Cine / Cine
Hacia Atrás / Thriller / Horror / Ciencia Ficción
- Crítica

“The Stepford Wives”: Mujeres
para armar
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 1975) Dirección:
Bryan Forbes Producción Ejecutiva:
Edgar J. Scherick Guión: Ira Levin (novel),
William Goldman Elenco: Katharine Ross, Paula Prentiss,
Tina Louise Música: Michael Small Montaje:
Timothy Gee Fotografía: Enrique Bravo y
Owen Roizman Duración: 115 min.
En el 2004, y con la dirección
de Frank Oz (en cuyo currículum figura, además de
haber dirigido decenas de películas, haber sido la voz de
Yoda en “La Guerra de las Galaxias”), se estreno la
remake de “The Stepford Wives”, un film de ciencia ficción
(más bien un relato fantástico de horror) de mediados
de los ´70, adaptación a su vez de la novela de Ira
Levin del año 1972. A veces, volver al original puede ser
una pérdida de tiempo, pero otras, sirve para comparaciones
cuando menos simpáticas. Se puede ver un trailer en http://www.moviecitynews.com/arrays/media/2004/Stepford75.html
En
la realización del 2004, el elenco estaba encabezado por
figuras reconocidas como Nicole Kidman, Glenn Close, Mathew Borderick,
Christopher Walken y Bette Midler. Con una estética que rozaba
lo kitsch, se resaltaba el aspecto artificial de la comunidad de
Stepford, mientras que la trama pasaba varias veces a un débil
segundo plano al preferir darle un sesgo absurdo y cómico
a toda la situación. Incluso el final fue modificado, optando
por un también kitsch final feliz, que restablece el orden
y tranquiliza las conciencias.
En
el 2004, Joanna Eberhart, la protagonista, era una ejecutiva de
esas que exudan instinto asesino y su marido un venido a menos Walter
Kresby, opacado y enviado al segundo plano. El final igualaba los
pesos en la pareja, sin por eso ceder a la tentación de Stepford.
Y otros efectos negativos resultaban reversibles, cuestión
de poder habilitar ese final.
A todo esto, ¿qué hay de oculto
y maligno en la comunidad de Stepford? Sus hombres se confabulan
para convertir a sus mujeres en robots obedientes, sexys que no
desean otra cosa que ser buenas madres, esposas y amas de casa.
Nada más aterrador que una mujer independiente que, repentinamente,
se torna obsesiva por la manchita en el almohadoncito del silloncito
del fondo.
El film de 1975 encuentra a los mismos personajes,
pero incluso su presentación es distinta. En el 2004, es
evidente que Joanna se ha vuelto una caníbal y, cuando la
despiden por excederse y sufre un colapso nervioso, es lógico
que decidan mudarse a los suburbios. Pero en 1975, Joanna es una
mujer que disfruta la ciudad, que desea crecer como persona y que
no está del todo segura de esa mudanza. Todo eso se encuentra
resumido en los primeros planos de un departamento vacío,
levemente inundado por los ruidos que provienen de la calle, con
Joanna sentada de forma cómoda en la ventana, vestida con
jeans y remera, iluminada por la luz del sol. El plano se va cerrando,
hasta que las otras paredes que quedan en el cuadro conforman un
bloque visual que aprisiona y parece empujar a Joanna. Su posición,
que no cambia, aparece casi como de resistencia frente al bloque
oscuro que avanza. En ese primer plano del film de Bryan Forbes
resume el espíritu misterioso y melancólico de “The
Stepford Wives”.
Cuando en 1974, Steven Spielberg rodaba “Tiburón”,
su intención era convertir a la bestia en el gran protagonista
de su película. Pero el robot utilizado tenía demasiados
desperfectos (hacía cortocircuitos, no era estable, etc).
El resultado fue la necesidad de ocultar al animal, volverlo una
presencia amenazante, pero apenas visible. Treinta años después,
y quizás debido a aquella imposibilidad de rodar un film
“obvio”, “Tiburón” sigue siendo un
clásico. La intención del guionista William Goldman
(responsable de películas como “All the president men”,
“Marathon Man”, “Misery” y “Chaplin”,
entre muchas otras) era que las mujeres transformadas se acercaran
más a un grupo de féminas que parecieran salidas de
una fantasía de Hugo Heffner. Pero el director Bryan Forbes
(cuya carrera como director no prosperó demasiado) optó
por seleccionar a su mujer para uno de los roles principales. Nanette
Newman no podía andar en los minishorts que el guión
original hubiera querido. Por ende, se terminó optando por
su extremo opuesto: largos vestidos o simplemente vestuario de fiesta,
amplios sombreros, prolijos peinados, etc. Es probable que los minishorts
hubieran tenido su público, pero difícilmente podrían
haber colaborado al oscuro y perturbador efecto de estas diferentes
transformaciones.
En
esta versión de 1975, Joanna (Katherine Ross, la hija de
la Sra Robinson en “El Graduado”, que aparte de belleza
muestra sus dotes actorales construyendo un personaje creíble)
es una aspirante a fotógrafa y de aires feministas, lo mismo
que su nueva amiga Bobbie. Ambas son, junto a la acaudalada Charmaine,
las nuevas de Stepford, las que notan, primero, que no encajan y,
luego, que algo no anda correctamente. No abundan los planos panorámicos,
sino múltiples miradas sobre los lugares, donde siempre el
verde parece ocultar una parte del cuadro. Tal fragmentación
sin un plano de referencia incrementa la sensación de desorientación
y encierro. Joanna, a diferencia de la versión 2004, entra
y sale varias veces de Stepford, pero la insistencia sobre los planos
cerrados (a veces, incluso, de ángulos incómodos),
no cesa, como si una vez que se ha entrado en esa comunidad ya no
hubiera salida. Frente a la ciudad y los avances sociales, Stepford
aparece como un reducto protegido de ello, el lado oculto y profundo
de una sociedad que preferiría que las cosas fueran de otro
modo.
En contraposición con los colorinches
de la versión nueva, aquella del ´75 opta por la oscuridad
en los interiores (creciente sobre todo en la propia casa de Joanna,
donde Walter no es el simpático Mathew Broderick, sino un
cada vez más frío y distante Peter Masterson) y por
una luz dura en los exteriores. No hay nada de acogedor en Stepford.
Así también hay precisión en la dirección
de arte, donde lo recargado de los “hogares” de las
amas de casa contrasta, pero sin excederse, con el informal desorden
de la de Joanna. Todo parece normal.
Ike
(Walter Prince en la versión original, Walken en la reciente),
es un ingeniero que trabajó en Disneylandia. La idea de los
robots del mundo de Walt Disney es a primera vista bizarra, pero,
con el correr del film, entre los diálogos y el tratamiento
del relato, se transforma en siniestra. Las “nuevas”
amas de casa se visten por momentos como Cenicientas prolijas, mujeres
esperando a sus príncipes azules. En el ideal de american
way of life las amas de casa no son otra cosa que un electrodoméstico
más.
Forbes mantiene un tono tenso, pero sin estridencias,
hasta el final de la película, donde Joanna accede a la verdad,
en un estilo muy similar al de “El bebé de Rosemary”,
con muy parecidas consecuencias. Las luces se terminan de apagar
y Joanna se ve envuelta en penumbras hasta llegar a su inevitable
destino. A diferencia de la remake, acá no hay final feliz
forzado, sino una ácida resolución.
Lo interesante, si se quiere, de “The
Stepford Wives” es que como subtrama se encuentra el tema
del conformismo. En ese sentido, ninguno se salva. En un mundo convulsionado,
de avances tecnológicos, movimientos políticos, cambios
sociales, los personajes toman sus decisiones basados en la búsqueda
de certezas, de calma y estabilidad. No hay nada de malo en eso,
pero, en este caso, sus opciones los llevan a la desilusión
y la pérdida del camino propio. Joanna misma admite haber
dejado ir al amor de su vida para casarse con el más seguro
y estable Walter, quien a su vez quisiera que su bella esposa se
dedicara menos a pensar y a dedicarse más a él. Ningún
personaje es feliz, y los niños, que no tienen prácticamente
diálogos y que se dedican a jugar, parecen destinados a eventualmente
heredar ese conformismo y, por ende, esa infelicidad. El avance
tecnológico, mostrado sin rostro, se contrapone (año
1975, es el final de una época de sueños y esperanzas
para muchos, pero también el momento del movimiento feminista)
a un estancamiento de lo humano.
www.imaginacionatrapada.com.ar
17/11/2006 |