Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

"El desafore o fragmentos de un desencruento": La oscura realidad en la clara fotografía
por Jimena
C. Trombetta jimenacecilia83@hotmail.com
Dirección y Dramaturgia: Nora Goldberg Intérpretes: Mónica Alba, Daniela Casalla Vestuario: Cecilia Senno Escenografía: Alejandro Szklar Diseño de luces: Víctor Carreira Música original: Norberto Moreno Diseño gráfico: Daniela Casalla Asistencia de dirección: Paula Ligüero Prensa: Castillo Arango
“El desafore o fragmentos de un desencruento”, de Nora Goldberg. Un desencuentro “cruento”, una historia inconclusa con frases inacabadas, personajes que no terminan de conformarse por la carencia de identidad robada. Dos personajes con una disfunción temporal y espacial que no logran confluir; y es entonces cuando la diversidad de los objetos elegidos para la escenografía cobran sentido, porque reflejan los restos de una infancia cortada, ya muerta, donde la desesperanza de ambos es el único factor común.
El mismo factor que une tres dispositivos tan distintos como lo son el cine, la fotografía y el teatro. Tras una tela blanca que funciona como pantalla cinematográfica, vemos a la mujer de la sombrilla y a la mujer del canasto. Con una luz muy tenue surgen sus sombras, mientras se presentan los créditos de la obra y, entonces, el cine se enciende, juntando las figuras presenciales en parte de su naturaleza monstruosa. Pero la monstruosidad se fijará mediante las secuencias de fotos, que las convierten en personajes-testimonio. Personajes que son fragmentos, partes de una historia claramente teatral —por lo efímero— que se esfuerza en no desaparecer, que prefiere, por lo menos, inmortalizarse en la fotografía para, algún día, resurgir en la memoria.
Cuando desmenuzamos el cuento con inicio, nudo y desenlace, entendemos que la obra y sus fragmentos nos hablan y nos despiertan del olvido. Entonces, allí, cada uno de los objetos dispuestos en el espacio adquiere sentido lentamente. Los brazos de muñecas, el paraguas roto, la palangana, el canasto, las sillitas de juguete simbolizan el desgarro, lo roto, la tortura, lo escondido y lo perdido. Es probable que sólo tratando de entender lo insinuado se comprenda que la fragmentación de los diálogos no es caprichosa. Sólo dándonos cuenta del contexto histórico, al cual la autora quiere referirse, entendemos la multiplicidad de objetos con una aparente desconexión entre sí.
Por último, queremos retomar la utilización que “El desafore” le da a la fotografía: mediante el recitado de las actrices explicando cada una de las diapositivas, aclaramos pedazos de realidad, de los personajes que encarnan y de las múltiples referencias históricas. Ahora ¿por qué aún debemos narrar la historia con fragmentos? ¿Por qué aún esos fragmentos siguen siendo más impresionantes que la totalidad? Las fotos nos siguen hablando, quizás algún día, finalmente, podamos articular palabras.
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/9/2008