“La idea fija”: “Ese claro objeto del deseo”

Una gota de sudor se desliza por un cuerpo desnudo que arremete contra el piso en una insistencia tenaz, presionando por penetrar lo casi impenetrable. Una animalidad que exuda y que confunde junto con sus cabellos artificiales y nos coloca en el lugar del observador expectante, curioso, a la vez que descubierto, en ese mirar impropio.

“La idea fija”, despliega toda una investigación acerca del sexo llevada a un lugar paródico, donde los cuerpos ejecutantes toman distancia de lo ejecutado a través de distintos recursos como la mecanización del movimiento, la canción y el uso de elementos teatrales. Movimientos, a la vez, que oscilan entre lo referencial y lo abstracto dentro de esta construcción hiperbólica.

A la mecanización y la exageración también se le suma la repetición, elementos estructurantes de la composición de esta obra. Estos recursos son muy utilizados en la comedia, por lo que la risa aquí también se vuelve inevitable. Y  ésta  no opera como cierta forma de catarsis, como sucedía en “El lobo”, obra dirigida e interpretada por Pablo Rotemberg, donde la angustia que  despertaba  era expurgada, en muchos espectadores, a través de la risa. Es decir que, más allá del contenido de la acción, el sexo, y alguna que otra palabra ante la cual más de uno no puede evitar carcajearse sonrojado avivando nuestro espíritu más adolescente, la risa es producto de la misma construcción compositiva de la obra.

Cuerpos desnudos, animales salvajes, que se revuelcan antes nosotros presos de alguna pasión que hasta ellos mismos desconocen. Cuerpos vueltos máquinas de follar, animales presos del instinto, mujeres, hombres, sexo, puro sexo.

Y en ese despliegue encontramos que el lugar de hombre o mujer se halla desplazado. El uso de pelucas, máscaras, las ropas intercambiables entre los intérpretes (incluso la ropa interior), los expone a una flexibilidad trans/género que requiere una mayor exposición de lo que es para dejar de serlo, o para lograr transgredir ese deber ser. Cuerpos intercambiables, atacados y atacantes, penetrados y penetrantes… Pero, a pesar de este intercambio que sugiere una gran plasticidad en el accionar y en el lugar que se le otorga al género, la figura de la mujer aparece por momentos algo vapuleada, volviendo a caer en cierta estructura binaria donde predomina lo pasivo/ activo, lo débil/fuerte, lo penetrante/penetrado, etc.

Finalmente la obra despliega todo este universo, repleto de imágenes, fantasías, miedos, dentro de una composición paródica y plástica del sexo y el cuerpo, a manera de la apertura de un gran repertorio,  sin tomar  por eso una  muy clara posición al respecto.

Texto: Pablo Rotemberg
Intérpretes: Alfonso Barón, Rosaura García, Vanina García, Juan González, Mariano Kodner, Diego Mauriño
Escenografía: Mirella Hoijman
Iluminación: Fernando Berreta
Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández
Música original: Gaston Taylor
Música: Raffaella Carrá, Alter Ego, Giogio Moroder, Georgy Sviridov
Fotografía: Coni Rosman
Diseño gráfico: María Gabriela Melcon
Entrenamiento actoral: Valeria Grossi
Entrenamiento vocal: Mecu Bello
Asistencia coreográfica: Ayelén Clavin, Marina Otero
Asistencia de vestuario: Estefanía Bonessa
Prensa: Julia Laurent
Dirección: Pablo Rotemberg

Info sobre funciones de “La idea fija”

Para contactar a Agostina Dolcemáscolo, clickear aquí

Imprimir este artículo Imprimir este artículo

Deja un comentario

  

  

  


*

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Archivos