Artes Escénicas / Teatro - Crítica

Cleansed - Mariano Stolkiner

“Cleansed”: Peste e identidades diluidas

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Autoría: Sarah Kane Dirección: Mariano Stolkiner Adaptación y Traducción: Mónica Koller, Mariano Stolkiner Intérpretes: Gustavo Antieco, Hernan Catvin, Ana Livingston, María Milessi, Rodrigo Mujico, Sebastián Pajoni, Pedro Riva, Carlos Eduardo Spindola Vestuario: Lorena Celeznoff, Sofía Muñoz Diseño de espacio: Mariano Stolkiner Diseño de luces: Julio López Diseño sonoro: Juan Bernabé Música original: Juan Bernabé Diseño gráfico: Luciana Waisberg Asistencia técnica: Pablo Regazzoni Asistencia de dirección: Marcos Pastor Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin.

Finalizó Funciones 2008 -- El Gato Viejo, Av. Del Libertador 405 (y Suipacha),Teléfono: 4315-3663

Sarah Kane se ha puesto, por decirlo de alguna manera, de moda. Qué es lo que atrae a dramaturgos, directores y elencos locales, más allá de que sus textos estén circulando como papa caliente, es un misterio. Un misterio no en sentido peyorativo, sino en aquel que trata de entender qué es lo que posee el material que lo hace tan atractivo.

La noche en la Avenida Libertador se vuelve extraña cuando se cruza hacia el Museo Ferroviario, dentro del cual se ubica el teatro El Gato Viejo en la topografía dominada por el artista Carlos Regazzoni. El espectador (uno), espera en la boletería, hasta que un micro escolar, cuyo interior está completamente cubierto para que no se vea el exterior, lo lleva (nos) hasta la sala. Entrada. Introducción. Penetración. El espectador no sabe realmente dónde se lo lleva, su percepción del espacio circundante cercenada para entrarlo ya en una pre-ficción.

En el espacio escénico, unos subtítulos van dando ubicación espacial para cada escena. Resulta llamativa la referencia a un ámbito “universitario”. Uno piensa en un campus al estilo norteamericano, pero la resolución, acorde con los conceptos de Kane, es un manicomio, cuando no una suerte de campo de concentración para marginales.

La escena inicial muestra a Tinker manipulando heroína (no para consumirla, sino para venderla). Llega Graham y le implora que “lo deje ir”. La forma de hacerlo es una sobredosis. Tinker es, en posibles traducciones, “el que manipula”, pero también podría ser una versión perversa, mutada y sádica de Tinker-Bell, el hada de “Peter Pan”. Tinker medica, castiga, hace volar o es el yunque que ahoga a sus ¿pacientes?.

Grace llega para reclamar el cuerpo de su hermano, pero queda internada. Pasa a usar las prendas de Graham, muerto, fantasma, con el que dialoga y hasta tiene sexo. Robin, un ser débil, se enamora de Grace cuando ella le enseña a leer, pero el conocimiento no le trae felicidad. Carl y Rod están enamorados; Carl jura fidelidad y amor eternos, pero traiciona ante la tortura, mientras que Rod, que se negaba a sentir abiertamente, termina haciendo lo contrario. Entretanto, Tinker va a un peep-show, donde seduce a la stripper, bautizándola “Grace”.

Como en toda obra de Kane, prevalece el extrañamiento. A diferencia de otras puestas recientes, donde los personajes se encontraban restringidos en sus movimientos, acá accionan permanentemente, aunque de manera alienada, enajenada. La identidad se funde, se licúa, lo mismo que la noción de sexualidad o la de normalidad. El amor acá es una enfermedad, una peste que destruye los procesos de individuación, así como a los individuos “portadores”. Es un absoluto inaprensible, que, igualmente, los personajes no pueden evitar. ¿Por qué están ahí? ¿Por qué Tinker se ensaña tanto con ellos? ¿Por qué el sentir es motivo de tortura o muerte? Vueltas de la vida, el propio Tinker queda “infectado”.

La dislocación espacio-temporal aparece en el hecho de que días y noches se vuelven, en cierta manera, intercambiables. El espacio se anuncia en los subtítulos, pero siempre se parece, es igual a sí mismo. Se compartimenta por detalles, por paredes que se ubican y se corren, como un sueño líquido y bizarro.

El texto, en Kane, siempre es el lugar más complicado. En cada representación da (me da, en primera persona), la sensación de que es más algo para ser leído que dicho. Las palabras utilizadas, su estructura, son más literarias que teatrales. Quizás sea por eso que, para una obra de Kane, termino imaginando algo así como una película muda, porque el texto dicho pierde algo – de su mística, de su locura, de su ¿misterio? -. Los personajes acá se mueven, independientemente de lo que dicen, distanciados (de sus cuerpos y voces). Las acciones, los diálogos, responden – es una lectura posible – a algo que no está ahí. Sus identidades se pierden en una forma del texto que, como en otras representaciones, bien podría ser el de un solo y mismo personaje escindido en varias personalidades.

Para cuando la obra termina, las sensaciones son encontradas (las de quien escribe), pero, por otro lado, queda (me) la duda sobre los personajes. ¿Les es tan terrible amar? Al margen de los castigos de Tinker, son ellos mismos los que quedan atrapados, encerrados, en el campo de concentración de sentimientos que los consumen o los traicionan; se quedan mudos, descuartizados, cuando no simplemente mueren. Y, al mismo tiempo, no pueden dejar de volver… ¿Será eso lo que atrae de Kane?, ¿el hecho de que, en una época donde da miedo sentir y comprometerse, sus personajes se consumen en sentimientos que los destruyen, en una incapacidad patológica de separar la posibilidad de sentir del, esencialmente, morir?

www.imaginacionatrapada.com.ar
11/03/2008

 
   

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