Del FIBA a Experimenta: Más preguntas (II)

Dionisios Aut - Aldo El-Jatib

FIBA 2009: Cambio de programación y descentralización

Le edición 2009 del FIBA, la primera con Rubén Szuchmacher y Alberto Ligaluppi a la cabeza, continuó con la programación como eje de acción. En lugar de apuntar a grandes compañías, se trajo a grupos menos reconocidos o en crecimiento. Temáticamente, se privilegiaron obras que tuvieran como eje conflictos sociales o político-históricos (al menos, en la selección internacional, mientras que en la local esto es más ambiguo). Por contraste, el “tanque” del FIBA 2007 había sido “Les Ephemeres” (con sus funciones de 6 y 8 horas), del Teatre du Soleil, ubicada en una narrativa más general. En cualquier caso, si se observan las primeras ediciones, el tamaño del evento se ha reducido considerablemente, teniendo en cuenta que, post devaluación, el presupuesto a nivel internacional no rinde de la misma manera que en las épocas del 1 a 1. Quizás, por esto mismo, me pregunto si el festival no podría / debería ser pensado de otra manera en vez de una versión “devaluada” de su original…

Hago recorte de lo que he visto y elijo “Diciembre” (Chile), de Guillermo Calderón y con el grupo Teatro en el Blanco, y “Hotel Splendid” (Corea), de Lavonne Mueller con el grupo Cho-In Theatre y con la dirección de Chung-Euy Park.

La obra coreana se puso en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín:

Una escenografía ocupa todo el espacio horizontal del escenario y la mitad de su profundidad. La iluminación crea climas, interviene sobre los cuerpos, remarcando enunciaciones. Es un campo de detención coreano, en el cual las prisioneras son mujeres que han sido tomadas para servir de esclavas sexuales (el número se calcula en 20 mil) por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Sus sueños, sus penurias; su lucha pasa por poder pasar día tras día, añorando que en algún momento su pesadilla se termine. Pasan las horas que no están “trabajando” imaginando, recordando, describiéndose a los hombres que las penetran. El cuerpo como lugar invadido y, simultáneamente, como espacio de resistencia. La memoria de quiénes han sido es lo que las hace fuertes; memoria como identidad, no como telaraña. Contradicciones en tanto los hombres que se presentan ante ellas para usarlas se vuelven frágiles al desnudarse, evidenciando lo absurdo del discurso de poder del cual ellas son resultado.

“Diciembre”, en cambio, tuvo por lugar de residencia al teatro Payró. Mientras que “Hotel Splendid” se acerca más a un monumentalismo operístico en cuanto a su puesta escenográfica y uso del espacio, “Diciembre” opta por un mayor minimalismo (en el estilo también de la escena independiente /off / etc. local). Una familia se reúne para la cena de Navidad. El hermano menor ha regresado por una licencia en medio de la guerra con Perú que transcurre en el 2014. Una de las hermanas, otrora progre, festeja la acción bélica, mientras que la otra está aliada con la resistencia y busca ayudar a su hermano a desertar. Más al sur de Santiago, los Mapuches se preparan para una última avanzada sobre la capital chilena para terminar de conformar su nuevo país: Mapu. ¿Qué es la guerra? ¿Por qué la guerra? En la obra coreana, por más que las dos Coreas parecen siempre al borde un conflicto bélico, la violencia concreta y material parece ubicada en un pasado, como huella, como advertencia, si se quiere. En “Diciembre”, se inserta en un futuro próximo, y donde las posiciones que chocan no están tan claras. Las dos hermanas, a través de las actrices, se metamorfosean en otros parientes. Traición, lealtad, resistencia, enemigo; términos que se vuelven relativos… El hermano permanece siempre igual, siendo el único que no explicita su postura hasta el final. Cuando ocurre, como en la obra coreana, lo que aparece es el sentido del sinsentido; lo que minutos antes provocaba risa, ahora se torna trágico. “Diciembre”, sobre todo, pareciera ser la expresión de un mundo que gira y se mueve sin demasiado rumbo, donde el diálogo real es imposible. Ante la imposibilidad de construir un proyecto inclusivo, destruir al Otro sería la forma natural de ese mundo.

En un país con 30 mil desaparecidos que se dividió en subzonas de guerra, donde el cuerpo fue deshumanizado como parte de un plan sistemático de aniquilación al punto de hacérselo desaparecer (culminación – ¿o no? – de un conflicto mucho más largo y complejo de lo que puede desarrollarse en estas líneas), instalar una obra que trae la memoria de 20 mil mujeres cuyos cuerpos fueron atravesados literal y metafóricamente, no parece inocente (independientemente de si su presencia se debe a la casualidad o a la causalidad). Lo mismo para la obra chilena, que viene de una historia bastante similar a la nuestra y que llega a Buenos Aires en un momento que parece marcado por la intolerancia hacia el Otro, cualquiera sea el signo de este (aunque ya lo decía Pasolini, que la tolerancia es un verso, porque no es la aceptación de la diferencia, sino la tolerancia, es decir “te aguanto”, hasta que un día “no te aguanto más”). Para que exista un diálogo real, es necesario asumir la toma de posición junto a las contradicciones. Sin embargo, la toma de posición llevada al extremo o vaciada en favor de una simple lucha por el poder  implica la aniquilación del diálogo y la imposibilidad de construir, que es, a mi entender, lo que acaban por concluir los protagonistas de “Diciembre”.

En cuanto a la exposición de las obras, se descentralizó, siguiendo también la línea que viene tratando de profundizar cada vez más el BAFICI. Esto permitió utilizar la diversidad de salas de la ciudad para traer diferentes tipos de propuesta y promover también el acceso a espacios que mucho del público que se acerca al FIBA para ver lo que no suele ver no frecuenta.

Teniendo en consideración que, debido a los conflictos que produjo un decreto de junio del jefe de gobierno, no se sabía con certeza si el festival habría de realizarse hasta aproximadamente un mes antes, puede considerarse un éxito el sólo hecho de que haya existido. Los desajustes, la falta de promoción e información adecuada, los grupos de menor renombre con respecto a ediciones anteriores, impactaron, lógicamente, sobre la cantidad de público. No fue extraño, por ejemplo, ver salas grandes con numerosos espacios vacíos. En la urgencia de mover la maquinaria, de todos modos, el acento termina por ponerse en la subsistencia. Aunque, insisto, en función de que en doce años la estructura básica del festival sigue siendo la misma, me queda la sensación de que faltan más preguntas y más reflexión…

En medio de la vorágine, una perlita

Dentro de las actividades extra que me llamaron la atención del VI FIBA, se ubicó el taller de periodismo para adolescentes de Ana DuránSonia Jaroslavsky, quienes, desde suPrograma de Formación de Espectadores, vienen trabajando con adolescentes desde hace años. Ocupando un lugar periférico dentro del propio festival, el grupo vio todas las obras que pudo y entrevistaron a todos los participantes a los que pudieron tener acceso. Personalmente, asistí a una entrevista en la que estuvieron presentes directores de teatros europeos, lo que permitió contrastar realidades, ideas y objetivos. Si bien hubo charlas abiertas al público con los artistas, este taller me pareció más productivo en cuanto a formación de nuevos públicos y periodistas o investigadores.

En el sitio del festival se puede acceder a todas las notas realizadas por el grupo, aunque la navegación se hace un poco molesta en tanto están una a continuación de la otra, sin buscador ni indicador de ningún tipo que permita seleccionar sin tener que recorrer todo lo escrito. Esta falta de cuidado puede deberse a, como mencioné antes, que las acciones para darle vida al FIBA debieron ocurrir a velocidad por el escaso tiempo con que se contó, finalmente.

Experimenta 10, el acento en el debate

El festival Experimenta, que organiza el grupo rosarino El Rayo Misterioso, se lleva a cabo desde hace años, aunque es mi primera vez ahí. La aclaración vale, puesto que mi experiencia, entonces, es la de alguien que se encuentra con esta propuesta y no la de quien ya está acostumbrado a ella.

En contraposición con el FIBA, el Experimenta es más reducido en tamaño, pero su estructura parece funcional a sus fines. Los elencos asistentes y los demás invitados almuerzan y cenan juntos en el teatro donde ocurren los talleres, las charlas, las mesas redondas y las funciones. Cada invitado, indefectiblemente, participa y se relaciona con los demás. Los elencos dan talleres, los invitados de otros rubros ofrecen charlas o son parte de las mesas redondas.

Los debates que se producen no cierran, necesariamente, pero tampoco importa. En ocasiones, quedan claras o se adivinan posiciones completamente opuestas, pero la gracia está en que coexisten ahí y que las charlas, por la convivencia entre los participantes, se extienden por fuera del tiempo asignado y en otros espacios.

El intercambio, en Experimenta, ocurre, sobre todo, entre elencos, intelectuales, periodistas, etc. El público, en cierta forma, queda ubicado en otro plano. La reflexión ocurre desde la praxis y desde la teoría.

Como grupo que ensaya consigo mismo, permanentemente, en busca de una ética y una estética determinadas, desde ese lugar, produce un festival que se concentra, precisamente, en la experimentación y la discusión. Me parece que, si bien Experimenta existe desde hace mucho, este tipo de búsquedas y de orientación (el encuentro, el foro, la charla, no apuntados hacia aglutinar ni a una bajada de línea taxativa sobre un modelo especifico a seguir, sino a conectar individualidades que puedan interactuar, que no es lo mismo) van ganando espacio/s en el último tiempo y no creo que sea casualidad. Conectardisparar, catalizar, en lugar de, simplemente, mostrar para ser visto.

¿Conclusión?

¿Qué lugar ocupa un festival de teatro? ¿Comercial? ¿Artístico? ¿Social? ¿Qué compone un festival de teatro? ¿Qué actividades le dan identidad? ¿Promueve un espacio de reflexión sobre su medio y su relación con el resto de la sociedad? ¿Debería hacerlo? ¿Por qué se da una proliferación de festivales en Buenos Aires? ¿Por qué aparecen cada vez más en provincia de Buenos Aires? ¿Cuál es la relación que se genera con el público? ¿Cuál es el público? ¿Cuál es la identidad del FIBA? ¿Qué implica que se privilegie la acción por sobre la reflexión o viceversa? ¿Es posible un balance? ¿Cómo se genera público nuevo? ¿Para qué? ¿Cuál es el vínculo de un festival con el mercado? ¿Cuáles son los criterios para establecer programación y/o actividades? ¿Dónde están ubicados los debates sobre ética y estética? ¿Es posible descentralizar sin que eso signifique atomizar? En definitiva, ¿Para qué un festival?

Leer Del FIBA a Experimenta: Más preguntas (I)

Para contactar a Diego Braude, clickear aquí

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