Cine / Drama - Crítica

El Último Hombre - Friedrich Murnau

“Tiempo de vivir”: Vivir y morir al mismo tiempo

por Marina Locatelli marinal@imaginacionatrapada.com.ar

("Le temps qui reste", Francia, 2005) Dirección: François Ozon. Elenco: Melvil Poupaud (Romain), Jeanne Moreau (Laura), Valeria Bruni-Tedeschi (Jany), Daniel Duval (el padre), Marie Rivère (la madre), Christian Sengewald (Sasha), Louise-Anne Hippeau (Sophie), Henri De Lorme (el doctor), Walter Pagano (Bruno), Ugo Soussan Trabelsi (Romain niño) . Guión: François Ozon. Producción: Oliver Delbosc, Marc Missonnier. Sonido: Brigitte Taillandier, Aymeric Devolder. Fotografía: Jeanne Lapoirie. Montaje: Monica Coleman. Manager de producción: Christine de Jeckel. Vestuario: Pascaline Chavanne. Duración: 85 min.

“Tiempo de vivir” es un viaje iniciático, pero uno muy particular: es un viaje iniciático hacia la muerte. En esta travesía, Romain, su protagonista, aprende a vivir mientras muere, y aprende a morir mientras vive. Él es un joven gay, treintañero y parisino, de ocupación fotógrafo de modas, a quien le diagnostican cáncer. Sin ninguna intención de pasar el tiempo de vida que le queda bajo tratamientos médicos agresivos, Romain decide contarle su condición sólo a su abuela paterna (interpretada por la legendaria actriz Jeanne Moreau). No tiene valor suficiente para decírselo a sus padres, ni a su hermana, ni a su pareja, Sasha. Piensa que ellos no lo comprenderán como él necesita que lo hagan, o tal vez tema que no les interese lo suficiente. Sin embargo, ve en su abuela, ese ser con quien más se identifica, esa alma afín, la única persona capaz de entenderlo ya que, de alguna manera, también ella está próxima a la muerte.

Para aceptar su destino, Romain debe reconciliarse con la vida que ha llevado hasta ese momento. A medida que transita el camino hacia su muerte va tomando fotos de aquellas cosas y personas que realmente significan algo para él. La cámara fotográfica tiene una importancia particular. El joven fotógrafo ama verdaderamente cuando lo hace a través de su cámara, las personas dejan huella en él cuando dejan sus rastros y rostros en una foto. Aquí hallamos los ecos del amor incondicional del director del film, François Ozon, hacia su profesión. Romain habla por medio de su cámara fotográfica como Ozon lo hace con su cámara cinematográfica.

Romain necesita antes de dejar esta vida acercarse a su hermana, con quien ha estado distanciado por largo tiempo, comprender a sus padres, dejar ir a su amante, reconocerse plenamente como homosexual y transitar por los recuerdos de su infancia. Su meta última es lograr que ese niño que alguna vez fue vea a los ojos al hombre que es hoy y lo acepte y lo quiera. En medio de este aprendizaje, conoce a una pareja que le dará la oportunidad de perpetuarse en la vida, o al menos que una parte de él lo haga, con todas las complicaciones e implicaciones que conlleva esta decisión.

François Ozon intenta con esta película hacer una profunda reflexión acerca de cómo uno puede enfrentarse a su propia muerte y cuán doloroso es este encuentro. Es evidente que hay mucho del cineasta en la idiosincrasia del protagonista. A pesar de que su tema principal es la muerte, la película habla en gran medida sobre la vida, sobre los breves instantes de felicidad que van salpicándola y sobre el deseo como fuerza motora y vital.

Si bien se trata de evitar todo exceso de dramatismo y se pretende eludir los golpes bajos per se, a veces cortando de algún modo las escenas cuando la carga dramática es mucha, a veces alejando la cámara para dar cierta intimidad al protagonista en su dolor, la acumulación de temas tangenciales (tales como cuando el protagonista le relata a su médico el sueño que tuvo con él, el trío amoroso que conforma con la mesera y su marido, o la escena de sadomasoquismo gay), torna denso el relato cinematográfico, solidificando en cierta medida el guión, quitándole fluidez y diluyendo la intensidad del drama. El tema de la proximidad de la muerte era ya muy complicado como para añadirle situaciones que lo distrajeran y le restaran profundidad. Más allá de esto, la habilidad de Ozon para filmar se traduce en una fotografía que emana belleza y elegancia.

www.imaginacionatrapada.com.ar
9/3/2006

     
     

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