“La verdad fugaz”: Las buenas mentiras tienen patas gordas

Te digo que si, todo esto es verdad. La mampostería detrás de nosotros y mis pestañas largas y negras. El señor que esta bailando allí, lleno de tules y con el ombligo al aire, y, sobretodo, aquel helicóptero volando dentro de este bar sin techo. No te preocupes, yo nunca te negaría la verdad.

Si la verdad es fugaz, es decir,  rápida, breve, efímera, momentánea, perecedera;  entonces, ¿cuánto vale mentir? Cuando mentimos  nos volvemos creativos, detallistas, e invertimos mucho tiempo en tramar una buena mentira. Incluso sufrimos reacciones corporales desagradables, como ponernos colorados y podemos, ante un mentiroso profesional, quedar muy mal parados. Pero algunas mentiras (sino todas) adquieren tal peso, tal presencia, que terminan revelando ciertas verdades acerca de nosotros mismos. Porque quizás en ese mismo instante donde prefiramos inventar una mentira se fugue, por entre los recovecos de ésta, alguna verdad fugaz.

Un bar como el lugar del encuentro de una cita sin fecha ni hora. Lugar de la pura casualidad. Punto de fuga, donde todo lo que allí se muestra, parece pero no es, aunque en realidad termina siendo. (¿?) Un encuentro entre desconocidos como disparador de toda esta historia llena de pequeñas historias.

(Un agujero negro, donde coexisten un millar de posibilidades, de combinaciones, como si el amor deviniera un juego de combinaciones dispuestas azarosamente entre muchas otras. Porque, después de todo, el amor es una cuestión de coordinación temporo-espacial.)

La mentira se expone, y constituye el escenario de estos personajes. Una escenografía que representa una gran ciudad, edificios enormes, ante estos seres pequeños, indefensos, cuidadosos de sus propios actos, por momentos impulsivos y sumamente mentirosos. Una trama secundaria donde se expone la realización de una película al estilo bollywood. Presenciamos el making-off, la falsedad de los disfraces y la facilidad con que se cambian frente a nuestros ojos, las coreografías, los chistes sobre el arte de la actuación; ponen en descubierto todo el tiempo el artificio. La mentira está por todas partes.

Pero, ¿qué devela toda esta mentira?

Al igual que en su anterior obra “Cupido sin deternerse”, Guillermo Hermida elige el amor  como  el eje sobre el cual se mueven sus personajes. Relaciones que se terminan, que empiezan, que vuelven a empezar. El foco está puesto allí, donde tiene lugar el encuentro que por más que esté amparado por mentiras no deja de ser real. El encuentro entre esos seres, la atracción, la nostalgia, la pasión por ese otro. Los sentimientos afloran más allá de todo artificio. Porque entre todas esas capas que lo recubren, se escurre siempre alguna que otra verdad que termina sorprendiéndonos.

Autoría y Dirección: Guillermo Hermida Intérpretes: Luciano Correa, Pablo Cura, Luciana Dulitzky, Mariano Farrán, Lucrecia Gelardi Vestuario: Sebastián Sabas Escenografía: Sebastián Sabas Iluminación: Ricardo Sica Diapositivas: Sergio Chiossone Música: Federico Marrale Operación de luces: Fernando Chacoma Fotografía: Sergio Chiossone Asistencia de dirección: Andres Granier Prensa: Agustín Castañeda, Cece Producción ejecutiva: Natalia Bellotto Coreografía: Darío Dorzi. Info sobre funciones de “La verdad fugaz”

Para contactar a Agostina Dolcemáscolo, clickear aquí

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