Teatro

"A mamá", de Guillermo Cacace

“A mamá”: Una familia muy normal

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Dirección: Guillermo Cacace Elenco: Aldo Alesandrini, Paula Fernández, Agustina Gatto, Clarisa Korovsky, Gabriel Urbani Vestuario: Emily Abrodos Escenografía: Verónica Segal Diseño sonoro: Gustavo Cornillon Operación de luces: Héctor Enriquez Fotografía: Bárbara Delfino, Martín Giussani Diseño gráfico: Bárbara Delfino Asistencia de dirección: Juan Noodt Este espectáculo formó parte del evento: Presentación Nro. 23 Revista Funámbulos. Cultura desde el teatro.

Finalizó funciones 2005 -- Teatro del Abasto, Humahuaca 3549, Teléfono: 4865-0014 Web: http://www.teatrodelabasto.com

“La Orestíada”, de Esquilo, es, para nosotros, la que nos introduce por primera vez al drama de Electra, Clitemnestra, Agamenón, Egisto y Orestes. Posteriormente, en “Electra”, de Sófocles, aparece Crisótemis, quien no figurara en la versión de Esquilo. Los hechos: en “La Orestíada”, Agamenón, el rey, es asesinado por Clitemnestra y su amante Egisto al regresar de la Guerra de Troya; Orestes regresa de su larga ausencia y venga la muerte de su padre; a raiz del matricidio, debe huir, perseguido por las Furias, hasta que, finalmente, luego de varias idas y vueltas, es juzgado en Atenas por un tribunal humano que justifica su venganza al haber la madre haber cometido primero crimen contra su padre (marcando la transición entre dos épocas históricas y culturales de Grecia). “Electra”, en cambio, se centra en el personaje de la hija, quien, inmediatamente después de la muerte de su padre, siente la irrefrenable necesidad de vengarlo (para lo cual luego azuzará a Orestes cuando este reaparezca); Crisótemis, su hermana, más conciliadora, intenta una y otra vez convencerla de ceder en sus intenciones y acomodarse a la nueva vida. “A mamá”, producción colectiva dirigida por Guillermo Cacace, retoma de una manera por lo menos extraña los conflictos plasmados en ambas tragedias.

Al ingresar a la sala nos encontramos con que la obra ya ha empezado, es decir, nos antecede, el drama es anterior a nosotros. Un arbolito de navidad con luces intermitentes y una musiquita navideña molesta que sonará sin fin durante toda la obra nos dan una idea de la época del año en que estos personajes se encuentran. Es la cena de fin de año, Agamenón ya ha muerto, y entonces la mesa familiar la conforman Orestes, Electra, Crisótemis, Egisto y Clitemnestra (en ese orden, de izquierda a derecha, marcando una separación, tanto espacial como de vestuario y apariencia, entre Electra y Orestes y los demás – Crisótemis, casualmente, queda ubicada al medio y su apariencia es muy similar a la de su madre, figura totémica sentada en la esquina derecha). Mesa familiar bizarra, que no presagia nada bueno.

Como contraposición a la imagen noble de los personajes de la tragedia, la familia de “A mamá” es de una pequeña burguesía venida a menos que intenta disimular que su mundo se ha venido abajo. Entre lo bizarro, lo kitsch y lo trágico, los personajes hacen cuerpo de diferente manera su drama (Orestes se autodestruye, Electra se “pone en escena”, Crisótemis estalla en repeticiones maquinales de gestos aniñados como distractores del conflicto central, Egisto se pierde en anécdotas y negaciones absurdas, Clitemnestra es la figura totémica y contradictoria). El conflicto está ahí, esperando explotar, recorre la tensión de líneas entre los personajes, está en la musiquita navideña que no cesa, y en las sirenas que suenan periódicamente y que anuncian la llegada de ese algo que no se quiere ver. Electra es quien acciona, buscando llevar a cabo el juicio de su madre; los demás personajes, en cambio, actúan en contra de ese deseo a través de una sucesión de situaciones cada vez más absurdas y patéticas. El resultado, una de esas desastrosas cenas familiares donde es muy fácil augurar la catástrofe, es una carrera hacia el final que aparece como inevitable.

Los cuerpos de los personajes aparecen como desarmables, entregados a un falso frenesí. De alguna manera, están muertos, pero se empeñan en negarlo. Es el cuerpo enfermo de la familia que se sigue dando golpes, que debería fragmentarse y permitir a sus individuos seguir por separado, pero que, sin embargo, sigue atado por un hilo invisible que incluso parecería ir más allá de la tragedia representada (entonces, ¿de quién realmente está hablando la obra?)

El final, como el principio que nos antecedía, plantea también que nos sucederá. Es decir, ¿hay realmente un final? Quizás la tragedia no consista en el asesinato del padre o de la madre, sino en su continua repetición, el constante conflicto sin resolución; “A mamá” no pareciera retomar lo épico de las tragedias de Esquilo y Sófocles, , sino algo más micro, ligado a mezquindades, a puntos de vista cristalizados que no aceptan ver más allá. Quizás la tragedia, oculta detrás de tanto humor absurdo, sea la insoportable negación de los personajes (uno podría preguntarse, mirando a estos seres, por qué simplemente no se sentaron a charlar sobre los equívocos y los conflictos varios que los aquejan y de los cuales todos parecen hacer oídos sordos - ¿qué habría pasado si eso hubiera ocurrido?).

“A mamá” es una obra extraña; a una cordura que aparece como un mapa de fondo, se le superpone la locura de las acciones visibles en escena. Aquelarre familiar que es factible de ser reconocido como nuestras cenas de fin de año, pero que también siento cercano cuando salgo todos los días a la calle en Buenos Aires.

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14/11/2005

 
   

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