“Sangra, nuevas Babilonias”: Caníbales

"Sangra, nuevas Babilonias" - Guillermo CacaceSonido de ladridos de fondo al principio que, para el final de la obra, se tornan un leit-motif oscuro, visceral…

Fuera de eso, el silencio. Una carpa cocina. Hay una fiesta, este es el backstage, donde las luces no brillan tanto y el sudor de los cuerpos no es por la cantidad de danzar acumulado.

Lobo y Marina en escena. Lobo está en la suya. Cada tanto, le echa miradas directas a Marina, ¿qué le está queriendo decir? Lobo quiere ser el macho alfa de la carpa cocina y Marina es lo que él considera más bajo en su territorio. Marina está lavando copas. Marina irá a hacer los mandados. Marina irá de aquí para allá con botellas que se le caen. Marina apagará el fuego. Marina llorará y nadie querrá observar su llanto.

Puntos de partida: “Babilonia”, de Discépolo y “Señorita Julia”, de Strindberg. De “Babilonia” queda la estructura de la anécdota: una cocina, los sirvientes de turno, una situación de conflicto y desbalance que dispara la trama; de “Señorita Julia”, los vínculos de poder. De “Babilonia”, ya no quedan los personajes esperanzados ni la inocencia forzada, ya no queda Buenos Aires – ahora es Barcelona, donde los inmigrantes son los argentinos, que se presentan como “latinoamericanos europeizados” en contraste con “el resto” indiferenciado: peruanos, bolivianos, colombianos, etc. -. De “Señorita Julia”, ya no quedan las estructuras jerárquicas consolidadas, la idea de humillación; persiste la erótica del poder que recorre a todos los estratos, los valores que son, meramente, máscaras intercambiables.

Migración como el arrancarse las raíces. Ninguno de los personajes las tiene. Van a la deriva, viendo cómo hacen para pasar el tiempo. ¿Qué aspiran a construir? No queda claro… Quizás, la respuesta sea, simplemente, “nada”.

La carpa como territorio de conquista y defensa, campo de batalla ridículo y grotesco.

Los cuerpos de los personajes… por un lado, hacia afuera la agresion; están en tension permanente, esperando que alguien los zurre o les quite la alfombra del piso… una agresión que es mantener lejos a todo el mundo… es como si no se pudieran tocar de verdad, todos están solos…  todos son productos dañados, todos tienen heridas que intentan ocultar. Todos tienen los hijos lejos, o los padres ausentes, o están por parir hijos despatriados. Todos están atravesados por relaciones de posesión y poder que creen comprender, que siguen ciegamente, que, al final del día, los tiene más intentando salvarse que viviendo.

Lobo exiliado que no quiere serlo (el exilio es entenderte echado por tu propio país), que quiere cantar la marcha peronista a todo momento (marcha que representa, en su imaginación, una suerte de fiesta vaciada, ciega, donde lo que cuenta, quizás, es algo así como un desahogo compulsivo). El Lobo es bronca, es la búsqueda de una víctima a la cual cazar, para no sentirse una él mismo (el Lobo cuenta con orgullo la anécdota de cómo él apaleó a un perro herido para sacarlo de su sufrimiento, hasta que la “ayuda” se convirtió en una tortura sangrienta plagada de gemidos y ladridos que llamaban a golpear aun más fuerte).

Julia es la “local” (habla español, pero usa su catalán como una marca de diferenciación, de sometimiento e inferioridad del otro) y se quiere echar encima del Nene (que no es nene, que tiene una rodilla jodida, que dio clases de tango luego de tomar él mismo una sola, pero que ya no puede y anda pegando changas aquí y allá y está a la espera del “negocio” que lo salve de sus problemas económicos). Cuerpos que son pedazos de carne que se ofrecen y se poseen.

No se salva nadie, no hay salida. Los argentinos están canibalizados, la catalana gira en vacío (en su propia fiesta, rodeada de amigos, se siente totalmente en soledad, cosa que confiesa a un personaje que, sin darse cuenta, le da la espalda al mirar opuesta, descubriendo entre los invitados a quien le ha dado la espalda a ella). Quien plantea la necesidad de aferrarse a algún tipo de esperanza, es víctima, al final del día, de todos los demás… vulnerar es signo de debilidad…

En otras obras de Cacace, se insistía sobre algo recursivo, una situacion que vuelve siempre a un mismo comienzo. Acá, la sensacion es que ya no queda nada. Es como la derrota de Stefano: total y abrumadora. La diferencia con respecto al músico, quizás, es que estos personajes aparecen como insertados en esta situacion, nacieron derrotados, no importa dónde vayan, y es como si no vieran o no se hicieran cargo de intentar revertir eso que han heredado. Lo aceptan, lo toman como natural, y hasta llegan a regodearse en golpearse, humillarse, devorarse para ver cuál es el que queda en pie… Son hasta capaces de brindar y bromear junto a aquel que acaban de echar a las fieras…

(¿o es que, quizás, se olvidan de los deberes, las ambiciones y las traiciones sólo en ese momento de extremo agotamiento se pueden quitar las caretas y ser “libres” durante unos instantes?)…

Dramaturgia y Dirección: Guillermo Cacace Intérpretes: Julieta Abriola, Sol María Cintas, Julieta De Simone, Andres Molina, Miguel Sorrentino Músicos: Juan Pablo Casares, Patricia Casares, Hernán Fernández Ansoar, Demian Luaces Vestuario: Lala Celeznoff Escenografía: Lala Celeznoff Diseño de luces: Pehuen Stordeur Música original: Patricia Casares Operación de luces: Leandro Crocco Fotografía: Lala Celeznoff Asistente de producción: Facundo Garcia Dupont Asistencia de dirección: Facundo Garcia Dupont, Ruth Palleja Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin Supervisión dramatúrgica: Mauricio Kartun. Info sobre funciones de “Sangra, nuevas Babilonias”

Para contactar a Diego Braude, clickear aquí

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