Artes Escénicas / Teatro - Crítica

Bristol - o paisajes sobre dilemas del Dr Freud - Juan Coulasso

“Bristol - o paisajes sobre dilemas del Dr. Freud -”: El vacío en la memoria que construye la historia de la memoria de la historia

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Dirección: Juan Coulasso Intérpretes: Luis Berenblum, Ignacio Díaz, Alejandra Marimón, Javier Mele, Agustín Quiroga, Anahi Ribeiro, Mariano Saba, Yasmin Sapollnik Músicos: Melisa Brieva, Matías Coulasso Diseño de luces: Akira Patiño Arte: Claudio Mele Entrenamiento en clown: Vanina Grossi Entrenamiento corporal: Daniela Cuculiansky Asesoramiento de vestuario: Gisela Chali Asistencia de dirección: María Florencia Poggio.

Finalizó Funciones 2007 -- Teatro del Viejo Palermo, Cabrera 5567, Teléfono: 4777-4900

Finalizó Funciones 2007 -- Teatro del Viejo Palermo, Cabrera 5567, Teléfono: 4777-4900

"La historia no preexiste al acto de crearla"

Jacques Lacan

“Las vidas se acaban sin poder entenderlo…”

Waldemar, “Bristol”

Asociación Libre:

--- “Así que pasen cinco años”: Vivir todas las vidas, todas las lunas - por Diego Braude

Dos familias disfuncionales, o una sola escindida, o ninguna. Personajes que se narran, primero a través de uno, luego individualmente, se separan y se individualizan. Como plastilina moldeable, se funden en los otros, o finalmente nacen. Bien podría decir que no existen.

Ocurrió en Mar del Plata un evento fundacional. Un padre (¿dos? ¿el mismo?), y algo… el Padre no está más, pero sus vástagos siguen encayados en ese pasado que no pueden completar. Todos, cada uno, rodea / rodean el evento, cada uno tiene piezas, todas sueltas, fragmentos que unen a ciegas (hay un ciego que no quiere ver, y una vidente que preferiría ser ciega). Piezas, piezas, piezas. Armar el todo, reconstruirlo, darle coherencia para poder avanzar.

Todos estos disfuncionales retornan obsesivamente, compulsivamente, ridículamente, grotescamente, infantilmente, sobre un pasado hecho fantasía de memoria. No se pueden construir a sí mismos porque el pasado es agujero negro, se los traga cuando lo miran fijo. Ese tiempo es tiempo transcurrido, irrecuperable, pero ellos se esfuerzan en que no sea así. Son niños con cuerpo de adultos. Hombres de pelo en pecho. Mujeres con tetas y curvas. No hay situaciones donde habitan personajes, sino personajes desde los cuales parten situaciones que se engarzan y que engarzan a los personajes con otras situaciones.

En el medio, una mujer que es… Una mujer que aparece, que atraviesa los tiempos y los espacios; inmutable por un lado, siempre diferente en base al interlocutor por otro. Es la mujer la que lleva en sí la clave para recuperar los huecos de la memoria… o no. En ella ellos depositan, se depositan, y ella se va, siempre se va. Ellos la desean. Ellas le desean la muerte. Buscándola como llave, no se dan cuenta que ella es la puerta. No es persona, sino máscara, que en realidad es lo mismo. Ella no es, y sólo la fantasía de los otros le da forma; está en el lugar que debe estar porque ellos la colocan en ese lugar… círculo vicioso que oculta una tautología: el pasado es el pasado que es el pasado. El resto es construcción (construcción sin la cual, paradójicamente, no pueden vivir).

“No hay banda!
There is no band!
Il n'est pas de orquestra!
This is all...
a tape-recording.
No hay banda!
and yet
we hear a band.
If we want to hear a clarinette...
listen...
Un trombon "à coulisse".
Un trombon "con sordina".
Sient le son du trombon in sourdine.
Hear le son...
and mute it... drop it...
It's all recorded.
No hay banda!
It's all a tape.
Il n'est pas de orquestra.
It is...
an illusion.”

“Mulholland Drive”, David Lynch, 2001

Detrás del sueño está la muerte… ¿la muerte de qué? La muerte de la fantasía que es la representación ante nosotros (y que ha sido siempre para ellos, guardados como personajes cuando termina la función), con músicos y un fondo donde se “apagan” los personajes esperando nuevamente su pie. El Padre desaparecido dificulta la clausura del relato, abre el círculo de especulaciones sin posibilidad alguna de confirmación.

Narración delirio, narración onírica, no hay narración. Siete personajes, dos familias que no se conocen, ¿una sola que se sueña distinta? El trauma eventualmente los separa, los parte, para que se unan en otro lugar buscando elaborar a su vez un relato propio, únicamente posible mediante la aceptación del sueño como sueño.

Seducidos, deseantes de la muerte, sin embargo viven. Lo que nunca terminan de preguntarse es qué quieren hacer con esa vida (a la que, en algún punto, parecen temer, porque sólo conocen la repetición compulsiva), porque cuando todo parece más o menos encaminarse, deciden reanudar, volver a preguntarse por aquel espacio narrativo que creen pueden completar. Semejante muestra de tozudez puede llegar a volverse un peculiar espejo, si uno descubre cuántas veces ha hecho lo mismo.

www.imaginacionatrapada.com.ar
27/7/2007

 
   

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"Quienquiera que hubiera dormido en esta cama": Te recuerdo, amor - por Diego Braude

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