Revisión del Panorama en Work in Progress, o breve recorrido por el teatro que vendrá (C.C. Rojas)

El ciclo Panorama en Work in Progress, curado por Matías Umpierrez que se llevó a cabo en el Centro Cultural Ricardo Rojas, dio en su tercer año un paneo sobre el teatro independiente que será visto en Buenos Aires en los próximos meses. En este tercer año, ofreció a doce directores (Fabián Bril, Natalia Casielles, Cristian Drut, Bárbara Francisco, Pablo Iglesias, Miguel Israilevich, Valeria Junquera, Francisco Lumerman, Gonzalo Martínez, Cecilia Rainero, Juan José Santillán y Gustavo Tarrío), que se encuentran en diferentes etapas de sus carreras, algunos comenzando a armarlas, otros ya con una mayor trayectoria dentro del circuito del teatro independiente de Buenos Aires.

En la conferencia de prensa, que se realizó en el Centro Cultural, explicaron que entienden al ciclo como a un espacio de experimentación y de ajustes, de prueba y de error. Por este motivo llevaron a escena sus diez espectáculos, aún no finalizados, tales como: “Amen” (Bril), “Atlántica Sara” (Santillán), “En tus últimas noches” (Lumerman), “Florencia Frutera” (Junquera-Tarrío), “Hijo con mochila de viaje” (Iglesias), “Los actores son irremplazables, como las personas” (Martínez), “Me niego a entender” (Drut), “Nu de bronze” (Francisco-Rainero), “Sueño con cebollas” (Casielles) y “Visages” (Israilevich); que muestran el proceso de creación y se arriesgan frente a la respuesta de la recepción sobre sus trabajos.

Además, el ciclo pudo exponer las diferentes poéticas que utiliza cada director en el momento de trabajar, y lejos de dar una unidad estética, se pudo ver en el conjunto la variedad que se explora. Porque, si bien predominó el realismo, algunas puestas incluyeron elementos metafóricos que las alejaron de aquél, dando un perfil personal que apuntó a seguir buscando diversos modos de realizar un trabajo teatral.

De este modo, la puesta de Iglesias indagó sobre lo cotidiano, con el fin de buscar una respuesta a una pregunta más compleja tal como: ¿nuestra individualidad genera los resultados sociales que hoy tenemos o viceversa? De la misma manera, Lumerman, tomando como espacio situacional a una Argentina futura, prefirió mantener una estética mimética y realista tanto desde la escenografía como desde el texto, para que de modo simbólico se interrelacione con la situación actual. Sin embargo, otras obras -como las de Casielles y Francisco o Rainero- escaparon al simbolismo, ubicando el conflicto, sea desde lo trágico o desde lo cómico, precisamente en el mundo de la cotidianeidad, y por dicha razón construyeron la puesta desde ese mismo lugar. Distinto es con la obra de Santillán, quién despoja el espacio de cualquier elemento mimético que refiera al mundo de Sara, y se encarga de realizar un diálogo entre el proceso teatral y la obra en sí, enriqueciendo a la misma. Así juega, y seguramente seguirá jugando con el realismo que transitan las actrices al estar en el teatro, ya que son ellas las que reproducen una ficción, al narrar una historia de desencuentros de la que sólo quedan cartas como objetos representativos de su “realidad”. Otra puesta como la de Israilevich, también mantuvo ese nivel lúdico en el que los actores exploraron sus personajes y le dieron un sentido al texto, un sentido aún no definido que da cuenta del proceso por el que la obra transita. Pero así como hubo obras que se acercaron de una u otra manera al realismo (más o menos simbólica, más o menos cotidiana y a su vez más o menos terminadas), también estuvieron las que se alejaron por completo, como por ejemplo la puesta de Bril que, a grandes rasgos, ofreció un mundo fantástico retomando una problemática actual como la disfuncionalidad entre las personas; o la puesta de Drut que mediante un espacio, un tiempo y unos personajes imposibles de aprehender narró una realidad cercana a nuestro tiempo, una realidad que toma al cuerpo como un objeto para ser mirado y adquirido. Y así como estas obras se separaron de la estética realista, las obras de Martínez y de Junquera-Tarrío, se apartaron por tomar al proceso como parte de los elementos a mostrar, dando como resultado dos obras que lindan con el registro documental.

Si hay algo relevante en el ciclo, más allá del resultado de los espectáculos que aún no se encuentran definidos, es esa puerta que se abre tanto para el espectador como para el teatrista, ya que en el primer caso nos ayuda a comprender que el teatro es efímero pero que además es un proceso que se ajusta y reajusta con el transcurso de las funciones, incluso posteriores a su estreno; y en el segundo caso les ayuda a seguir experimentando y elaborando las creaciones, pudiendo evaluar desde la recepción los resultados de la obra, o mejor dicho de aquella función.

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