaña las intenciones de su hijo.
Eduardo Raspo, en su segundo film, mezcla
la road movie con el drama familiar. El conflicto padre-hijo se
irá resolviendo, entonces, al ir recorriendo un camino tan
literal como simbólico. Como eje secundario, pero de presencia
muy fuerte, esta la búsqueda de la identidad. En un país
que pareciera nunca terminar de construir el pasado que le permita
finalmente ser hacia delante, los personajes adolescentes de Raspo
se muestran llenos de incertidumbre. La “marca” de Paco
le provee de un misterio que aparentemente completaría su
identidad; Tero, en cambio, crea una identidad en reemplazo de otra
con la que no está conforme, lo que eventualmente también
la lleva a la pregunta ¿quién soy?. Álvaro,
por su parte, teme ese pasado por lo que pueda revelar. Raspo parece
plantear a sus personajes que, si bien el pasado no resuelve el
presente, no enfrentarlo, no aceptarlo, puede ser peor.
Junto a su fotógrafo Iaccarino (apoyándose
a su vez en el sutil trabajo expresivo de los tres protagonistas
tanto frente a la cámara como en la construcción de
los personajes y de la química entre ellos), Raspo trabaja
todo el film en un clima austero al nivel de la imagen. Dentro de
esa atmósfera, la incomunicación primera se torna
luego en intimidad, fomentada en el continuo trabajo de primeros
planos. Los espacios se vuelven pequeños, pero no opresivos
y los diálogos, antes cortados por la brecha entre Álvaro
y Paco, se van haciendo más fluidos, sino en extensión,
sí en contenido afectivo.
La road movie transcurre con ritmo suave,
intercalando los eventos de aprendizaje típicos del viaje
iniciático al tiempo que va resolviendo el conflicto padre-hijo,
en el cual queda incluida como “acompañante”
Tero. Pese a algunos elementos que aparecen como distractores probablemente
innecesarios, las piezas que aparecían como inconexas al
comienzo del film van encajando lentamente, logrando una sensación
de cálida totalidad al llegar el final de la película.
Raspo no cae en un cierre moralizante, sino que permite que la clausura
provenga de la propia evolución de los personajes.
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4/11/2005 |