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“UPA! Una Película Argentina”:
Ser "Cineasta" o hacer cine
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Argentina, 2006) Dirección:
Santiago Giralt, Camila Toker, Tamae Garateguy Guión:
Santiago Giralt, Camila Toker, Tamae Garateguy, Eva Bär Dirección
de Arte: Diego Schipani Sonido:
Pablo Gamberg, Guillermo Pico Edición: Eva
Bär Música: Tomi Lebrero Producción
Ejecutiva: Mili Roque Pitt, Silvia Rodríguez CP:
M&S Producción - UPA Films Elenco: Santiago
Giralt, Camila Toker, Tamae Garateguy, Hildegunn Waerness, Florencia
Braier, Silvina Acosta, Daniel Fanego, Gloria Carrá, Hector
Díaz Web: http://www.upafilms.com.ar/
Duración: 90 minutos
Emprender un proyecto
artístico suele estar poblado por obstáculos de distinto
tipo, desde los más sencillos a los más complejos,
incluyendo los inoportunos. En cine, ese proyecto, además,
suele implicar no solamente mucho dinero, sino, mucha
gente. El camino hacia la realización cinematográfica
es, simplemente, complicado.
Los realizadores argentinos, por influencia
y formación, suelen remitirse a ciertas poéticas de
los ´50 y los ´60s, es sabido y dicho desde siempre.
Hay como una especie de misterioso eterno retorno. Acá se
quiere ser Godard, Bergman, Rosellini... vaya uno a saber por qué.
Como ocurre en "Reprise", donde
los protagonistas vuelven a París para recrear su amor y
no pueden, aquel momento es único e irrepetible. Sin embargo,
muchos de los realizadores actuales insisten con fórmulas
ajenas, supuestamente cargadas de planteos intelectuales de alta
profundidad, en lugar de encontrar un lugar propio (que muchas veces
reside, oh casualidad, en una mayor sencillez de aproximación).
El asunto es que la tentación es fuerte, como la obsesión
del Ed Wood de Tim Burton, que quería imitar la proeza de
Welles de lograr su ópera magna antes de cumplir los 30 y
revolucionar el cine.
Estas dos líneas se cruzan en "UPA!
Una Película Argentina", donde Fernando gana un premio
de 5mil euros (no una gran cifra para un largometraje, pero plata
por lo menos para empezar), que le permite iniciar la filmación
de su largometraje. Junto a su productora y amiga Ailén inician
entonces el camino de preproducción. En el medio, surgen
conflictos (como el posible desplazamiento de la protagonista, la
otra amiga de Fernando, Nina, en favor de una actriz famosa, para
luego tener que rogarle a la amiga que lo perdone) y contratiempos
que recuerdan un poco a "La
Película del Rey". Así también, en
"UPA!" los personajes se sobredimensionan, se exageran,
están siempre al borde, pero desde un lugar menos épico
y romántico que aquellos personajes.
Fernando lee por las noches “Persona”,
de Bergman, y busca en su película de alguna manera reproducir
la relación tortuosa de aquellas dos mujeres del film del
sueco en sus dos personajes (una argentina y una noruega –
el film se llama “Tandil / Tromso”). El resultado es
un pastiche intelectualoide. Las locaciones se caen, el equipo técnico
cuchichea, pero el rodaje comienza y hay que salir adelante.
La cámara se mueve nerviosa, jamás
estática, reproduciendo la ansiedad de las situaciones retratadas.
El humor se alcanza en las frases hechas y reconocibles (tanto del
propio medio, como identificables a nivel local en general, ya que
el argentino es famoso por el "lo atamos con alambre"),
y en alguna línea que queda para el recuerdo. Y la imagen
dura del video se condice con las acciones en crisis e inestables
de los protagonistas.
Cada personaje es un poco una imagen condensada
de su rol dentro de lo que hoy es ser cineasta independiente, tanto
desde lo entrañable (la pasión y la necesidad de hacer
pese a todo) como desde lo odioso (el egocentrismo, la pose intelectual
o de raro, cierto lugar de burbuja, o incluso algo de "chicos
bien que están tristes y por eso hacen arte"). El director
y las actrices, necesitados de permanente contención, el
camarógrafo y director de fotografía, la productora
que debe contener a todos y a quien nadie sostiene, la asistente
que está para todo (en lo bueno y en lo malo), la maquilladora
conventillera, y, siempre de fondo, la falta de presupuesto.
Los planos generalmente están cerrados,
en un estilo testimonial, pero, al mismo tiempo, potenciando la
sensación de encierro (sobre todo ya en rodaje, cuando ese
encierro es el haberse embarcado en un proyecto del que, quizás,
luego se quiera huir). Frente a los planos amplios de la patagonia
de Sorín en “La Película del Rey”, acá
son todos planos chiquitos (que, a su vez, contrastan con un proyecto
que quiere ser grande - el de "Tandil / Tromso", excediéndose
a sí mismo).
Con algo de tratamiento Dogma y un humor ácido,
el film avanza. Así como otras películas retratan
el vagabundeo sin demasiada dirección de otra generación
más con planos extendidos, largos silencios y pausas, “UPA”
es la desesperación por hacer antes que se acabe el tiempo.
Ninguno sabe, en realidad, bien por qué está ahí.
Están para hacer cine… pero tanta acción parece
estar ahí más bien para llenar otros vacíos.
La historia del guión de Fernando es un cascarón sin
contenido, lleno de pretensiones (como dice la canción de
los créditos finales). Como todo vacío, cuando se
evidencia como tal, se cae…
“UPA” juega, o puede pensarse
así, como anverso y reverso de una misma idea, que es la
de hacer cine. Riéndose de las poses y las falsedades, así
como de todos los obstáculos a ser remontados, al mismo tiempo
festeja esa necesidad que tiene el realizador de poder contar una
historia – algo que parece tan sencillo y que es tan complicado
-. Esto último aparece justamente con el fracaso rotundo
de “Tandil / Tromso”, de la pretensiosa máscara
de inteligencia y sofisticación, que es el nacimiento de
otro relato, de esa historia más carnal, más humana,
que es la de “UPA!” y sus personajes.
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12/4/2007 |