Artes Escénicas /
Teatro - Crítica

“De mal en peor”: Florencio
Sánchez revisitado a través de la mirada de Bartis
Lix rlix@fibertel.com.ar
Dramaturgia y dirección:
Ricardo Bartís Actuan: Alberto Ajaka,
Matias Bringeri, Claudia Cantero, Carlos Defeo, Flora Gró,
Luciana Ladisa, Federico Martínez, Andrea Nussembaum, Cecilia
Peluffo, Marta Pomponio, Agustín Ritano Vestuario:
Magdalena Banach Diseño de espacio: Ricardo
Bartís Música: Carmen Baliero Asistencia
de dirección: Martin Otero, Lorena Regueiro Prensa:
Guillermo Pintos Producción: Lorena Regueiro.
Finalizó funciones 2005 --
SPORTIVO TEATRAL, Thames 1426
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina Teléfono:
4833-3585 Web: http://www.sportivoteatral.com.ar
Finalizó funciones 2006 -- SPORTIVO
TEATRAL, Thames 1426 Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfono: 4833-3585 Web:
http://www.sportivoteatral.com.ar
Finalizó funciones 2007 -- SPORTIVO
TEATRAL, Thames 1426 Capital Federal - Buenos Aires - Argentina Teléfono: 4833-3585 Web: http://www.sportivoteatral.com.ar
Una casa que muestra un pasado opulento,
de bien estar, pero venido a menos, la fortuna se desvaneció,
las dos familias que habitan la casa no lograron sostener su posición.
Una burguesía en decadencia, decante en sí misma,
que se aferra a la posibilidad de salir adelante, lo cual no tiene
que ver con sus propias características sino con la posibilidad
de utilizar las de los demás. La mayoría de los
miembros de esta familia intentaran aferrarse y aprovecharse de
las capacidades de los otros, porque están incapacitados
de producir por ellos mismos.
“De mal en peor”, marca un cierto camino recorrido,
que no tiene que ver con la rectitud del pasaje, sino con una
modificación temporal que lleva a una alteración
de una situación, de un estado; aquel en que se encuentra
la familia como institución social. Todo camino tiene un
punto de partida, un inicio, aquí aparentemente sería
eso que estaba “mal”. De (desde) aquello que estaba
“mal” ahora (en) esto que está “peor”,
modificación temporal que habita en el ser (lugar). Es
en el ser social donde esto se hace visible. Estableciendo el
“mal” como presente narrativo, lo “peor”
estaría lanzado hacia el fututo, aquello que consideramos
que vendrá.
Al mismo tiempo “peor” marcaría
una suerte de retroceso, aquello que debería haber avanzado
entendiéndolo como una mejoría, junto al progreso
temporal, para dejar de ser ese “mal” (marcado, acentuado).
Pero cuando el futuro se hace presente, ese mal devino “peor”,
por lo tanto aquel pasado fue mejor.
Ese pasado ya no está y al mismo
tiempo estaba “mal”. Solo nos queda recordarlo, rememorarlo;
¡que ahogo! Es entonces cuando vamos más atrás
en el tiempo, en busca de un pasado del pasado que no esté
“mal” sino que esté “bien”, como
punto de partida. Tiempo ausente en el título de la obra,
para llegar al “mal” como tiempo presente que tiene
en ella un signo futuro que estaría peor.
Signo visible en la puesta a través
de diferentes recursos, como el espejo que uno de los personajes
pone frente al público y nos obliga a mirarnos. Aquí
produce un doble juego, ese presente narrativo tiene una relación
directa con nuestro presente real que en la obra sería
un futuro, y nuestro presente “mal” seguirá
el camino a lo “peor”, mientras sigamos desenterrando
un pasado mejor. La obra no escatima en signos que establecen
ese presente/pasado narrativo como espejo de este futuro/presente
real, familia endeudada, Argentina endeudada (hacia adentro y
hacia afuera).
Desde el comienzo se realiza este juego
de tiempos; entramos al museo desde nuestro presente, a un presente
de la representación que evoca un doble pasado, de la representación
que es nuestro. Bartis utilizó referentes reales en la
creación de la historia; Mary Helen Hutton una de las mujeres
norteamericanas traídas por Sarmiento para educar.
Entramos a un pasado a través de
otro (ausente, borrado, enterrado) que está siendo reivindicado
ese momento innombrable que suponemos fue lo que estaba bien,
pues es lo que trae la salvación de la familia (todos buscan
los títulos de indemnización que el estado le otorgó
a Mary Helen Hutton por haber sido raptada por los indios en medio
de su labor). Esto mueve a los personajes, esos papeles como huella
de un pasado mejor, que llevados al presente lo mejorarían.
El trabajo espacial acentúa este juego temporal, la casa
es construida como una casa chorizo, ingresamos a la “sala”
por el museo, museo dentro de la representación pero fuera,
museo como espacio de intercambio. ¿Museo de qué
familia? Caminamos hacia el momento de la representación
como presente, lo atravesamos y nos situamos en las gradas como
fututo/presente actual que observa, pero qué está
tanto en las gradas como en la puesta.
Esta dialéctica también juega
en la elección de trabajar homenajeando a Florencio Sanchez,
uno de los principales fundadores de nuestro teatro, y del sainete
costumbrista. Trabaja sobre un cierto desagrado del presente,
y sobre el condicionamiento que el ambiente genera a las personas,
maneja el antagonismo entre padres e hijos, entre el afuera y
el adentro, el campo y la ciudad. Elementos que utiliza Bartis,
evocando un pasado, no como mejor, sino como ampliación
del presente, como memoria, para poder producir un futuro, en
busca de un punto de inflexión.
En la obra son los jóvenes quienes
desean marcar la diferencia, es Inés, la hermosa hija,
la que toca el piano, la que va a la biblioteca socialista en
busca de una respuesta que no encuentra en su familia, quien debe
venderse para salvar esa familia en decadencia. ¿Tendremos
que hacer lo mismo, o tendremos otra salida, otro espacio de acción?
¿seguiremos vendiéndonos para seguir pagando una
deuda (interna y externa) que crece constantemente, como le sucede
a esas familias?
Las obras de Florencio Sánchez no
encontraban la síntesis positiva hacia el futuro, y sus
personajes, como el Zoilo de “Barranca Abajo” encontraba
ese presente y potencial futuro como un oscuro callejón
sin salida en su necesidad compulsiva de mirar hacia atrás
y su incapacidad de hacerlo hacia delante. Ahora, quizás
la obra nos obliga a hacernos una pregunta igualmente básica,
sobre la intrínseca identidad, sobre los deseos que conforman
esa mirada, que son los que deben modificarse para permitir la
aparición de nuevos ojos.