“Visages”: Mirame

Visage es rostro, pero también, según una definición que encontré por ahí, la expresión, la gestualidad de ese rostro. Es decir, no es sólo la forma, sino el contenido. Hay quien dice que mirar a los ojos es espiar a alguien por la cerradura. ¿Nunca se fijaron en el subte o el colectivo cómo la gente observa en todas direcciones pero siempre intentando evitar encontrarse de manera directa con los ojos de otro? La gente anda necesitada de hablar, de acercarse, que le hagan un mimo y, sin embargo, lo que prevalece es el miedo… será porque mirar es descubrir, pero también es, cuando se produce el encuentro, ser descubierto…

En el espacio oscuro de una sala, sólo fragmentos geométricos, pequeñas estructuras de luz, pero también, quizás, los monoblocs de algún barrio, algunos terminados, otros sin terminar… división de espacios, tetris destinados a cruzarse y romperse cada tanto (los que habitan los monoblocs, no las construcciones).

Apenas cubiertos por las estructuras, seres que quieren ser reconocidos, aceptados y queridos. Hay también un ángel, pero él lo que quiere es morir, harto de retornar una y otra vez; es un desilusionado, un derrotado. Rechazados, a su manera, son todos; entre la pureza y la corrupción hay apenas un paso, una palabra. La mirada que dirigen hacia afuera discrimina, separa, compartimenta (como si los monoblocs fueran también estructuras lumínicas pequeñas de una escenografía que también son bobas barreras tan chiquitas pero tan fuertes entre ellos). A diferencia del ángel, los habitantes de las estructuras son jóvenes o muy jóvenes, son esa mezcla rara de mundo heredado y mundo por hacerse… y como el heredado está bastante roto, el por hacerse es una gran duda…

El texto poético, barroco, extrañado, contrasta con los espacios vacíos y los vestuarios donde el niño y el adulto conviven en uno. Ninguno escucha realmente (o quiere hacerlo) lo que el otro está diciendo; las palabras son igual que sus portadores, buscadoras de quien las desee, de quien les preste atención y les haga un mimo, así también máscaras que ocultan o protegen… cuando aparece la sorpresa, la parola, el texto barroco, quedan en silencio frente a la imagen y la acción…

En “Las alas del deseo”, de Wim Wenders, el ángel Damiel buscaba caminar por la tierra, fascinado por lo que veía y queriendo experimentar lo efímero de la mortalidad. En “Tan lejos, tan cerca”, otro ángel (Cassiel) quería seguir los pasos de su antecesor, sólo para chocarse con un cuerpo que se lastima, que tiene hambre, que es golpeado, que duele y añora, que necesita una identidad…  A diferencia de cuando Cassiel retorna a su forma angelina, más sabio y preparado para su “misión”, el ángel de “Visages” sólo quisiera poder desaparecer de este mundo, al que sólo ve como en constante estado de corrupción (quizás incluso él sea el real narrador y los protagonistas apenas sean un reflejo de su mirada)…

Entre luces y oscuridades, los chicos se buscan, se empujan, se agreden, tratan de poder dormir (aunque nunca descansan realmente)…

Dramaturgia: Hubert Colás Adaptación y Dirección: Miguel Israilevich Traducción: Mathieu Orcel Actuan: Guido Botto Fiora, Diego de Paula, Nicolás Deppetre, Ramiro Gimenez, Rodrigo Lico Lorente, Carla Pessolano, Sol Rodríguez Seoane Vestuario: Gustavo Adolfo Alderete, Natalia Gonzalez Escenografía: Diego de Paula, Rodrigo Lico Lorente Peinados: Dino Balanzino Maquillaje: Dino Balanzino Diseño de luces: Andrea Czarny Fotografía: Alejandro Ojeda Entrenamiento corporal: Celia Argüello Rena Entrenamiento vocal: Nora Pessolano Director asistente: Mariela Finkelstein

Para contactar a Diego Braude, clickear aquí

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