El complejo mecanismo. 1ra parte

Entrevista a Diego Starosta, actor, director y docente de teatro fundador de El Muererío Teatro

En El Canon Elegíaco, diario del trabajo que fue “A penar de toro” – sobre el poema Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca -, Diego Starosta escribe en sus palabras preliminares: ”Me despido hoy del intenso tiempo de pensamientos previos, fantasías, elucubraciones, escritura, lectura e indagaciones, entrenamientos y ensayos, dibujos y construcciones materiales, pruebas y derrotas, aciertos del azar y su gloria, dificultades mecánicas y conjunciones humanas, que me atravesaron y llevaron a realizar la obra A PENAR DE TORO. Pero si de alguna manera doy sepultura hoy a ese lapso lleno de pasión, recibo también, con la inefable coherencia del Tiempo, el nacimiento de una nueva etapa, que como en el ciclo vida-muerte, se nutre de la anterior para construir su identidad y diferenciación. En efecto una etapa muere, para darle paso a otra, pero el ciclo es uno y casi infinito”.

Es un viernes de diciembre de 2011 en el barrio de Palermo, en el estudio de El Muererío Teatro, ese espacio teatral (en sentido amplio) fundado por Starosta, el día de la entrevista no hay nadie salvo el dueño de casa. La energía del lugar a quien escribe siempre le ha parecido peculiar; pujante y llena en la presencia de cuerpos, disponible pero no vacía cuando no transcurre el silencio – como si un resto de aquello que transitó siguiera dando vueltas por ahí -. La excusa para la charla es que El Muererío cumple 15 años, aunque el derrotero – tomando prestada una palabra que Starosta usa en otros textos – para su fundador haya comenzado antes. Y es la curiosidad malsana y molesta de siempre buscar desandar el camino andado para hablar del ahora mirando hacia el por llegar el que lleva al entrevistador a hacer la primera y algo pretensiosa pregunta: “¿Quién sos?”

Para que Starosta fuera Starosta, antes hubo una fábrica familiar – de figuritas, cucuruchos y chocolates y que no terminó bien, como “epílogo de algo que, básicamente, había comenzado con Martínez de Hoz, algo que sufrieron muchas industrias en este país” – y un deseo de ser científico que perduró hasta terminada la escuela secundaria; de teatro, por aquellos tiempos, ni hablar. Para el joven Starosta, el laburo físico empezó desde temprano y las profesiones fueron variadas, pasando por pintor de brocha gorda y hasta marino mercante – “empecé a fantasear con una idea de poeta errante y vagabundo” -. En el interín, picado ya por el bicho de las tablas, trabajó con Los Macocos a principios de los ’90s – de quienes se despidió en un puerto para emprender otra aventura -, y luego con La Organización Negra, antes de mandarse por su propia cuenta con Quique López, quien fuera amigo y compinche por entonces (ambos pasaron juntos por Los Macocos y por La ON) y que luego de seguir cada uno su rumbo sería uno de los fundadores y actual director del TSO (Teatro Sanitario de Operaciones).

(Continuará)

Para contactar a Diego Braude, clickear aquí

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