Una mirada indiscreta sobre “Kalvkött, carne de ternera”

Teatro del Nudo, Corrientes 1551. Autoría: Silvina Chague. Actores: Belén Brito, Susana Di Gerónimo, Alejo Mango, Nelson Rueda. Dirección: Corina FiorilloAnte todo, la recomendamos. Por su hermoso y trabajado texto, por sus actuaciones precisas y p…

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Una mirada indiscreta sobre “Kalvkött, carne de ternera”

Teatro del Nudo, Corrientes 1551. Autoría: Silvina Chague. Actores: Belén Brito, Susana Di Gerónimo, Alejo Mango, Nelson Rueda. Dirección: Corina FiorilloAnte todo, la recomendamos. Por su hermoso y trabajado texto, por sus actuaciones precisas y p…

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Una mirada indiscreta sobre “Kalvkött, carne de ternera”

Teatro del Nudo, Corrientes 1551. Autoría: Silvina Chague. Actores: Belén Brito, Susana Di Gerónimo, Alejo Mango, Nelson Rueda. Dirección: Corina Fiorillo

Ante todo, la recomendamos. Por su hermoso y trabajado texto, por sus actuaciones precisas y por su temática que de tan intensa desata lágrimas.
Pero aquí van algunos consejos para el público. La obra empieza puntual, de verdad, y el primer texto es importante, te adentra en la historia y el actor primero que sale a escena le anuncia a una platea imaginaria que lo que pasará a continuación será todo un relato, algo que ocurrió en el pasado. Así que los que llegan tarde molestan, y mucho, sobre todo porque a pesar de ver claramente que la obra ha comenzado no parecen amedrentarse y, en cambio, se acomodan bien, se desabrigan, comen caramelos y hasta charlan. Para impedir esos molestos murmullos iniciales, la recomendación es que a esta obra hay que llegar a la hora indicada. Igual es un detalle, porque poco pasa hasta que su atención es capturada por el escenario.
La historia, no contaremos demasiado no se preocupen, está situada en los fríos y sombríos años de nuestra última dictadura pero lejos de caer en clichés y simplismos elige contar el forzoso exilio de una mujercita que luego de la desaparición de su novio escapa a Estocolmo.
En la hora y media que dura la obra se contará con desgarro, con dolor y con mucho sentimiento lo que se extraña en la distancia, desde lo más pequeño como puede ser el vitel toné de una madre en una navidad hasta nuestro propio espacio, nuestro idioma, nuestras ideas que necesariamente tienen que quedar atrás. Por todo esto, la otra recomendación (muy importante) es llevar pañuelo. Es llorosa por definición y si bien al principio muchos nos contenemos, al pasar los 50 minutos estaremos escuchando y produciendo lloriqueos mocosos sin pudor. Atención: puede aparecer aquí el que no se contiene y larga el llanto con ruido sin ningún tipo de vergüenza.
Lejos de querer asustar con esto, creemos que esa emoción, ese sentimiento y ese amor sin “espacio” ni nacionalidad que trasmite esta puesta es digna de ser disfrutada. Pañuelo en mano y ¡adelante!

Jazmín.Carbonell&Sol.Santoro

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Teatro de cita

El teatro en Buenos Aires es múltiple, basto e inabarcable. Nos encontramos con obras de las más clásicas, experimentos, humor, tragedia, desgarros y un sin fin de posibilidades de todo tipo y en todo lugar. Ahora bien, el gran problema que aparece …

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Teatro de cita

El teatro en Buenos Aires es múltiple, basto e inabarcable. Nos encontramos con obras de las más clásicas, experimentos, humor, tragedia, desgarros y un sin fin de posibilidades de todo tipo y en todo lugar. Ahora bien, el gran problema que aparece es cómo nos enteramos de ellas y cómo obtenemos información. Tal vez los más teatreros sepan ya a qué director quieren ir a ver o confíen plenamente en alguna sala teatral porteña pero el gran público lejos de tener tanta información se encuentra un poco perdido y con algunas referencias incluso inciertas. No existe en el teatro, como si en el caso del cine, un día de la semana en donde se estrenen las obras ni mucho menos un seguimiento en los diarios, revistas y programas radiales más importantes en donde quepan todos los estrenos y de esa forma obtener una clara información. ¿Cómo hacemos entonces para elegir qué ir a ver?
Entre todo esta gran marea de gente, un tanto confundida en la búsqueda de butacas, nos encontramos con un clásico: la pareja en sus primeras citas que decide como “salida” la experiencia teatral. Bien sabemos que el teatro denominado independiente tiende a ser un poco perturbador y a tocar temas sórdidos a veces, cuestionadores otras, buscando un cierto reto para el espectador y un tratamiento de la escena innovador. Lejos de saber exactamente cuál es cada caso, la pareja llega por distintos motivos a la sala dejándose llevar por brevísimas reseñas de un pequeño puñado de palabras, algún recorte argumental e incluso algún comentario al pasar de alguien que fue antes. Tal como hemos remarcado con el cine, no es lindo conocer a una persona en plena catarsis porque lo que se presenta en escena lo perfora hasta la médula o encontrarnos al lado nuestro con alguien impoluto a las más perversas o siniestras situaciones o, para ir más lejos aún, encontrándonos viendo algo a lo que todavía la confianza con el otro no nos permite llegar.
¿Qué vamos a ver entonces? Una opción muy liviana y sencilla es la que ofrece alguna parte de la avenida Corrientes a media noche con muchas propuestas de humor y de improvisación que podrían pensarse como livianas para gente que recién se conoce y además nos da el plus de su sin fin de bares para salir y comentar la obra o al menos conocerse un poco más. La otra es ir a ver la obra que está de moda y que tiene en ella a grandes estrellas de la televisión y del medio popular como es el caso del Paseo La Plaza, el Metropolitan o el Lola Membrives. En estos casos nos encontramos con historias complejas pero en general aptas para al gran público que con la excusa de Florencia Peña o el Puma Goity se adentran en los más oscuros rincones del ser humano casi sin darse cuenta y con risas a borbotones en el medio. No está mal.
De todas maneras, el teatro felizmente se trata un poco de esto, de sorprender, de meterse en la carne del espectador de las más variadas maneras, arrancarlo por diversas esquinas, tocándolo. Aquellos que se animan a la cita en el teatro son quizá los más aventureros, los que se atreven a poner el cuerpo a disposición con la posibilidad siempre presente de quedar un tanto desnudo ante el nuevo festejante. Es cierto, todo tiene un límite, quizá ir a ver una obra que trate justo sobre el compromiso y las formas de expresar el amor o, en otro extremo, un Fabio Posca que te explique las mil y una posiciones sexuales mientras te mira e incluso te interpela directamente preguntándote como la estás pasando con el individuo que tenés en la butaca de al lado, sea, para una primera cita, un poco fuerte pero sin duda sumergirse en la cartelera porteña siempre vale la pena, es cuestión de animarse.
JC & SS

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El teatro y la cena: una costumbre bien porteña

Así como hemos dicho que el cine se las ha rebuscado para ocupar todos los husos horarios, el teatro siempre ha estado ligado a lo nocturno. Quizá por tener una franja reducida, la salida teatral incluye generalmente un acompañamiento gastronómico….

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El teatro y la cena: una costumbre bien porteña

Así como hemos dicho que el cine se las ha rebuscado para ocupar todos los husos horarios, el teatro siempre ha estado ligado a lo nocturno. Quizá por tener una franja reducida, la salida teatral incluye generalmente un acompañamiento gastronómico. Antes o después de la función –ya que depende del horario de la misma– es nuestra costumbre comer y beber aunque siempre es mejor a la salida para propiciar el debate o la reflexión sobre lo visto. Esta es una costumbre plenamente teatral ya que el cine, siempre intentando ampliar la oferta, ha llevado la comida a la sala misma algo impensado para el teatro.
Cuando llegamos a las salas, y antes de que se apaguen las luces, se nos pide expresamente que apaguemos o chequeemos nuestros celulares e incluso, casi como una humorada pero con una intención clarísima, se solicita que todo aquel que tiene caramelos ruidosos los abra todos juntos antes de que salgan los actores a escena. Es que no está dentro de los códigos del teatro comer durante la función. Si alguien tuviese una bandeja de nachos con queso sería brutalmente señalado y hasta se lo podría echar de la sala mientras que si lo mismo sucede frente a la pantalla grande, por más molesto que sea para algunos, no solamente se lo vive como natural sino que es el mismo complejo el que lo habilita, promociona y vende.
Evidentemente, entonces, la opción de comida es antes o después y nunca durante. Alguno podría decir que la otra variante es irse a su casa y es cierta pero es parte del ritual más arraigado del teatro el combo “obra + cena debate” que se presenta como un dúo inseparable en donde si falta uno queda renga la salida.
Basta recorrer la avenida Corrientes, lugar por excelencia del teatro porteño, para darnos cuenta de esto: infinitas opciones gastronómicas, de todos los precios, colas de espera, lugares históricos y casi de culto ensamblados con una extensa cartelera teatral que va desde teatros comerciales, de revista, la oferta oficial del San Martín, las salas ligadas al under o la producción independiente, sin olvidarnos del Centro Cultural de la Cooperación con sus características propias. Así, seguidores de directores consagrados como Daulte o Veronese y amantes de personajes mediáticos como Ricardo Fort confluyen en el mismo sitio, comiendo a dos mesas de distancia, en lugares como Güerrín o Banchero donde las charlas más diversas, las edades, los intereses, las situaciones económicas y las razones que los llevaron al teatro conviven de manera pacífica y armónica.
Con esto nos queda claro que el combo es ponderado por todos los espectadores. Ahora bien, ¿qué pasa en los nuevos circuitos teatrales donde la carta de restaurantes está aún en vías de construcción? Porque de aquella exclusividad que tuvo la avenida Corrientes con respecto al teatro durante tantos años, hoy nos encontramos con el nacimiento de un nuevo polo teatral en la zona de Boedo-Almagro-Abasto-Palermo ya reconocido por todo el campo cultural. Al no estar congregados en una misma avenida o sector, en las salidas de las funciones nos encontramos con cientos de espectadores que no saben a dónde dirigirse ansiosos por el debate o al menos por una breve catarsis. Quizás es por eso que el Camarín de las Musas (a pesar de sus precios no aptos para todo público) y la nueva versión de Timbre 4 han incorporado sus propios cafés-restaurantes para satisfacer esta necesidad. Es que es imposible salir de La omisión de la familia Coleman y no necesitar una charla posterior.
Siempre es sano y feliz que prolifere la oferta cultural y llegue a todos los barrios pero no olvidemos que todos los espectadores tenemos nuestro ritual y nuestras costumbres y nos gusta cumplirlos para que la salida sea completa.
JC & SS

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