Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“Automáticos”: Mi proyecto de ciencia
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría: Javier Daulte Dirección: Luciano Cáceres, Javier Daulte Intérpretes: Mariana Chaud, Ludovico Di Santo, Lorena Forte, Pilar Gamboa, Carolina Martín Fierro, Leticia Mazur, Verónica Mc Loughlin, William Prociuk, Ignacio Rodríguez de Anca Vestuario: Luciano Cáceres, Javier Daulte Escenografía: Luciano Cáceres, Javier Daulte Escenotécnia: Agustin Garbellotto Iluminación: Mariano Rugiero Realización de escenografia: Héctor Bordoni, Agustin Garbellotto Musicalización: Javier Daulte Asistente de producción: Héctor Bordoni, Lucas Cánepa Asistencia de dirección: Sergio Aiello, Mara Guerra Prensa: Walter Duche, Alejandro Zárate Coreografía: Javier Daulte, Leticia Mazur Coordinación general: Luciano Cáceres, Javier Daulte.
Finalizó Funciones 2008 -- Teatro del Pueblo, Av Roque Sáenz Peña 943, Teléfono: 4326-3606 / 4394-2639 Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Finalizó Funciones 2007 -- Timbre 4, Boedo 640 - timbre 4 (e Independencia), Teléfono: 4932-4395 Web: http://www.timbre4.com
Un grupo de adolescentes con las hormonas al viento, un proyecto de ciencia, efectos colaterales inesperados. Esa solía ser la tríada de muchas de las teen movies hollywoodenses de los años ´80 (Desde la más conocida saga “Volver al futuro” a “Mi proyecto de ciencia”), siendo el proyecto de ciencia fácilmente reemplazado por algún elemento más de tipo fantástico (“Los Goonies”, por ejemplo). La característica principal era la de adaptar el género de aventuras a las instancias traumáticas de la adolescencia. Las teen horror movies (que pueden incluir desde “Halloween”, “Carrie” – estas dos con orígenes en los setentas -, “Christine” o incluso parte de la saga “Freddy”), por su parte, eran una versión extremada de estas instancias, llevándolas al terreno de la pesadilla. Las aventuras vividas, en definitiva, sirven como extrapolación de lo que sienten los propios protagonistas y las pruebas superadas sirven como superación y crecimiento.
Un grupo de adolescentes con las hormonas al viento, un proyecto de ciencia, efectos colaterales inesperados. El galán, el rebelde, la líder femenina, la linda con desórdenes alimenticios, la nueva y una hermana con problemas. Un evento traumático y un experimento que va más allá de sus objetivos originales. En el medio, familias disfuncionales.
En las obras de Daulte, sobre todo las últimas, hay un regreso permanente sobre la familia. En “La Felicidad”, por ejemplo, el personaje de Rosa (Gloria Carrá), que busca armar el relato perfecto, construyendo y reconstruyendo permanentemente la estructura familiar. Acá, el mundo adulto queda atravesado por el fracaso, lo que no pudo ser, queda lejos y, al mismo tiempo, demasiado cerca. Los personajes del grupo terminan constituyendo una familia alterna, imperfecta, pero unida por la experiencia. El experimento fallido, en el que tres maniquíes devenidos androides cobran vida, termina por poner en tela de juicio todo el concepto mismo de tejido familiar (no es sólo el elemento estructural, sino cosas básicas como el cariño “debido”).
El proyecto de ciencia es el conflicto primero y toma lugar en la casa de uno de los protagonistas. La cuestión inocente desde la imaginación se inserta con la posibilidad que el espectador acepta de que un grupo de adolescentes pueda transformar tres maniquíes (a su vez relacionados con la historia de un padre fallecido hace tiempo) en androides. En ese pequeño gran emprendimiento, cada protagonista involucra deseos que apuntan a cuestiones externas y propias de cada uno, que van del ser aceptado o reconocido, al deshacerse de la sensación de derrota que traen como heredada. Aceptación, rechazo, de forma más ingenua o más oscura, están atravesados por ese conflicto también. El trofeo, sin embargo, se lo lleva otro proyecto, de tipo standard (el tipificado, aceptado).
El título alude a la característica primera de los androides. El automatismo implica la repetición mecánica. Pero estos descendientes de Mary Shelley y su mundo van escapando paulatinamente de dicho confinamiento. Toman lo que reciben del exterior, provenga de la televisión (de las películas) o de las palabras de los protagonistas humanos, y, eventualmente, consiguen sacarlo de su ciclo. Aceptan lo adquirido, para luego cuestionarlo. Esencialmente, lo mismo que hacen, o quieren hacer, de manera menos consciente, sus contrapartes de carne y hueso.
“Automáticos” se plantea, asimismo, como espectáculo, y entonces junto con la oscuridad está el humor, conformando un montaje de claroscuros donde se ponen en juego los mitos y cuestionamientos adolescentes.
Como en “La Felicidad”, el relato y la posibilidad de control están en crisis para los personajes, lo mismo que la noción de “normal” y “anormal”. En este caso, aparece en la forma de una teen movie, del relato de aventuras.
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19/10/2007 |