De caminos y Utopías. 2da parte

Entrevista a Mauricio Kartun, dramaturgo, director, maestro de dramaturgia

Utopía fue el no lugar que tituló el nombre de la obra de Tomás Moro. Utópico se usa actualmente de manera peyorativa para aplicar a todo aquel que postula o propone ideas o proyectos de difícil, cuando no casi imposible, concreción. El utópico sería un tipo medio iluso, algo ingenuo, Sin embargo, pocos reparan en lo que pasa cuando se abandona el camino hacia la utopía y se lo deja como un balcón desvencijado mirando hacia ningún paisaje.

Cuando le pregunto a Mauricio Kartun por Teatro Abierto, la mítica movida teatral que este año cumple 30 años, en determinado momento se detiene y resalta que habría que rescatar la figura de Osvaldo Dragún. Y, más allá de la exposición sobre ese punto, define al teatrista con una palabra: Utópico. Pero no en el sentido del loco desquiciado que urde planes irrealizables condenados al fracaso y al frentazo contra la pared, sino aquel con sueños desmesurados, imposibles, capaz de seducir a otros para embarcarse en ese viaje y, en realidad, ver hasta donde pueden llegar… Porque esa es la clave de la Utopía, como dice Kartun: no es alcanzar la meta lejana e ideal (que por algo es un “no lugar”), sino iniciar el viaje, transitar el camino, porque a algún nuevo puerto desconocido siempre se llega.

El gran triunfo de los pequeños hombres indiferentes es que los demás crean, como ellos, que todo trayecto es igual, que da todo lo mismo, que soñar sólo te lleva a una ineludible desilusión y que, entonces, para evitarte desencuentros y amarguras te quedes donde estás…

De caminos y Utopías. Primera parte

De caminos y Utopías. Última parte

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