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“Yo no se qué me han hecho
tus ojos”: Un detective tras el sueño de la memoria
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Argentina, 2003). Dirección
y Guión: Sergio Wolf y Lorena Muñoz Producción:
Marcelo Céspedes y Carmen Guarini Montaje:
Alejandra Almirón. Fotografía: Segundo
Cerrato, Federico Ransenberg, Marcelo Levintman. Sonido:
Alejandro Alonso, Cote Álvarez, Gaspar Scheuer, Diego Bernaud.
Participan: Ada Falcón, Aníbal Ford,
Rolando Goyaud, José A. Martínez Suárez, Miguel
Ciacci, Sergio Wolf. Duración: 64 minutos.
Un detalle anecdótico,
haber visto primero “Los próximos pasados”, para
luego ver “Yo no sé que me han hecho tus ojos”,
una casualidad ir hacia atrás en una realizadora cuyo tema
gira permanentemente en torno a la memoria. Somos nuestra historia,
nuestro relato nos conforma… perderlo, es condenarse a un
presente al que siempre le faltará algo, la raíz,
el asidero, el comienzo. Pueblos como el judío y el armenio,
entre otros, valoran esa memoria, no sólo la que se escribe
con mayúscula, sino también la sumatoria de aparentemente
pequeños detalles que hacen a una identidad, que atestiguan
los cambios. Este país, cuyo principal recuerdo ha pasado
durante mucho tiempo por añorar los años de bonanza
de suelo fértil, o a la figura de un Perón inmortal,
ha comenzado lentamente a aprender que el relato es más que
grandes mitos o puntos de inflexión. Está muchas veces
hecho de sueños, de personajes pintorescos, de una materia
igualmente frágil y efímera como indeleble.
En “Yo no sé qué
me han hecho tus ojos”, Sergio Wolf no sólo es el co-autor
junto con Muñoz, sino que además es el protagonista
de la búsqueda de Ada Falcón, una diva del tango de
la década del treinta que desapareció misteriosa y
repentinamente. Como el Ciudadano Kane de Orson Welles, Falcón
era exitosa, excéntrica, y tenía tendencia al misticismo.
Como Kane, Falcón se recluyó. Como Rosebud, el día
que Falcón decidio desaparecer, se transformó en un
enigma. Ir tras su huella es recorrer el camino hacia el pasado,
hacia una década peculiar de la historia argentina. Ir tras
el personaje es ir tras la memoria de una época, al reconstruir
los hechos se reconstruye el tiempo.
Wolf funciona como periodista
en un estilo que recuerdo al Polo de “El otro lado”,
así como al Thompson de “El Ciudadano”. Es también
el detective de un policial negro, que habla en primera persona
y narra un camino que camina por entre las sombras del pasado. Los
ojos del título son los ojos de la canción, que son
los ojos verdes de Ada Falcón… que sin embargo están
perdidos para siempre en una multitud de fotografías y un
film en blanco y negro. Tampoco están al final del camino,
en una mujer que ya es otra mujer, por más que cierre el
círculo y ancle el relato en un ser viviente.
“Yo no sé…”
combina material en video (el camino de Wolf), con numerosos inserts
de viejas películas, planos sueltos descontextualizados que
se amalgaman con el film en presente. Monocromo y color, video y
fílmico. El tiempo va y vuelve a través de un film
que sólo avanza, como nuestro tiempo cronológico.
Son los planos de una época que se intercalan con la nuestra,
es un pedazo de recuerdo inserto en la construcción de otro.
El blanco y negro es lo que ya no está, es Rosebud, inaccesible
y fascinante a un tiempo. ¿Por qué entonces la ambición
de la búsqueda cuando se sabe incluso que encontrar el cofre
no es necesariamente encontrar el tesoro? Porque lo que vale la
pena es la caminata, y no la meta.
El film es la búsqueda
de lo perdido. Al tango más glamoroso de esa década,
la película le opone un tango melancólico, el suyo.
No es tristeza, pero es una mirada sobre una ciudad que fue, frente
a otra que es… y pese a cierta mirada crítica, hay
más que nada el aire de la diferencia, del cambio. Porque
así como las arenas del tiempo se llevan los ladrillos y
los ojos de antaño, también se llevarán los
que ahora se creen eternos.
Qué hubiera pasado si
Thompson hubiera encontrado a Rosebud, un trineo ya gastado por
el paso de los años. ¿Qué hubiera hecho? ¿Qué
respuestas hubiera podido extraer? Ese trineo, ya sin Kane, no era
Rosebud, sino simplemente un juguete gastado, un símbolo…
en todo caso, utilizando algo de semiótica, un índice,
que hablaría de Kane por asociación, por apelar a
aquel niño que supo divertirse sobre él. El trineo
dejaría de ser enigma para ser memoria, nada más,
nada menos.
“Yo no sé qué
me han hecho tus ojos”… bello nombre para un vals…
y camino por Buenos Aires. Voy a cumplir treinta, y, sin embargo,
ya cuando a algunos de menor edad que yo les menciono los palcos
y la vista imponente del cine (antiguamente cine-teatro) Grand Splendid,
no saben de qué les hablo, sólo entienden si menciono
la librería El Ateneo. Donde estuvo el cine Gran Norte, luego
hubo un supermercado y ahora una mueblería. En aquel cine
Rialto que supe ver dos películas al precio de una, luego
se impuso el cine porno. Donde hubo una prisión y luego un
baldío, ahora hay un parque. Mis recuerdos, mis ojos de antes,
ya están en blanco y negro.
Extras:
Casualmente, el propio rodaje
del film se asemeja a su tema, a su propio relato. Un proyecto que
comienza allá lejos y que demoró cinco años
en terminarse, que fue haciéndose muy de a poco, que vio
pasar el tiempo, y que vio cambiar a sus propios protagonistas.
El DVD, en sus extras, incluye una entrevista a sus realizadores,
algo estática (plano fijo con entrevistador y entrevistados),
pero rica en detalle y anécdotas, así como fragmentos
que fueron excluidos u otros que se resaltan. Los extras, en este
caso, actúan como un relato marginal del central, lo completan,
lo complementan. Es la narración de la narración.
Recursos web:
http://www.todotango.com/spanish/Creadores/afalcon.html
- Resumen de la vida y los mitos que rodearon a Ada Falcón
http://www.velvetrockmine.com.ar/notas/rc066.php
- Nota sobre la película
www.imaginacionatrapada.com.ar
1/9/2006 |