Cine Hacia
Atrás/ Comedia / Charles Chaplin / Tiempos Modernos - Análisis

Los "Tiempos Modernos” y el
hombre libre
por Sol Alonso
solunass@hotmail.com
(“Modern Times”, EEUU, 1936, Estreno:
5 de febrero de 1936, en el Rivoli Theatre, de Nueva York) Dirección,
Guión, Producción, Música: Charles
Chaplin. Elenco: Charles Chaplin, Paulette Goddard,
Henry Bergman, Chester Conklin, Stanley Sanford, Hank Mann, Allan
García, Lloyd Ingraham, Wilfred Lukas, Heinie Conklin, Edward
Kimball y John Rand. Fotografía: Ira Morgan
y Roland Totheroh Montaje: Willard Nico Dirección
de Arte: Russell Spencer Duración:
87 minutos
"- Tardas mucho en aprender,
Winston - dijo O´Brien con suavidad
- No puedo evitarlo - balbuceó Winston - ¿Cómo
puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si no los cierro? Dos
y dos son cuatro
- Algunas veces, sí, Winston; pero otras veces son cinco.
Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez.
Tienes que esforzarte más. No es fácil recobrar la
razón"
George Orwell, “1984”
Según Aristóteles, la
tragedia servía como método catártico para
los griegos y por lo tanto tenía una función social:
la de dar un espacio para liberar las situaciones violentas, suscitando
la piedad y el temor ante el héroe. Lo mismo podemos decir
de Shakespeare con el teatro isabelino.
Nietzsche distingue dentro de la tragedia
griega, dos fuerzas que se unen para darle origen: lo apolíneo,
relacionado a la forma, a la mesura, a la belleza, al sueño,
al placer, a la separación, al principium individuations
o principio de individuación, y a lo inteligible; y lo dionisíaco,
relacionado a la desmesura, a la disonancia, a la embriaguez, al
sufrimiento, a la unión, a lo irracional y a lo Uno primordial
o das Ur-Eine. El primero se expresa en la escultura y el segundo
en el espíritu de la música.
Lo apolíneo, de la apariencia, de la
individuación, de la rigidez, se opone a lo dionisíaco,
de lo flexible, de lo que va más allá de las máscaras.
Estas características que los oponen, a la vez los complementan.
El verdadero héroe trágico es
el que esconde en el fondo de su ser un profundo espíritu
dionisíaco, expresado en su apariencia con la racionalidad,
con el logos de lo apolíneo. Aquí podemos ubicar a
Chaplin como héroe trágico, que sólo puede
existir como tal, cuando las contradicciones del hecho (las contradicciones
en lo social, lo psicológico y lo moral) están contenidas
en la conciencia del héroe. Éste concentra en sí
una pasión y un deseo de acción que le resultarán
fatales (el deseo que Charlie tiene de ser un hombre libre, lo conducirán
a la indigencia y a la condena de ser un vagabundo para siempre).
Éste
héroe trágico, se asemeja a lo cómico en el
sentido de que lo apolíneo le teme o le tiene piedad a lo
dionisíaco, por lo cual lo condena. En el caso de lo trágico,
con la muerte, y en lo cómico, con la risa. Lo que se condena
siempre es un exceso, que deviene en un exceso de flexibilidad.
En el caso de Edipo es un exceso de saber, en el de Prometeo de
amor, y en el Chaplin de libertad, o de deseo de ella.
Todo esto (espíritu dionisíaco
que encarna en apariencia apolínea), genera una tragedia
que debe ser vivida y, sobre todo, vista, para hacer catarsis, pero
también para condenar y enseñar.
Según el filósofo Henri Bergson, la risa tiene una
función correctora en la sociedad.
Ante la flexibilidad de lo biológico,
se opone el automatismo de la vida cotidiana. La sociedad condena
a la reacción rápida del movimiento reflejo de lo
vivo (la flexibilidad), como lo opuesto a la rigidez de lo cotidiano.
Este juego de opuestos, en el cual la rigidez se hace flexible,
genera la risa, una risa que condena esa flexibilidad.
Esta definición de Bergson es aplicable al corpus que comprende
el tipo de obras de la comedia clásica francesa (Moliere,
por ejemplo y donde podemos ubicar también a Chaplin), ignorando
lo cómico carnavalesco, donde todo está permitido
y donde lo rígido resulta risible (las fiestas dionisíacas
o bacanales, por ejemplo).
Demasiada flexibilidad (tanto del cuerpo como
del espíritu), resulta sospechosa a los ojos de la sociedad,
por lo que debe sí o sí condenarla y castigarla, para
enseñarle. En cualquier caso, se castiga lo que inmoviliza
el curso de algo. Pero hay que tener en cuenta que la sociedad siempre
sanciona lo que ve de malo en sí misma y esto cambia según
el paradigma y la cosmovisión de la época. La sociedad
busca el perfeccionamiento, recurriendo a la risa como sanción.
En el caso de Charles Chaplin, uno de sus aciertos más grandes,
fue reconocer que en toda alma existe un fondo de crueldad, muchas
veces inconsciente. La contemplación de las angustias, el
dolor y las dificultades del prójimo (y a veces hasta de
las propias), genera en la mayoría de las personas el sentimiento
de lo cómico y por lo tanto, la risa. Esta reacción
(una actitud poco caritativa) nos muestra la existencia de esta
crueldad y la reafirma. Pero también se trata de una risa
buena y consoladora, que tiene que ver con la resignación
y con la esperanza al mismo tiempo y que, por este motivo, reposa
en la dignidad humana.
Chaplin nos muestra la tragicomendia cotidiana
de millones de “desheredados de la fortuna”. Sin embargo,
el vagabundo encarnado por él, no deja nunca de ser un hombre:
por más de que la vida lo golpee, por más grande que
sea su indigencia y su desamparo, nunca solicita las sobras en el
banquete de los poderosos, ni rebaja su condición de ser
humano.
Al reír, nosotros olvidamos toda la
responsabilidad que tenemos y nos convertimos en risueños
hombres primitivos. Esto se debe al placer sádico que nos
producen las persecuciones que padece Charlie, pero también
a los nervios/alegría que nos produce ver cómo todo
nuestro universo familiar se desintegra. Es la risa expresada como
deleite ante lo incongruente, que no está producida por ingeniosos
diálogos y grandes discursos, sino por situaciones simplemente
cómicas y sumamente refinadas.
El
vagabundo de Chaplin es un resumen de toda la ansiedad de vivir
que se ha expresado en el mundo. Este personaje tiene una confianza
tal en sus prójimos y los trata con tanta elegancia y cortesía,
que nos hace sentir incómodos y hasta molestos; lo peor,
es que esto no se debe a una confusión de valores por parte
de Chaplin, sino nuestra. Al reírnos de Charlie, en realidad
nos estamos riendo de nosotros mismos
Dijo Flaubert: “El escritor divierte
al público con sus agonías”. La danza de Charlie
(que a la vez de un gran cómico es un excelente bailarín),
se mezcla con la tragedia para convertirse en tragicomedia. Los
efectos que produce permanecen intactos (él conserva la alegría,
la dignidad y la vergüenza), por el contrario, es el mundo
el inconstante, y por sobre todo, los dueños del mundo.
Por esto, el vagabundo es mucho más
fuerte de lo que en realidad parece: está dotado de una gran
vida interior y una poderosa espiritualidad, lo que le permite renunciar
a muchas cosas, o a todo, menos a su libertad.
Francisco Pina dice: “Chaplin es una
hombre de buena voluntad. Fue capaz de mostrarnos las tremendas
realidades que ensombrecen al mundo contemporáneo, sin que
el gran contenido social de sus películas ocasionara el más
mínimo desequilibrio o redujera su contenido artístico”.
Esta “buena voluntad”, también
se asocia a la “voluntad de poder” de Nietzsche, una
voluntad que lejos de ambicionar el poderío sobre los demás,
lo pretende sobre uno mismo, es “la voluntad de poder sobre
sí mismo”. Un espíritu libre de las prisiones
propiamente humanas; la lucha es una sola: con nosotros mismos.
Chaplin en “Tiempos Modernos”,
se esfuerza mucho más por defender su individualidad y su
condición de ser humano, que por obtener mejoras materiales
en su condición de asalariado. Recordemos la escena en la
que recoge la bandera roja que se cae del camión y termina
enredado en una manifestación por la “libertad”,
luego de la cual va preso por primera vez: a él ni siquiera
le interesa manifestarse. Se niega a que el sistema capitalista
lo convierta en un autómata y sabe perfectamente cuál
es el precio que deberá pagar por estas preferencias: nunca
dejará de ser un vagabundo que deberá renunciar heróicamente
a las comodidades de la vida burguesa, e incluso a las del obrero
con trabajo; pero acepta todo gustosamente ya que lo que más
le importa es su libertad, aunque sea dentro de la más terrible
indigencia. A lo que nosotros podríamos preguntarnos: ¿Puede
alguien acaso ser pobre y libre?
Pina comenta que hay quien nace con la tendencia a la esclavitud
y vive esclavo de muchas de muchas cosas, cualquiera sea su posición
social y económica; otros en cambio(la minoría), nacen
con la tendencia a la libertad y viven mucho más libres en
cualquier circunstancia.
Por ejemplo, cuando a Charlie, estando en
la cárcel, le comunican que es “un hombre libre”,
no se alegra sino todo lo contrario. Este hombre, que ama profundamente
su libertad, recuerda lo dolorosa que le resultaba la calle, por
lo que se siente más libre en la cárcel que en la
ciudad misma y prefiere quedarse. Chaplin nos lo dice: “Miren
y comprendan que la celda angosta y el rancho poco apetecible de
una prisión americana es el único paraíso que
se le ofrece en el dorado país del dólar, en tiempos
de depresión económica, a un desventurado obrero sin
trabajo”.
En la película se presenta una escena
cruel: el momento en el que Charlie es elegido para probar la máquina
de comer. Pina lo compara con un Cristo de los tiempos modernos,
crucificado, inmovilizado con ese atroz artefacto que pretende eliminar
la hora del almuerzo, aumentar la producción y así
las ganancias. Es condenado a un acto sádico, producto de
su condición misma de ser un obrero, condición que
no ha elegido y a la cual está atado por el resto de su vida.
Hay otra escena verdaderamente satírica:
él y ella luego de escapar de la policía, se sientan
cerca de una casa y ven salir a un hombre rumbo a su trabajo y a
su mujer que lo despide en la puerta con enfática alegría.
Charlie inmediatamente comienza a imaginar cómo serían
sus vidas si tuvieran un hogar; estas escenas son un cruel retrato
del ideal doméstico de la pequeña burguesía.
Al verlo, pasamos fácilmente de la sensación de la
tranquilidad del hogar, a la incomodidad de una irrealidad punzante
y patética.
El hombre como su fuerza de trabajo, la cual
debe mantener para poder seguir trabajando. Entra así en
un círculo vicioso del que le es imposible salir: debe trabajar
para vivir y debe mantenerse vivo para poder ir a trabajar. Trabajar
para vivir y vivir para trabajar. El cineasta Roberto Rosellini
explica que lo humano es el elemento positivo: la historia es la
historia del hombre, de su crecimiento, de su desarrollo. Lo inhumano
es el elemento negativo: es su alienación.
Ante esta condena, Charlie prefiere la cárcel
antes que la fábrica. Y cuando se decide a ir a buscar trabajo
el día de su reaperturas, lo vemos desde atrás corriendo
hacia las enormes instalaciones que al lado de su figura aparecen
como monstruos imponentes, largando humo como si respiraran y tuvieran
vida propia. Ahí está Charlie, corriendo hacia eso
con alegría, entusiasmo y esperanza, sabiendo que no hay
nada feliz en el lugar al cual se dirige.
El arte de este cineasta, se encuentra en que nos acerca a esta
tremenda realidad desde la risa, ese es su maravilloso logro. No
agrega pesados discursos sobre la culpa, ni lamentos deprimentes,
los cuales son inútiles. El humorista y dramaturgo Bernard
Shaw dijo: “Los públicos son como los niños,
primero hay que darles la purga, y en seguida la golosina”.
El final de “Tiempos Modernos”
es relativamente optimista, el vagabundo no se va solo, sino con
una mujer que es su compañera y le es leal. Los dos están
acorralados por sus “vidas-destino” (como dice el filósofo
José Pablo Feinmann en un análisis de “Los Olvidados”
de Buñuel) pero a la vez fuertemente identificados con el
ardiente deseo de vivir y por lo tanto de luchar, luchar para vivir
verdaderamente, es decir en libertad.
Paul Westheim en un ensayo sobre el pintor
Alfaro Sequeiros escribió: “Lo político, que
ocupa un lugar tan destacado en la conciencia del hombre de nuestros
tiempos, no deja de expresarse, claro está, en el arte. El
artista (al fin y al cabo hombre de su época), si siente
la pasión de lo político, debe sentir la necesidad
de darle forma. Así como la política se ha apoderado
de la vida, se ha introducido en el arte y en la literatura. Lo
contrario sería absurdo. Es cierto que no menos absurdo sería
limitar la creación artística a esto. No cabe duda
de que el mitin es un fenómeno importante en la lucha de
guerrillas que tiene que sostener una sociedad en transformación.
Pero el mitin no es el mundo. Fuera de los conflictos políticos
y sociales existe en nuestros tiempos de transición mucho
que conmueve y excita al hombre. Angustias anímicas, la fatalidad
que se cierne sobre él (sobre él personalmente), la
felicidad que no cabe en su pecho. (…) Lo político
es un fenómeno característico y eminentemente importante
¿Pero es toda la vida? Fuera de su esfera, hay toda una plenitud
de vida viviente, preñada de otros problemas, disparada hacia
otras metas, con otras derrotas y otras exaltaciones ¿Y todo
esto se debe descartar de la creación artística?”.
Concluye Pina: “Como hemos visto, a
Chaplin le gusta más pregonar la risa que el llanto, y si
su buena volutad y su compasión por el género humano
no le obligaran moralmente a mostrar los aspectos ingratos de la
existencia, es bien seguro que sus obras serían creaciones
puras de estricta comicidad (…) El “charlotismo”
fue una época de humorismo pleno y de quiebra de la seriedad
de burro que caracterizaba al mundo y ahora aún le caracteriza
en gran parte.”
Pina hace una comparación entre el
Quijote y Charlie Chaplin, quien dice que “Sólo he
querido representar a un hombrecito, tropezando con las patas de
las sillas y las patas que los malos de la vida extienden cuando
pasa junto a ellos.”
Este “héroe tragicómico”,
hoy en día ha muerto. El héroe contemporáneo
es naturalista, un héroe que se nos presenta lastimoso y
derrotado, víctima del determinismo social. Se convierte
en un ser metafísicamente desorientado y sin aspiraciones,
que ya no tiene fuerzas para actuar sobre los acontecimientos y
no posee por lo tanto, un punto de vista sobre la realidad. Por
este motivo, el héroe cede su lugar a la masa desorganizada
y amorfa. Es el héroe de Beckett, son Estragón y Vladimiro
esperando a Godot.
Bibliografía:
- Bergson, Henri, La Risa, Madrid, 1985, Editorial
SarpeRosellini, Roberto, Un Espítiru libre no puede a aprender
como esclavo, Barcelona, 2001, Editorial Paidós
- Barthes, Roland. Lo obvio y lo obtuso. Barcelona, 1986. Editorial
Paidós
- Eco, Humberto, La estrtegia de la ilusión, Editorial Lumen,
- Marx, Kart, La cuestión judía, Buenos Aires, 2004,
Editorial Prometeo.
- Nietzsche, Friedrich, El origen de la tragedia, Buenos Aires,
2003,Ediciones del Libertador.
- Oliveras, Elena, Estética, La cuestión del arte,
Buenos Aires, 2005,Editorial Ariel.
- Aristóteles, Poética, Buenos Aires, 2004, Ediciones
del Libertador.
- Pina, Francisco, Charles Chaplin, México, 1957, Editorial
Gandesa.
www.imaginacionatrapada.com.ar
29/6/2007
|