Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“El Avaro”: De clásicos...
por Jimena
C. Trombetta jimenacecilia83@hotmail.com
Autoría: Molière Adaptación, Dirección y Puesta en Escena: Martín Barreiro Intérpretes: Martín Barreiro, Gabriela Caponetto, Bruno Chmelik, Lilia Cruz, Mimi Ferraro, Adrián Sett, Diego Verni. Teatro el Convento, Reconquista 269, Teléfonos: 4264-1101 Web: http://www.teatroelconvento.com.ar Entrada: $ 20,00 - Funciones: Viernes - 21:00 hs - Hasta el 19/12/2008
La Compañía Teatro Argentino de Cámara con once años de trayectoria, se encuentra en este momento desarrollando obras como: “El avaro”, de Moliere (viernes 21 horas), “El inspector General”, de Nicolás Gogol (sábados 20:30 horas) y “Macbeth”, de William Shakespeare (Sábados 23 horas) en el edificio del Convento Grande de San Ramón Nonato de Buenos Aires (Reconquista 269). En la puesta de “El avaro”, que dirige Martín Barreiro e interpreta junto a la Compañía, se propone releer este clásico para hacer hincapié en la antigua fe que domina el mundo: el dinero.
La pregunta que surge al ver un clásico es si su relectura “debe” ser o no fiel al texto dramático, y si son válidas, o no, las propuestas que remiten, de un modo más o menos directo, a nuestra época. Desde nuestro punto de vista, una puesta que ofrece elementos de la actualidad para exponer una mirada preestablecida separándose del texto o una puesta que busca que la relectura sea elaborada desde la mecionada fidelidad, son igualmente válidas. Ninguna es más audaz que la otra; simplemente, son dos puestas distintas, ambas claramente respetables.
En este caso la elección tiende a seguir el texto y a exacerbar no sólo los mensajes de aquel, sino a destacar los modos de actuación de la época. Sin necesidad de usar máscaras, ya que el caracterizado maquillaje las suplanta, se marcan cada uno de los gestos y los movimientos de manera histriónica potenciando el humor hilarante propio de la obra. De este modo, cada uno de los personajes destaca su personalidad, incluso desde el vestuario.
Por ejemplo, Harpagón, encarnando la avaricia, muestra al espectador su obsesión por el dinero, tanto desde sus parlamentos como desde su expresión en el rostro y en el cuerpo, que condice con el maquillaje y el vestuario. Lo mismo ocurre con el resto de los personajes. Otro notable ejemplo es Cléante, quien representa su aristocracia y delicadeza –expresamente caricaturesca- desde la ostentación de su vestimenta. En este caso, creemos que la elección apunta, aún más, a ridiculizar la figura y la época, sobre todo si tenemos en cuenta las múltiples funciones que posee su peluca: si primero pretende generar una referencia hacia el status, luego se transforma explícitamente en objeto de burla.
Otro tipo de mutación que tiene presencia en escena, son los distintos ropajes que emplea el único criado de la casa: La Fleché, que similar a las distintas representaciones que pueden llevar a cabo los actores, muta sus roles cambiando cómicamente su vestuario en escena. Quizás esas mutaciones intenten destacar los tratos que tienen con el criado y la explotación que ejercen sobre él de diversas maneras (algunas más escatológicas que otras). Sin embargo, en Moliere son los criados los que saben y resuelven.
Si Moliere astutamente se reía de la corte en la corte misma, al darle el poder a quienes no poseían nada, hoy quien decide poner la puesta en un convento, también decide reírse junto al autor, del clásico que domina el mundo: el dinero.
Cita extraída del programa de mano
www.imaginacionatrapada.com.ar
7/11/2008