Artes Escénicas
/ Teatro / Circo / Clown - Crítica

“Cirko B. Después de Antes”:
Los payasos que el viento se llevó
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Idea y Dirección:
Violeta Naón Intérpretes: Diego Mauriño,
Violeta Naón, Juan Manuel Niño Diseño
de vestuario: Paola Delgado Diseño de luces:
Ricardo Sica Música original: Pablo Bronzini
Fotografía: Paula Herrera Asesoramiento
coreográfico: Pablo Medina Asesoramiento
musical: Agustín Güemes Asistencia
general: María Francisca Naón Asistencia
de dirección: Pablo Algañaraz, Nadia Crosa
Prensa: Carolina Alfonso.
Finalizó Funciones 2007 --
Teatro Anfitrión, Venezuela
3340, Teléfono: 4931-2124 Web: http://www.anfitrionteatro.com.ar
Un temporal arrasa con un circo, elemento
tradicional que ha disparado la acción de innumerables tramas.
Shakespeare mismo inició más de una de sus obras desde
un temporal. Es un elemento violento que ya llama la atención
de por sí solo y deposita a los personajes en un estado fuera
de balance y equilibrio desde el inicio. Entonces, volvemos, tres
payasos salen volando con el vendaval y acaban vaya uno a saber
dónde.
El momento en que se despiertan marca realmente
el comienzo de la obra, porque los enfrenta a lo desconocido. A
partir de ese momento, el espectáculo funciona como el Contact,
donde los bailarines van desarrollando su coreografía a partir
del contacto que van entablando sus cuerpos. Dos payasos y una payasa
entonces construyen su melodía desde sus cuerpos, como si
se fueran empujando en diferentes direcciones permanentemente. Así,
sucesivamente se seducen, se pierden, se encuentran, pasa el día,
pasa la noche, hay silencio, hay música.
Si bien hay momentos cómicos, la iluminación
suave y el ritmo de las acciones le da un aire poético y
casi melancólico al juego de los tres clowns. Hay una cualidad
onírica en la forma en que se encabalgan la seguidilla de
situaciones. Como espectador uno se encuentra por momentos preguntándose
hacia dónde irán los tres protagonista, o si el conflicto
de quién se quedará con el amor de la bella payasa
se convertirá definitivamente en un eje central. Pero no,
cada expectativa es sucesivamente “defraudada”; cada
conflicto tiene su momento en el centro, pero es exactamente eso:
algo temporal, destinado a ser reemplazado por la siguiente secuencia.
Dos instancias de largo silencio dan un contraste
tan fuerte que la sensación de ensoñación se
acentúa. Como la hoja de un árbol que se balancea
con el viento del otoño, como la hoja que finalmente cae
y va danzando, bruscamente, suavemente; jamás veremos dónde
aterriza y, cuando mucho, deberemos imaginarlo.
Lógicamente, depende en el gusto o
la capacidad de cada espectador de aceptar, disfrutar, lidiar o
entender el nivel o el tipo de sensaciones o imágenes que
todo este conjunto de elementos pueda provocar. Porque la obra no
propone anclajes definitivos (en más de un sentido), y las
acciones se mueven por momentos a manera de extrañas estrofas
de un peculiar poema clownesco a ser unidas por el espectador, sobre
quien se deposita el peso de unir las piezas que se le ofrecen.
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/3/2007 |