Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“áRBOLES”: Memoria
fragmentada
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Ana Longoni,
Cintia Miraglia Autoría: Ana Longoni, María
Morales Miy Intérpretes: María Morales
Miy, Daniel Quintas Vestuario: Rosana Barcena Escenografía:
Julio Lavallén Iluminación: Ricardo
Sica Video: Juan Pablo Di Bitonto Música
original: Daniel Quintas Fotografía:
Juan Pablo Di Bitonto Diseño gráfico:
Julio Lavallén Prensa: TeHagoLaPrensa.
Finalizó Funciones 2007 --
Teatro del Abasto, Humahuaca 3549,
Teléfono: 4865-0014 Web: http://www.teatrodelabasto.com
Finalizó Funciones 2006 - Teatro
Anfitrión, Venezuela 3340, Teléfono: 4931-2124 Web:
http://www.anfitrionteatro.com.ar
Una mujer intenta recomponer el rompecabezas
de su vida, la ausencia de su madre, la presencia ausente de su
padre, su propio origen. Para reestructurar ese recuerdo, sin embargo,
“áRBOLES” recurre a una teatralidad del fragmento,
del texto teatral como poético, transformándolo en
imágenes, como si presente y pasado fueran en realidad un
borroso edificio onírico.
Críptico trabajo si se pretende una
aproximación meramente racional, porque las conexiones narrativas
están sueltas y, por momentos, parecen ir hacia delante y
hacia atrás simultáneamente y porque los personajes
que se hacen presentes se muestran más fantásticos
que realistas.
“áRBOLES” es casi alucinógena
en su aproximación visual y poética. Un cuadrado marcado
y delineado, en el cual se yuxtaponen elementos que hacen recordar
a un quirófano (¿un parto? ¿una excursión
quirúrgica de la memoria?). La protagonista, encerrada en
dicha breve geografía, es rodeada permanentemente por la
figura de un músico (su padre), cuyo único diálogo
(al margen de alguna intervención oral específica),
es a través de su instrumento (su recorrer el espacio a su
vez permite otro trabajo simultáneo de planos sonoros –
un sonido que a su vez marcaría los límites espaciales
en que la protagonista puede moverse). La protagonista se desdobla
asimismo en tres personajes: la mujer, su madre ausente, y otro
más ligado a un ente maravilloso que es quien posee el conocimiento
pero sólo lo comparte a través de versos oscuros.
Son las visiones incompletas de una mujer-niña, que oscila
entre la melancolía y el dolor rabioso por el abandono o
el desconocimiento, por la pieza faltante.
Texto, espacio, sonido, luz y cuerpo se entrelazan
(por momentos, quizás con cierta excesiva demostración
de virtuosismo), si se puede dejar de lado la aproximación
lineal y puramente racional, con fuerza y poesía. La voz,
trabajada a manera de instrumento, se transforma, le da color a
las palabras, incluso a veces independientemente de su contenido.
Las palabras, por su parte, flotan, revolotean, en una fragmentación
que a veces dificulta su hilación (recurso de hecho buscado
adrede y que a su vez también va generando una atmósfera
determinada), construyendo un mundo onírico, trágico
y maravilloso, de imágenes melancólicas. Espacio,
luz y objetos funcionan casi como una instalación que genera
significados por sí misma, alimentando de esta manera al
conjunto.
Esta mujer que busca su identidad, sólo
puede armarla a partir de retazos incompletos e inconexos, completando
el resto de forma poética, como en la fantasía del
niño que fue o quedó abandonado, que llena los huecos
de un relato con elementos de una mitología fantástica.
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/6/2006 |