“Freshwater”: Entre olas y poesía

Residencia de los Cameron. Inglaterra, principios de siglo XX. Cuando el sol se oculte, el matrimonio se embarcará a la India. Hasta ese momento, entre bastidores, lírica y discusiones sobre arte, los acompañarán dos amigos: Watts, un pintor obsesionado con Ellen, su joven esposa, pero sobre todo con plasmar las alegorías que ella le inspira; y Tennyson, un poeta que al más mínimo estímulo se pone a improvisar versos.

En el mundo diletante que presenta “Freshwater”, y que seguro parodia muchos aspectos que rechazó el grupo de Bloomsbury, los hechos significan la muerte de la poesía. Por eso hay que conjurarlos. El tiempo para estos personajes, que buscan rodearse de conceptos estéticos como si fueran aire, está detenido. “Los Cameron siempre están por partir y yo posando para signoir” dirá Ellen, la pureza, musa de tiempo completo, acosada también por la dueña de casa, pero para fotografiarla.

En el escenario prácticamente vacío, los cuerpos se destacan. Por su vestuario, reconstruido al detalle, incluso hasta en las barbas y el calzado; y por el contraste que esa impronta victoriana guarda con sus acciones. Aunque solemnes y presumidos, gritan, se retuercen, se tiran al piso, se persiguen, se asoman con ansiedad a un ventanal.

Esa realidad, que se acerca como por un camino, termina por instalarse. El encargado de traerla es John, un marinero que tiene un encuentro con Ellen en una playa cercana y altera el orden de quirófano literario cuidado con esmero en el salón de los Cameron, adonde, tarde o temprano, llega la frescura a la que alude la pieza. Virginia Woolf comenzó a escribirla en 1923 y años más tarde la representó en el cumpleaños de su sobrina.

Citando el programa de mano, “en su única obra dramática, Virginia Woolf eligió sonreir”. En “Freshwater” da la impresión de que la autora no buscaba otra cosa que reírse un poco de su entorno y, por qué no, de sí misma. Pero, fiel a lo que fue su vida, lo hizo desde una mirada racional, melancólica y muy afecta a los detalles exquisitos. El texto pide mucha atención por parte del espectador, quien seguro se levantará de la butaca pensando en el destino de estos personajes, queriéndolos y compadeciéndolos a la vez.

Autoría: Virginia Woolf
Dirección: Maria Emilia Franchignoni
Actuan: Miguel Amestoy, Marcela Bea, Manuela Fernández Vivian, Victoria Páez, Gabriel Schapiro, Guillermo Somogyi, Félix Tornquist
Escenografía: Julieta Ascar
Diseño de vestuario: Sofía Di Nunzio
Diseño de luces: Leandra Rodríguez
Fotografía: Pilar Benítez Vibart, Luciana Damiao
Diseño gráfico: Bruno Rafaelli
Asistencia de escenografía: Lucrecia Marchese
Asistencia de vestuario: Emilia Tambutti
Asistente de producción: Marisol Delgado
Prensa: Walter Duche, Alejandro Zarate
Producción ejecutiva: Martin Lavini
Producción general: Maria Emilia Franchignoni
Dramaturgista: Maria Emilia Franchignoni
Puesta en escena: Maria Emilia Franchignoni
Dirección de actores: Alejandra Flores

Info sobre funciones de “Freshwater”

Para contactar a Virginia Lauricella, clickear aquí

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