“Mariano Moreno y un teatro de operaciones”: Luchar por un mundo posible

En el fondo, una pantalla. En el inicio, el mar en el que murió Mariano Moreno y en el cual se lo sepultó.

Una obra dentro de una obra dentro de una obra. El escritor escribe, mientras los personajes representan ser actores representando y entrando en conflicto… no, mostrando el conflicto… el conflicto de la historia que busca ser narrada. Y quien narre la historia, está también plantando semillas para el futuro.

Excursus… de chico, no recuerdo a ningún niño que dijera que quería ser San Martín o Belgrano. Sí, teníamos actos escolares – yo participé en algunos de ellos -, pero lo que decíamos y exponíamos rara vez se planteaba como algo vivo que nos afectaba y, más bien, era algo con tufo a naftalina que hablaba de cosas que no importaban. En cambio, en nuestro vecino del norte te queman la cabeza con los purretes que sueñan convertirse en futuros George Washingtons y Thomas Jefersons. Pero la cosa no es tan lineal…

¿Qué pasaría si contáramos la Revolución de Mayo a través de Mariano Moreno?

“Quien controla el pasado, controla el presente. Quien controla el presente, controla el futuro”, circulaba por “1984″, el textito de George Orwell que me quemó el cerebro a los 14 años. La historia que me enseñaban a mí en el colegio no llegaba al peronismo y ni hablar de los golpes de estado o la dictadura que dejó 30 mil desaparecidos. Los relatos fundacionales explican el presente de las naciones, dan la tranquilidad de que ese pasado llevó a este presente; a veces, el presente tiene demasiados agujeros y entonces parece que para muchos fuera preferible hacer de cuenta que no hay más pasado…

Si mi primaria durante la década del ’80 no sabía bien qué hacer con la historia, la escuela del ’90 (salvo excepciones) quería directamente borrarla. Si no hay historia, no hay otra cosa que el presente; esto es lo que hay… El hecho de narrar, de construir un relato, implica también imaginar un mundo posible (y si podemos imaginar distintos relatos, podemos imaginar otros mundos…). Negar toda posibilidad de relato lleva, creo, a no construir ningún tipo de universo. Pensar que evitando los relatos también se evita el conflicto, a mi entender, es también un error; los conflictos siguen ahí, con la sola diferencia de que hacemos de cuenta que no, que no hay contradicciones, mientras se apilan esperando el momento de reventar. Lo mismo que, como se escucha seguido, creer que nada de esto “tiene que ver” con uno.

En la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación, el escritor escribe, vestido de overall, en silencio, a un costado, observando la acción y viendo cómo se desarrollan los personajes que ubica en escena (me quedo pensando en la imagen del escritor que ve cómo sus ideas cobran vida delante de sus ojos). Y amontona signos, marcas, y conflictos. El efecto de acumulación en su dramaturgia se da musical y dialécticamente por incremento y contraste de las tensiones expuestas.

Mientras, al director se le van yendo de las manos los otros personajes que van adquiriendo voz, que se retoban, que no dicen lo que “debieran” decir. Las noticias de lo que pasa fuera de las puertas del teatro son alarmantes, ya que un grupo cada vez más numeroso pretende irrumpir en función de interrumpir lo que allí se está gestando, ¿a qué le temen?. El director también va mutando de objetivos, y entonces la discusión se intensifica alrededor de ¿qué es la obra que están haciendo?, ¿por qué está ahí?, ¿qué significa estar en escena?, ¿qué historia se está contando?, ¿por qué aquellos quieren entrar con antorchas? ¿qué es ser actor?, ¿qué es ser personaje, y de quién?

La obra que hable de Moreno no puede evitar tomar una posición respecto a Moreno. Y el que está ahí en escena es, apenas, un bosquejo, una idea, un disparador.

Hay un muerto sepultado en el fondo del mar (esta es otra imagen, que nos persigue en el tiempo presente del pasado reciente) que necesita que lo vuelvan a narrar. Porque, quizás, contándolo de nuevo, estemos hablando también de muchos otros muertos y olvidados (que es otra manera de muerte) que creyeron en una idea “inconveniente”. Porque narrándolo puede que aparezca la idea de otro mundo posible distinto al que conocemos, con todo el miedo que eso puede traer. Y en el relato que aparezca, seguramente habrá cosas que no encajen, o cambios de opinión, o estupideces, porque los hombres son así.

Autoría y Dirección: Manuel Santos Iñurrieta Intérpretes: Alfredo Aguirre, Gerónimo Garcia, Julieta Grinspan, Carolina Guevara, Marcos Peruyero, Federico Ramón, Manuel Santos Iñurrieta, Jorge Tesone Músicos: Julieta Grinspan, Marcelo Martin. Info sobre funciones de “Mariano Moreno y un teatro de operaciones”

Para contactar a Diego Braude, clickear aquí

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