Danza-Teatro

"Debajo del cielo": Cuerpos que crean

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Dirección: Máximo Salas. Intérpretes: Rhea Volij y Pablo Medina Música original: Carlé Costa Escenografía: Rodolfo Bellusci Vestuario: Líbera Woszezenczuk Iluminación: Oscar Salorio Asistente de Dirección: Valeria Podlischevsky Prensa: Marina Belinco

Finalizó funciones en 2005 -- Espacio Callejón / Humahuaca 3759

Primero que nada, al margen de lo que escriba a continuación, para “acceder” a “Debajo del cielo”, hay que poder durante lo que dura la obra, poder desprenderse del elemento racional analítico que buscará darle sentido a lo que esté viendo para reemplazarlo por una capacidad de hacer cuerpo lo que esté ocurriendo en escena. “Debajo del cielo” no es una propuesta compleja para el espectador conceptualmente, pero sí implica un mecanismo complejo para lo que se está acostumbrado, que es que no “piense” la obra, sino que la “viva”.

La gacetilla habla de una bailarina de danza butoh, un bailarín de contact improvisatio, y un director de teatro. Revolver a gusto y bueno, veamos qué sale... Rhea Volij, Pablo Medina y Máximo Salas son los mencionados.

Dos cuerpos se encuentran en medio del paisaje desolador de la gran ciudad. Allí donde imperan el hambre, la violencia y la marginación, dos vagabundos se cruzan por azar y emprenden un mismo camino. Este es el argumento. En ese camino de reconocimiento los acompañamos los espectadores, nada más.

Una puesta de luces que constantemente oscilará entre la semioscuridad y la iluminación suave, colores cálidos matizados para el día, un azul sugerido para la noche. En el medio, estos dos despojados...

Ella es el cuerpo del butoh (sin ser danza butoh). La energía que la hace avanzar proviene de su centro, brazos y piernas al servicio de ese impulso que nace del pecho. Cuerpo transformable, se humaniza y deshumaniza, se crea, destuye, y vuelve a crear. Es el universo que la vagabunda inventa para sí. Es duro, es suave, trágico y tierno.

Él es el cuerpo del contact, el que recibe y reacciona, el que es impulsado y devuelve el impulso modificado. Es ciego, su universo existe a partir de lo que percibe en el resto de su cuerpo, no a partir de lo que ve.

No hay diálogo verbal, sino a través del tacto, del movimiento, de la imaginación que crea espacios y formas a partir de la nada. La iluminación expresiva trata de no invadir, de no imponerse, de no hacer obvio el espacio ficcional, suaviza las formas.

“Debajo del cielo” es eso, nada más (ni nada menos). Si uno acepta el juego, si conecta con la obra, es como asistir a un sueño como brisa, a un mundo propio de lo que está ahí, a una suspensión del tiempo (los relojes dejan de funcionar un rato, no hay bocinas, no hay choques entre cuerpos anónimos). Si pasa todo eso uno asiste a una pequeña, sencilla, simple, sutil, profunda, vivencia...

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1/07/2005

 
   

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