Artes Escénicas / Teatro - Crítica

Crónicas de un Comediante - Manuel Santos Iturrieta

"Crónicas de un Comediante": Nadar contra al corriente

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Texto y Dirección: Manuel Santos Iñurrieta Intérprete: Manuel Santos Iñurrieta Música original: Ignacio Santos Fotografía: Jorge Tesone, Gastón Vera Diseño gráfico: Jorge Santos Asistencia técnica: Carolina Guevara Asistencia de dirección: Julieta Grinspan, Marcos Peruyero Prensa: Debora Lachter. Centro cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, Teléfonos: 5077-8077 Web: http://www.centrocultural.coop Entrada: $ 20,00 - Funciones: Sábado - 21:00 hs

Asociación Libre:

--- “La Comedia Mecánica”: Mackie ha vuelto, o nunca se fue - por Diego Braude

“Antes de hablar, tengo algo importante que decir”
Groucho Marx

Detrás de la pantalla, el Comediante (un sencillo monstruo mutante que se ha tragado a Pepe Biondi, Olmedo, Marrone, Tato Bores, Chaplin y varios otros más). ¿Qué pantalla? Una que está delante de la platea, que podría ser la tele o el cine, que también es lo que separa el espacio de la ficción teatral de aquella otra, la de los espectadores. ¿Qué Comediante? Todos y ninguno, y habla por ellos.

“El humor es la razón que se ha vuelto loca”, Groucho

Un Comediante se presenta y presenta la historia de la humanidad. Un Comediante habla por teléfono, un teléfono que apela al que otro Comediante usó en otro momento, pero no importa. Y, cada tanto, camina como otro Comediante y habla como otro Comediante. Si los conocen, bien, mejor. Si no, no importa. Son voces que hablan a través del médium, que son como un popurrí que adquiere un color propio detrás de la pantalla. Está ahí para divertir, pero también para decir, aunque siempre amenace con irse y no volver. Advierte que habrá de partir a ver el mundo y no retornar…

Cada tanto, el Comediante conferencia y narra la historia de los monos, los mismos que ahora pierden el pelo todos los días con la bipolaridad de las bolsas – los mismos que supieron tener la responsabilidad de apretar o no un botoncito que haría saltar a todos los otros monitos por el aire en otra época que tenía un nombre tan simpático como comida para calentar en el microondas -.

“¿Por qué debería importarme la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mi?”, Groucho

Como mantra, el Comediante cada tanto repite la fórmula de la felicidad, una de plástico, empaquetada, que parece tan sencilla como comprar pasta dentífrica. La dice, la pone ahí, la mira, pero no la elige. Por eso, al final de cada soliloquio y principio del siguiente, como marca, como puntuación, recuerda, reitera, que en cualquier momento se va a ver el mundo y no vuelve más.

Y en eso, se reactiva, salta de un lugar a otro del espacio, resurge de sus propias cenizas, entretiene, mantiene la mueca, la voz, la parafernalia que es su propia representación; el show debe continuar.

Reír como una forma de entender el mundo. Ya lo decía el anciano Gheorghe de “El Nombre de la Rosa”, de Humberto Eco: la risa hace perder el miedo, remueve la solemnidad, provoca la pérdida de respeto (en el buen sentido, pero no para él). No es la risa irónica de la posmodernidad, que apunta a que nada significa demasiado. Es, quizás, aceptar el muchas veces terrible y pesadillesco absurdo que es el mundo para poder tolerarlo y cambiarlo. Después de todo, en algunos campos de concentración contaban chistes a la noche; ¿cómo? ¿para qué? ¿cómo podían? La razón era simple: la risa les devolvía su humanidad.

“Yo, no los eventos, tengo el poder de hacerme feliz o infeliz hoy. Puedo elegir cuál será. Ayer está muerto, mañana todavía no ha arribado aun. Tengo sólo un día, hoy, y voy a ser feliz en él”, Groucho.

Y, al final del día, cuando el mantra se agota, los monos se siguen azotando hasta el ridículo, el teléfono sigue sonando y las ganas de seguir intentando parecen abandonar, el Comediante advierte nuevamente que habrá de partir para nunca más volver. No hay razón para quedarse… ¿o sí?

¿Por qué puede valer la pena seguir construyendo mundos posibles? ¿Por qué seguir haciendo reír? ¿Por qué no cruzar la puerta que sale de la sala? ¿Por qué mantener una inocencia que permite soñar a pesar de que todo indica lo contrario? El Comediante propone una respuesta, ustedes propongan la suya…

¿Que la última frase es una bajada de línea? Pues sí, un poquito lo es…

www.imaginacionatrapada.com.ar
17
/10/2008

 
   

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