Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“El Fruto”: Esas mujeres
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría:
Patricia Suarez Dirección: Corina Fiorillo
Intérpretes: Raquel Albeniz, Stella Brandolín,
María Marta Forni, Anabella Valencia Vestuario:
Solange Krasinsky Escenografía: Solange
Krasinsky Diseño de luces: Carlos Ianni
Fotografía: Soledad Ianni Diseño
gráfico: Agustín Calviño Asistencia
general: Marcelo Albarracin. Este espectáculo forma
parte del evento: Por la nueva sede del CELCIT. La Manufactura Papelera, Bolivar 1582, Teléfonos: 4307-9167 Web: http://www.manufacturapapelera.com.ar Funciones: Sábados - 23:00 hs - Hasta el 13/12/2008
Finalizó Funciones 2007 -- Teatro del Artefacto,
Sarandi 760,
Teléfono: 4308-3353
Un hombre. Dos hombres. Los hombres. Presentes.
Ausentes. En escena.
Un espacio. Dos espacios. Los espacios.
Una mujer. Dos mujeres. Las mujeres. Jóvenes,
con la historia hacia delante. Ya entradas en años, con la
historia en forma de pasado.
Un relato. Varios. El mismo. Distinto.
Dos amigas. Un secreto compartido. Sospechas
de una hacia la otra, alimentadas por el deseo por un mismo varón.
Que la otra se lo robó, que ahora está embarazada.
Que lo quiero. Que lo quiere. Que no te conviene. Que ella es una
fácil.
Sueños. De amor. De éxito. De
ser otra.
Las jóvenes, con cuerpos distintos.
Una blanca y larga, quiere ser cantante, irse a la ciudad. La otra,
morocha, más pequeña, está con su madre, la
costurera del pueblo, pero también la que se ocupa de los
abortos, la que “ayuda”. Está sola, salvo por
su hija y su hermana, que periódicamente la visita. La hermana
es más alta, rubia, posee una sexualidad que Petrona niega
para sí misma y para su hija. En su deseo de protegerse y
protegerla del dolor que provoca el abandono de los hombres, se
ha inmolado a ella misma; sólo existe para trabajar, cocinar
y educar a su manera a su hija. Es que la sangre de las otras mujeres
es metonímicamente otra sangre ligada a su propio pasado,
un pasado que la liga a Felisa no sólo como hermana. Rita
y Bertina reproducen en el presente de forma similar esa historia,
pero así como son de parecidas son de distintas. Pero la
sangre es también lo que parece unir a todas estas mujeres,
como un hilo que las reune más allá de sus diferencias.
Como el barquero le explica a Siddharta en
el libro de Hesse, por más que Petrona insista, no puede
evitar que su hija viva. Vivir es energía, es el impulso
para volar, pero también aquel del porrazo contra el piso.
Para estas mujeres, más aun en un mundo donde manda lo masculino.
Y el conflicto central de “El Fruto” no es si Bertina
está embarazada de aquel o aquel hombre, si traicionó
a Rita o si esta se quedará con su enamorado. Ni siquiera
es sobre el camino transitado por Petrona y Felisa.
El tiempo del relato de “El Fruto”
es el de la retención. Es como el elástico de una
gomera, que se tensa. Como todo elástico, busca que se lo
suelte.
Momentos que se suman a momentos. Cuadros
sobre cuadros. Algunos pequeños, otros más “grandes”.
Instancias atravesadas por códigos, donde las palabras dicen
tanto como ocultan y los silencios expresan tanto como callan.
Petrona y Felisa, dos caras de la misma moneda.
Resistir. Vivir. Pero Petrona permanece en la supervivencia. Dos
maneras de mirar el mismo mundo. Felisa camina erguida y segura,
Petrona encogida y encorvada (como protegiéndose permanentemente
de algún golpe por venir) - aunque cada tanto levanta desafiante
la cabeza, porque a ella nadie le quiebra la espalda -. Eventualmente,
de todas maneras, el elástico de la gomera se suelta…
Un llanto suave. Y entonces, silencio, segundos
que pasan, el momento, y dos cuerpos se encuentran, la caricia finalmente
llega, el entendimiento sin la necesidad de palabras que lo explican,
la resistencia toma la forma de “la vida sigue, uno se levanta”.
www.imaginacionatrapada.com.ar
31/8/2007
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