La (im)puntualidad del teatro

¿Qué hacemos al salir del teatro? Ya hemos dicho en más de una oportunidad que lo ideal del post-teatral es un cafecito para conversar de la función. Pero no siempre logramos este ideal y, por el contrario, o vamos solos o vamos con alguien que tie…

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La (im)puntualidad del teatro

¿Qué hacemos al salir del teatro? Ya hemos dicho en más de una oportunidad que lo ideal del post-teatral es un cafecito para conversar de la función. Pero no siempre logramos este ideal y, por el contrario, o vamos solos o vamos con alguien que tie…

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La (im)puntualidad del teatro

¿Qué hacemos al salir del teatro? Ya hemos dicho en más de una oportunidad que lo ideal del post-teatral es un cafecito para conversar de la función. Pero no siempre logramos este ideal y, por el contrario, o vamos solos o vamos con alguien que tiene que salir disparado para otro evento en Buenos Aires. Incluso nosotros mismo podemos ser los que huyamos ni bien los actores se retiran del escenario en busca de un taxi en el mejor de los casos y que por favor no haya tránsito.
Es que lo cierto es que son muchos los planes y ofertas culturales que coexisten en la vida porteña en una misma noche y uno, para cumplir con todas las obligaciones, tiene que repartirse y… ¡correr! Y en este punto estaremos llenos de problemas y de impedimentos. Si esa noche tenemos que llegar a algún lugar a una hora exacta la maratón será extensa y cansadora.
Porque una de las cosas que trae el teatro consigo es la falta de exactitud con respecto a la duración de sus obras. Podemos pensar que, como efectivamente lo es, cada noche es única cuando se trata de este arte tan maravilloso que versa sobre el espíritu del actor y también de la respuesta del público. Así que, en este juego tan intenso entre escenario y platea, es posible que una obra dure más o menos de lo que se suponía. Incluso si un actor, que también es un ser humano, valga el comentario, se olvide un parlamento o, por el contrario, se sienta inspirado como nunca y alargue sus participaciones o, incluso, por alguna cuestión técnica, es fácil pensar que el tiempo se torne relativo. Y bueno, si bien tal vez no es la parte que más nos guste como espectadores, sobre todo para aquellos que organizan bien y son puntillosos con sus salidas, lo podremos soportar entendiendo que es una de las características propias del teatro.
Pero… ¿qué pasa cuando el problema es que la obra no es puntual? La otra situación la podíamos comprender pero la injusticia de llegar a hora a la sala y que nos hagan esperan veinte minutos o hasta media hora para que empiece la función nos parece una brutalidad. Y tratando de entender que tal vez se trate de una excepción, de una falla, de una irregularidad, está bien, alguien de la sala sale y se hace responsable de la situación desafortunada y comprenderemos. El tema, y esto es lo llamativo, es que no se trata de una rareza sino que muchos espectadores sufren esta impuntualidad organizativa como algo recurrente y sin explicación alguna.
Por eso, para que ninguna persona tenga que dejar plantada a otra, perder la reservar de algún restaurante, para que nadie llegue tarde o casi sobre el final de algún evento social al que tiene que concurrir proponemos algunas soluciones: por un lado, que los diarios y todos los medios que hacen críticas o comentarios de obras teatrales empiecen a poner dentro de su ficha técnica (como sí lo hacen cuando se trata de una película) la duración aproximada de la obra porque por más que se pueda estirar o acortar un poco todos estaremos de acuerdo en afirmar con seguridad que no es lo mismo una obra que dura aproximadamente 60 minutos que aquellas que duran casi tres horas. Por otro, que las salas traten de ser más puntuales (¡ojo! No se sientan ofendidos los que siempre empiezan las funciones a horario) y entender un poco al público. Y al público le pedimos que siga yendo puntual –o que empiece a hacerlo– porque no hay nada más molesto que los ruidos que hacen los que llegan cuando la función ya ha comenzado.
Adelante, pues, con estos consejos a aventurarnos a la cartelera porteña que es maravillosa.
Jazmín.Carbonell&Sol.Santoro

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Los (h)usos horarios del cine

El cine es una de las pocas expresiones artísticas que ha logrado con mayor destreza colocarse prácticamente en las 24 horas del día.Si vamos al teatro, al igual que a un recital, sabemos que lo más probable es que la cita sea por la tarde o po…

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Los (h)usos horarios del cine

El cine es una de las pocas expresiones artísticas que ha logrado con mayor destreza colocarse prácticamente en las 24 horas del día.Si vamos al teatro, al igual que a un recital, sabemos que lo más probable es que la cita sea por la tarde o po…

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Los (h)usos horarios del cine

El cine es una de las pocas expresiones artísticas que ha logrado con mayor destreza colocarse prácticamente en las 24 horas del día.

Si vamos al teatro, al igual que a un recital, sabemos que lo más probable es que la cita sea por la tarde o por la noche. Sólo en ocasiones excepcionales vemos actores en acción a media mañana o a un rockero con un público enardecido a las 2 de la tarde.

Sin embargo, nos hemos acostumbrado a que el cine esté disponible en prácticamente cualquier momento que lo deseemos. Ahora bien, ¿es el mismo el público de la mañana que el de tarde o de la noche? ¿Quiénes van al cine una tarde en la mitad de la semana?

En principio es necesario aclarar que lograr un mapa exacto de los públicos exclusivos de cada función es una tarea muy dificultosa. Pero hoy partimos desde el ojo que observa al público.

El cine como industria ha ido haciendo tentadores días y franjas de horarios inesperados. Uno de sus conocidos trucos es tener un precio diferenciado para la primera y la segunda función de los días de semana que son aquellos espacios que se han ido ganando en estas décadas.

Así, estas funciones matutinas albergan a un determinado público que se ha ido acostumbrando a esta franja. Con salas casi vacías, son el lugar ideal para cinéfilos hastiados de las multitudes, para personas mayores que aprovechan la mañana para infinitas situaciones o para gente sola que se refugia en ese anonimato de las salas desocupadas.

Las mañanas de los fines de semana o en época de vacaciones, en cambio, son predilectas para familias que llevan a varios niños al cine. La oferta de filmes para los más pequeños, así como las propuestas para toda la familia, parecen tener una gran convocatoria por la mañana.

Por la tarde, caminando por los shoppings o edificios que albergan a los grandes complejos de cine podemos percibir que el público cambia. Adolescentes y jóvenes, ya no con sus familias sino en grupos, experimentando sus primeras salidas sin los padres en muchos casos, parecen ser los absolutos protagonistas.

Ahora bien, es cierto que la noche es la preferida del gran público. Entradas agotadas y varias salas proyectando el mismo filme es ya un clásico.

Los descuentos, las promociones y la ubicación geográfica hacen del cine una salida que se encuentra entre las predilectas para personas de todas las edades.

Citas, salidas con amigos, programas familiares y hasta cinéfilos solitarios llegan a las salas. Cada uno en su contexto, cada cual tentado por un horario determinado.

Basta mirar un poco la fila que se organiza para comprar las entradas para darse cuenta que el público nocturno es de lo más heterogéneo.

Entretenimiento y cultura entremezclados, el cine abarca franjas de lo más diversas. De la mañana a la noche, del más pequeño al más anciano.


JC&SS

Foto de: Joe Mabel

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