Teatro

“El Evangelio según Darío
Fo”: El juglar de la risa sin miedo
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Inspirado en el “Misterio Buffo”
de Darío Fo. Versión, canciones y dirección
general: Claudio Nadie. Elenco: Antonio
Ugo, Luis Campos, Cutuli, David Di Nápoli. Músico
en escena, composición: Anibal Zorrilla. Percusión
y armónica: Cutuli Diseño de luces:
Jorge Merzari. Máscaras y vestuario: Alejandro
Mateo Asistencia artística: IBAI Prensa:
Guillermo Pintos.
En un reverso de la Historia Grande, Darío
Fó ubica al juglar en el centro, como la historia contada
desde el otro lado. La boca del juglar es la del que acusa al amo,
la de la resistencia a través de la ironía, el sarcasmo,
el humor guarro y la lengua filosa. El juglar ríe y hace
reir, porque, entre otras cosas positivas, la risa diluye el miedo.
Como lo dijera Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa”,
a través del anciano Gheorge, la risa es entonces peligrosa.
Como es peligrosa, no es de extrañar que los juglares fueran
prohibidos y perseguidos. La intolerancia, el pánico al pensamiento
distinto y una tendencia a tenerle alergia al disenso como forma
de consenso es probablemente uno de los temas de la historia humana
de, cuando menos, los últimos dos mil años.
Darío Fo, en su “Misterio Bufo”
, organiza una serie de textos que el menciona como recuperados
de juglerías originales, como forma de narrar su propio “evangelio”,
en el cual, a través de una visión ácida, mordaz,
observa y critica la historia de la institución eclesiástica
y su ligazón al poder terrenal. Los protagonistas son, salvo
en algún caso, los dejados afuera de los roles principales
de las narraciones conocidas (el loco, los lisiados, el pueblo).
La subversión del punto de vista es el arma del juglar…
En una versión levemente matizada,
Claudio Nadie dirige “El Evangelio según Darío
Fo”, con un elenco conformado por Cutuli, Antonio Ugo, Luis
Campos y David Di Nápoli. En la adaptación de Nadie,
los actores/juglares trabajan por momentos como hombres orquesta
(como en la propuesta original de Fo) y por momentos combinándose
entre ellos y con Anibal Zorrilla, encargado de la música
del espectáculo.
Las farsas de los juglares hacen hincapié
en la hipocresía, en la situación aparentemente inmodificable
del sometido (el recorrido histórico que hace Fo atraviesa
los discursos construidos que justifican las posiciones sociales
concernientes a cada sector). Apelando a la carcajada, remueven
lo aparentemente sacro (tanto a nivel estructura como a nivel discurso),
permitiendo otro tipo de mirada.
En “El Nacimiento del Juglar”,
uno de los primeros cuadros, es el propio Jesús quien da
a un campesino, que lo ha perdido todo a manos de un amo, el don
de la palabra, el de ser un juglar. Así como posteriormente
utilizara esa figura Shakespeare en “Hamlet”, el actor,
el juglar, es el que a partir de la farsa se permite decir y aguijonear.
Asimismo, posteriormente aparecerá
la figura del Loco, como alter ego ficcional del propio juglar.
Porque son también los locos los que pueden decir lo que
ven sin que se los termine de tomar en serio, y quienes pueden tomarse
licencias amparándose en que, por supuesto, están
locos y por eso dicen o hacen lo que hacen o dicen. Lo que, simultáneamente,
habla de la habilidad del discurso original de transformar en loco
o marginal a aquel que dice lo que no se debe.
De todos modos, la versión de Nadie
baja un poco los decibeles en comparación con la de Fo, dejándola
en un límite más fino (la obra de Fo es, por momentos,
decididamente panfletaria, en concordancia con algunos de los lineamientos
originales del teatro brechtiano, del cual Fo es un admitido seguidor),
pero no por eso menos efectiva.
El despliegue físico de los actores
los muestra como clowns poéticos… mezclan la risa con
una mirada melancólica… el ritmo frenético encuentra
su balance en pequeños pero significativos silencios (sobre
todo hacia el final). No son pausas inocentes…
La obra de Nadie no pretende ser incendiaria
ni burlarse del creyente, pero tampoco se ampara en ser “políticamente
correcta” a la hora de remover las máscaras de la hipocresía
y la falsedad. Lógicamente, en este sentido, “El Evangelio
según Darío Fo” es una obra “molesta”.
Desde su traje carente de brillos, el juglar ríe entre la
tragedia y la sátira, extremos que mezclados nos permiten
reír de lo intocable…
Recursos web:
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1714
http://www.dariofo.it/
- Sitio Oficial
http://es.wikipedia.org/wiki/Juglar
- Historia del juglar
www.imaginacionatrapada.com.ar
17/2/2006 |